sumario  
  editorial  
  staff  
  otros números  
     
  contacto . infosite  
 
 

GRANDES MAESTROS DE LA UBA

 
 

ALBERTO REX GONZALEZ

 
 

Alberto Rex González es el antropólogo más importante de la Argentina. Nació en Pergamino en 1918. Dr. en Antropología -en la especialidad de Arqueología- (Universidad de Columbia, EE.UU.). Integró la misión franco-argentina para el salvataje de los sitios arqueológicos de Nubia (Sudán). Definió a la cultura de La Aguada como una nueva entidad arqueológica de nuestro Noroeste (1955) e introdujo en la Argentina la técnica del fechado radiocarbónico. Autor de más de un centenar de trabajos, publicó también una singular autobiografía, Tiestos dispersos.

 

"Nací en Pergamino, ciudad que se edificó a la orilla de un arroyo que está excavado dentro de sedimentos de lo que se llama -desde el punto de vista arqueológico- Formación Pampeana, que es el depósito de una enorme fauna cuaternaria extinguida, es decir, anterior al 10.000 a.C. Era una zona pastosa, de manera que vivían allí grandes herbívoros, como los gigantescos gliptodontes que proliferaban en esa zona. Y mi vocación por la arqueología tiene que ver con mi paso por el Colegio Nacional de Pergamino donde, con algunos compañeros y paisanos del lugar, buscábamos restos fósiles. Yo ya tenía por entonces un gran incentivo que era haber leído algún libro de Florentino Ameghino, por lo que no me fue ajeno el estudio de esa fauna, conocer cómo eran, cómo se habían adaptado al medio y cómo habían ido cambiando de acuerdo con la teoría darwiniana de la evolución."
"Yo estaba todavía en la escuela primaria que cursé como pupilo en el Colegio Marista de Rosario cuando descubrí a Darwin. Seguramente fue en un sector de la biblioteca que los hermanos maristas habían vedado a los alumnos, pero en la que yo incursionaba para leerlo a escondidas, porque de lo contrario me hubiesen sancionado. Ahí fue que se produce un cambio progresivo en el que de la verdad revelada -yo era muy religioso- pasé a la verdad adquirida, a la verdad científica, a la que se llegaba con el estudio y con la investigación. El Génesis aparecía simplemente como un mito mientras que la explicación darwinista de la evolución de las especies era una teoría lograda después de muchos estudios y muchas observaciones."

Los primeros descubrimientos
"De Darwin pasé luego a su expositor local, a Florentino Ameghino, cuyas lecturas me fueron fundamentales para aplicar esos conocimientos en el análisis de las especies que se iban encontrando a orillas del arroyo en torno del cual fue levantándose Pergamino, y de donde fui rescatando algunas piezas interesantísimas que afloraban en las barrancas Mi primer hallazgo fue un molar de mastodonte, molar que tenía unos veinte centímetros de ancho. Más tarde, me hice amigo de un criollo que recorría no sólo el arroyo de Pergamino sino las orillas del río Arrecifes, quien me llevó a su casa donde tenía varios descubrimientos arqueológicos. Yo ya llevaba tiempo coleccionando fósiles y trataba de clasificarlos. Y era muy fácil, aunque yo no tenía conocimientos de zoología ni de paleontología, no había estudiado eso, era un chico de la secundaria, pero tenía uno de los grandes catálogos hechos por Florentino Ameghino y no era muy difícil, por comparación, saber de qué se trataba."
"Un día, con un par de compañeros de correrías, encontramos una caparazón enorme, era un gliptodonte de una familia especial, uno de los más grandes gliptodontes, como de dos metros de diámetro. Tan es así que muchos investigadores decían que el hombre de esa época los había utilizado como abrigo, como vivienda. No sé si esto será cierto pero sí que en el Museo de La Plata, una de las pinturas del hall de entrada mostraría esta situación por demás interesante."

La vocación temprana
"Terminada la secundaria tenía que decidir qué carrera seguir. Quería estudiar arqueología pero en ese momento esa disciplina no era una carrera independiente, sino una materia dentro de otras carreras de las Facultades de Ciencias Naturales y de Filosofía y Letras. Pero llegó la hora de partir hacia Buenos Aires en el viaje de egresados y yo, además de participar en esta gran ciudad de las parrandas propias de la juventud, un día convencí a unos cuantos compañeros de visitar el Museo de Historia Natural que se levanta en el Parque Centenario. Yo quería ver las colecciones de Ameghino y allí, frente a una de las vitrinas, haciéndome el sabihondo, empecé a explicarles a mis condiscípulos de qué se trataba cada pieza expuesta tras los vidrios, porque era un material que yo conocía muy bien por haberlo visto en los catálogos de Florentino Ameghino."
"Fue entonces que un señor que estaba en la sala, cuando terminé de hablar se me acercó y me dijo que yo sabía bastante de arqueología y me preguntó si me gustaba tanto, a lo que respondí que muchísimo pero que no sabía dónde estudiarla. Este señor me habló de un arquitecto que había sido director de esa sala en la que estábamos, y que podía orientarme. Se trataba de Héctor Greslebin, con quien me contactó y a quien pude ver antes de volverme a Pergamino. Este arquitecto había sido cesanteado por el gobierno de Uriburu porque en ese entonces, y no sé si también ahora, los cargos eran políticos y terminaban junto con el político que lo había conseguido. A él le confié lo que ya era mi vocación y precisamente por lo que le había ocurrido, que sin la arquitectura -me dijo- no hubiese podido subsistir luego de la cesantía, me aconsejó seguir una carrera liberal para asegurar mi sustento, sin descuidar por ella mi afición por la arqueología."
"Fue así que, al enterarme que compañeros y amigos míos del secundario se iban a Córdoba a estudiar Medicina, me sumé a ellos. Me recibí de médico pero mi verdadera inclinación era, cada vez más, la arqueología. La medicina la ejercí cuando -ya poseedor de una beca para estudiar en los Estados Unidos- costeé mi viaje como médico de un buque mercante que me llevó de Buenos Aires a Nueva York.

Por fin la arqueología
"Ya recibido de médico, me acerqué a un famoso antropólogo suizo-argentino, hijo de un médico mendocino, llamado Alfred Metraux, quien fue fundador en nuestro país de un gran instituto de antropología que todavía existe en Tucumán. Metraux tenía un cargo muy importante en la Unesco y residía en París adonde le escribí diciéndole que quería estudiar arqueología y antropología. Me contestó señalándome que el mejor lugar para estudiar esas disciplinas era los Estados Unidos. Su respuesta coincidió con la presencia en la Argentina de Julián Stewart, quien dio una serie de conferencias en el Museo Etnográfico de la calle Moreno y que tenía un enorme prestigio como antropólogo en universidades norteamericanas. Stewart estaba compilando una vasta obra de conjunto que era una especie de housebook sobre los indios sudamericanos."
"Stewart me recomendó al Instituto de Educación Internacional del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Él era profesor en la Columbia University de Nueva York, universidad a la que finalmente, otorgada la beca, fui a estudiar y donde me recibí de Doctor en Antropología en la especialidad de Arqueología. Claro que mucho antes tuve que ir a completar un aprendizaje de idioma inglés, idioma del que sabía poco y nada, en la Universidad de Virginia."
"La beca, como todas las becas, era escasa por lo que recibía ayuda de mis padres desde la Argentina, quienes pese a que me querían más como médico que como arqueólogo nunca desalentaron mi verdadera vocación y me estimularon desde lejos para que cumpliera mi destino."

Los mitos junto al fuego
"En Estados Unidos es común que determinadas carreras se cursen paralelamente en más de una universidad y esto ocurre con la antropología. Es así que las prácticas de campo iba a realizarlas a la Universidad de Arizona, al sudoeste del país, que tiene una Escuela de Arqueología y cuyo suelo es pródigo para este tipo de disciplinas. Hacíamos el trabajo de campo en una reserva de indios navajos, llamada Punto de los Pinos, donde vivíamos en carpas junto con los nativos, que compartían con nosotros el trabajo de búsqueda y las noches junto al fuego. Los navajos cantaban y danzaban y nos contaban sus mitos. Son indios de una destreza manual poco común que se manifiesta en sus artesanías. Funden los dólares de plata para hacer pulseras hermosas en las que encastran turquesas que traen de México. Cuando volví a la Argentina le traje una a mi madre, con una bellísima turquesa en el centro."
"En esos trabajos de campo en Arizona, adquirí los rudimentos básicos que se aplican en la ciencia de la arqueología, porque así como la cirugía no se puede concebir sin la pinza de Kocher ni el bisturí, la arqueología no se puede concebir sin trabajos de campo con la escobilla y el cucharín o palustre, ya que es muy distinto decirles a los colaboradores 'vayan y caven', ya que van a usar pala y pico y así rompen todos los niveles y terminan sacando las piezas con un cuchillo. Pero cuando uno va a excavar limpia todo alrededor y trata de dilucidar cómo fueron enterradas, y deja todo exactamente igual. Lo mismo para limpiar un esqueleto. Una cosa es sacar hueso por hueso y otra es sacarlo entero, exactamente como fue depositado, y esto requiere mucho trabajo y mucha más paciencia para determinar cómo fue colocado, depositado allí. Y determinar así, muchas veces, cómo murió o cómo fue muerto, en fin, todos detalles que de otra manera desaparecerían.

El fechado radiocarbónico
"La arqueología es una ciencia histórica y no se puede concebir la historia sin cronología. Pero hasta el momento en que yo estudiaba en los Estados Unidos no existía un método para el fechado, para determinar la antigüedad de una pieza. En los países europeos era más fácil ya que si se encontraba una determinada pieza en la isla de Creta, había en ella distintas capas pertenecientes a también distintas épocas y, por ejemplo, si había un signo egipcio, de acuerdo con la dinastía podían establecerse los años de existencia. Pero nosotros no teníamos en América culturas tan viejas y por lo tanto calculábamos la época a 'ojo de buen cubero'".
"Es a partir de los años '60 que empieza a aplicarse el carbono 14 para determinar la antigüedad de una pieza arqueológica. El inventor de esta técnica fue William Lobby, quien después ganó el Premio Nobel. Esa técnica me pareció fascinante y cuando regresé a la Argentina la traje conmigo y me puse a fechar de la misma forma. La primera vez lo hice en la gruta de Intihuasi, en San Luis, que yo había excavado y que tenía una estratigrafía extraordinaria sobre los pueblos cazadores-recolectores más antiguos. Entonces, encontré que la capa más profunda venía del 6.000 antes de Cristo aproximadamente. Y esas culturas figuraban hasta entonces en los libros de la materia como provenientes del siglo XVI de la era cristiana, o sea, del 1500.
"Esto dio vuelta todo lo estudiado hasta ese momento porque era una técnica revolucionaria, pero yo no la había inventado, la había traído desde Norteamérica y trataba de aplicarla en mis descubrimientos. Claro que inmediatamente se suscitó la reacción de quienes hasta ese momento habían aplicado los métodos tradicionales que prácticamente ubicaban las culturas aborígenes como nacidas con la conquista española. Yo era muy joven entonces, tendría poco más de 30 años y venía a sacudir la ciencia arqueológica aplicando a los descubrimientos un nuevo procedimiento que yo creía el correcto pero que incluso en los Estados Unidos era objeto de discusión."

La Aguada
"Hay una convención entre los arqueólogos sobre cómo designar las culturas, sobre cómo dar nombre a una cultura desconocida, a un pueblo, a una etnia que vivió hace miles de años y de la que no tenemos información escrita. ¿Cómo se designa? Se busca lo que se llama el sitio tipo, el lugar donde los restos de esa cultura fueron encontrados de manera más completa y del que tenemos la descripción de todos sus elementos, su contexto, el conjunto y, además, los asentamientos registrados. Eso es lo que se llama sitio tipo. Yo me encontraba estudiando restos de la colección Muñiz Barreto del Museo de La Plata y me encontré con otros paralelos, en un vallecito que pertenece al Valle del Hualfín, en el departamento catamarqueño de Belén en el que yo trabajaba y donde había un cementerio con alrededor de 200 tumbas que tenían el mismo material característico del sitio tipo que era La Aguada. Y esas tumbas me sirvieron para definir esa cultura que había sido muy vista en muchos aspectos por la cerámica que los investigadores anteriores identificaban como Alfarería Draconiana, por unas formas de dragones que mostraban. Luego se la llamó Alfarería de los Barriales, Cultura de los Barriales, porque los restos aparecían en zonas de Catamarca y La Rioja que son muy áridas y están barridas por la erosión, por lo que habían quedado al descubierto fragmentos de la cerámica de esa cultura."
"Con esa base y partiendo de las circunstancias mencionadas yo pude definir muy bien los otros elementos de los asentamientos como la metalurgia, y algunos tejidos. Había más alfarería porque se conserva mejor que los tejidos en el noroeste argentino. Los tejidos de La Aguada que se han encontrado más conservados fueron algunos provenientes de excavaciones realizadas en Chile donde las condiciones distintas del clima permitieron su preservación. Pero, bueno, volviendo a La Aguada paso de la figura del dragón o cultura draconiana, a la alfarería encontrada en los barriales y paso de esas definiciones al sitio tipo. ¿Cuál era el sitio tipo de esa cultura? Yo por lo menos trataba de definirlo en el vallecito de La Aguada."
"Sigo trabajando hasta ahora y desde hace medio siglo con La Aguada gracias a la cual me dediqué de lleno, porque era un jalón clave para descubrir que había muchos jalones que eran definitorios en la historia de la arqueología del noroeste argentino. Porque hay uno básico que es el incaico, porque los restos incas marcan una etapa muy definida ya que son fáciles de identificar, pero son muy tardíos. Necesitaba otros jalones más antiguos, entonces, cuando se descubrió La Aguada, se vio que era mucho más antigua y además, tenía una característica, porque uno tiene toda la secuencia, tiene una y otra civilización y hay una que marca un período, una etapa que marca lo que hay antes de aquí para abajo y lo que hay de aquí para arriba. Es lo que se llama el horizonte medio. Yo seguí trabajando y encontré que el equivalente del horizonte medio del Perú es La Aguada en el noroeste. Esto fue publicado en los Estados Unidos y, por supuesto, también aquí en la Argentina. Por eso para mí fue fundamental encontrar ese punto y desarrollarlo hasta el máximo posible. Tal es así que aún después de 60 años sigo trabajando en algunos puntos."

La docencia y la herencia
"Me jacto de tener discípulos muy destacados y si no los nombro es porque seguramente me dejaré algunos en el tintero. Discípulos que fueron formados por mí en las universidades de Córdoba, de La Plata y por supuesto de la de Buenos Aires, donde me nombraron Profesor Honorario en 1986 y donde fui profesor en su Departamento de Ciencias Antropológicas entre 1983 y 1987. Si no estuve antes en ella fue porque no fue fácil en determinadas épocas de nuestra historia acceder a llamados a concurso. Tuvo que llegar la democracia para poder hacerlo. Y fue apasionante volver a compartir con los jóvenes los trabajos de campo, donde uno convive con ellos como uno más y eso ayuda a fortalecer no sólo los lazos del aprendizaje sino y sobre todo los de la amistad basada en un mutuo respeto. Porque en el trabajo de campaña uno está excavando en los cerros, alejado de todo, y se aloja en un campamento donde se vive mal, se come mal, en malas condiciones higiénicas, sin agua caliente, durmiendo en carpas Y eso es bastante duro no sólo para el profesor, que por otro lado se acostumbró en sus años de arqueólogo, sino y sobre todo para los jóvenes. Y uno tiene que dar el ejemplo y no aflojar. "
"Después de las penurias compartidas se establece un vínculo muy fuerte pero aparte de eso si uno enseña honestamente y transmite todo lo que sus fuerzas le permiten y todo lo que sabe, eso después, a la larga, siempre se reconoce. Asimismo, yo tengo la obligación moral de plantearles a los jóvenes que quieren ser arqueólogos los problemas con los que se van a encontrar. Por eso creo que hay que analizar cada caso con mucho cuidado porque hay chicos que vienen del interior, que han hecho la carrera con un gran esfuerzo y uno piensa, con mucho dolor, dónde podrán ser ubicados como profesionales de la carrera que eligieron. Yo, por supuesto, estoy satisfecho de haber elegido la arqueología y contento por continuar haciéndolo a pesar de todo, porque ya no puedo lanzarme a los trabajos de campo como antes, pero todavía me quedan materiales para describir, para completar. No sé si tendré tiempo, si la vida me va a alcanzar, pero si tuviera tres vidas más, si tuviera que empezar de nuevo, me dedicaría a la arqueología."