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Deodoro Roca: redactor del Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria de 1918

imagen indicando seccion 119.06.2012 | Reportaje al Dr. Horacio Sanguinetti

“Sin escribir un solo libro Deodoro Roca está a la altura de los más grandes escritores de nuestro país”

Se cumplen 94 años de la Reforma de 1918, un hecho sumamente trascendental en la historia educativa de nuestro país y de nuestra región. Reforma que marcó el inicio de una nueva concepción de universidad.


Se cumplen 94 años de la Reforma de 1918, un hecho sumamente trascendental en la historia educativa de nuestro país y de nuestra región. Reforma que marcó el inicio de una nueva concepción de universidad.
Este 21 de junio también se cumplen 94 años de la aparición de uno de los textos políticos más importantes de nuestra historia. Se trata del Manifiesto Liminar, escrito por Deodoro Roca. Para conocer a este singular personaje entrevistamos al Dr. Horacio Sanguinetti, ex Rector del Colegio Nacional de Buenos Aires y actual titular de la Academia Nacional de Educación.


Por Leandro Querido
Politólogo, UBA
Radio UBA


Leandro Querido: ¿Qué debemos entender por Reforma del ‘18?

Horacio Sanguinetti: Es un movimiento de gran originalidad que pegó en el plexo de los problemas que toda la universidad latinoamericana tenía.
El modo en que la reforma se propagó por América, desde una de las tres universidades nacionales de nuestro país, era una necesidad universal de todos lo países de la región.

LQ: Sus protagonistas eran concientes del paso que estaban dando, por eso se dirigieron a todo el continente en el célebre Manifiesto Liminar.

HS: Decían “Estamos pisando una revolución, estamos viviendo una hora americana”. Tenían plena conciencia y así fue. Hubo muchos protagonistas, grandes figuras en Córdoba, en Buenos Aires, La Plata, Santa Fe, en Perú, México pero hay una figura a la que debemos honrar especialmente que es la de Deodoro Roca, del que este 7 de junio se han cumplido 70 años de su muerte.

LQ: ¿Usted escribió sobre Deodoro Roca?

HS: Escribí sobre él y además rescaté una enorme cantidad de escritos de él. Yo digo una cosa sorprendente: está en el nivel de los más grandes escritores argentinos del siglo.

LQ: ¿Sin haber escrito un solo libro?

HS: Ninguno, es así, porque era un vago. Era un causeur, un conversador. Un poco al estilo Sócrates; Sócrates tampoco escribía nada, pero hablaba y eso era maravilloso. Roca escribía cosas fragmentarias, conferencias. Lo más largo que hizo fueron dos o tres conferencias sobre literatura y política española; por ejemplo, escribió sobre Rafael Alberdi y Lope de Vega; tuvo un periódico y una revista de breve vida, Flecha 16 números, Las Comunas 4 números, pero eran muy densos los trabajos suyos. Después hemos rescatado sus escritos jurídicos, sus cartas. Su estilo se ve maravillosamente en todo, él escribía una carta así, a vuela pluma, se sentaba, sacaba la lapicera mojaba la tinta y escribía una carta que no corregía, que no estaba destinada a publicación y sin embargo, tenía un vuelo literario impresionante.

LQ: Escribió el Manifiesto Liminar, no es poco. A mi entender uno de los escritos políticos más importantes de la historia política de nuestro país.

HS: Mire, el género manifiesto se estudia en literatura. Yo a veces les pregunto a mis alumnos qué manifiesto estudian, me responden que el de Sandino. Bueno, ese es muy importante, les digo, pero que el Deodoro Roca es insuperable. Como escritor político, desde Sarmiento, no ha habido otro de semejante fogosidad, con tanta fuerza expresiva.

LQ: ¿Deodoro Roca participó en algún partido político?

HS: El actuó muy poco, unos seis años en el Partido Socialista; después coqueteó con el Partido Socialista Obrero. Pero todo esto lo hizo después del Golpe del 30. Con el golpe muchos reformistas creyeron que era una obligación actuar en partidos políticos para hacer una carrera política, una lucha. Y hubo por lo menos una docena de reformistas de gran importancia, como por ejemplo Alejandro Korn, Sánchez Viamonte, Mario Sáenz, Julio V. González que se inscribieron en varios partidos desde el radicalismo hasta la democracia progresista, al socialismo. Algunos se fueron al comunismo dado que mucha gente lo miraba con simpatía, como la única alternativa al fascismo que estaba dominando en el mundo. Le estoy hablando de los años ‘30.
Pero Roca no se aguantó, era un francotirador, era un hombre libre, no aguantó la cátedra tampoco, allí estuvo dos años. Ocupó el cargo de Director de Museo Histórico de Córdoba pero duró muy poco y luego no ocupó más cargos públicos. Siempre tenía posturas disidentes. Era un hombre libre, espontáneo que no se adaptaba a las disciplinas de los partidos políticos.
Roca dice en un breve escrito, por cierto muy estremecedor, que se titula Autobiografía  “no he intervenido en la vida de mi país desde la estrechez de partidos políticos pero he hecho al margen de ellos y desinteresadamente una intensa y riesgosa vida pública, la haré hasta que muera porque me interesa hasta la pasión el destino de la patria y el destino del hombre”.

LQ: Gabriel del Mazo fue uno de los que más desarrolló el concepto de la soberanía del estudiante.

HS: Si, claro. Él fue un gran archivero y propagandista, un gran difusor de la Reforma. Después cayó un poco en crisis porque al ser Ministro de Frondizi tuvo una postura a favor de la escuelas privadas en el marco de la discusión Laica o Libre. Pero yo lo rescato porque él nos brindó mucho, sobre todo en sus libros y hay que destacar que fue un hombre inicial en este proceso de la Reforma del ‘18.

LQ: A 94 años de la Reforma de 1918 ¿cómo estamos en materia Universitaria en la región, no solo en nuestro país?

HS: Bueno, la Reforma hizo una cosa muy importante, los estudiantes atacaron ferozmente a la Universidad medieval que existía en ese momento. Pero además se reunieron en un Congreso y establecieron un programa de acción, no como otros movimientos contestatarios que fueron únicamente críticos, como el caso de Paris en el ‘68. Los reformistas plantearon un programa que está vigente todavía, muchas cosas son todavía aspiraciones, otras son aceptadas por el todo el mundo como el cogobierno.
Yo diría que en general no escapa a la crisis de la educación en Argentina, no es lo peor. Creo que lo peor era la educación media porque la educación inicial, la primaria más o menos safa con aprender a leer y escribir, a sumar o a restar o saber quien es Belgrano o San Martín o dónde queda la República Argentina.
Con relación a la Universidad de Buenos Aires, es una universidad llena de problemas y merecedora de muchas críticas pero es monumental. El otro día me encontraba con algunos profesores, como García Lupo, que hacía mucho que no venían al país y estaban asombrados de la Facultad de Derecho. En primer lugar, de la conservación patrimonial de la Facultad, que estaba deslumbrante, y en segundo lugar por el movimiento que se advertía en la carteleras, las charlas, los boletines, las revistas que se realizan, en fin, una gran creación que está llevando a cabo la Universidad de Buenos Aires.
En la Universidad todavía se encuentra a maestros que a uno le cambian la vida.
Esto lo veo en el Colegio Nacional de Buenos Aires y en la Facultad de Derecho que son ejemplares. Yo defiendo esto porque me parece que hay una campaña interesada en contra de la universidades públicas y sobre todo en contra de la Universidad de Buenos Aires.

LQ: Sin embargo, en Chile los estudiantes admiran a la Universidad de Buenos Aires, en el marco de un momento de quiebre cultural, social y político que hace eje en el conflicto educativo.

HS: Los chilenos tienen una universidad que tiene algunas cosas muy serias pero realmente es una universidad carísima, muy elitista y cerrada. Nosotros tenemos la gratuidad, que por otra parte esta ahora consagrada en la Constitución. Es un principio muy antiguo que le diré que no es un principio unánime de la Reforma del ‘18. En el Congreso que le nombré al principio, Gabriel del Mazo y algunos otros propusieron el tema de la gratuidad pero no lo pudieron aprobar.

 

Deodoro Roca.

Deodoro Roca nació en Córdoba el 2 de julio de 1890, fue un abogado, dirigente universitario reformista, periodista y activista por los derechos humanos. Es especialmente conocido por haber sido el redactor del Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria de 1918 y ser uno de los más destacados líderes de ese movimiento.
A comienzos de la década de 1910 fue presidente del Centro de Estudiante de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba.
En 1925 fundó la filial Córdoba de la Unión Latinoamericana. Fue fundador también del Comité Pro Presos y Exiliados de América, del Comité Pro Paz y Libertad de América, de la filial cordobesa de la Sociedad Argentina de Escritores y de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, precursora de las organizaciones de derechos humanos argentinas, las que presidió también. Fue director del periódico Flecha y la revista Las Comunas donde publicó gran parte de su obra escrita.
En su casa de Córdoba se conformó el famoso “Sótano de Deodoro”, por allí pasó gran parte de la intelligentsia de nuestro continente, pasaron por allí Waldo Frank, Haya de la Torre, Henríquez Ureña, Máximo Soto Hall, o Manuel Seoane. También hizo lo propio un joven, un adolescente que después pondrá en vilo al continente, se trataba de Ernesto Guevara.
Según llegó a parangonar Enrique González Tuñón, “si Moreno fue el abogado de la revolución, Deodoro puede ser considerado como el abogado de la Reforma y su adalid por excelencia”.
Falleció el 7 de junio de 1942.



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