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Manejo sustentable del suelo

 
 

¿Más soja, menos trabajo?

 
     
     
  Roberto Benencia
Investigador Principal del Conicet y Profesor Titular Consulto de la Facultad de Agronomía de la UBA, Centro de Estudios y Servicios Rurales (CEDERU/FAUBA).

 
     
 

Durante la última década, la sociedad Argentina experimentó procesos de reestructuración y concentración económica, de los cuales el sector primario no permanece al margen, que afectan tanto las producciones exportables como las destinadas principalmente al mercado interno.

En este escenario se redefinen las condiciones de funcionamiento de distintas unidades de producción, se continúa y/o se profundiza la adopción tecnológica y se incorporan crecientes exigencias de calidad, principalmente en los rubros exportables. A su vez, la fuerza de trabajo se ve afectada en sus aspectos cuantitativos y cualitativos como parte de las estrategias empresariales para asegurar su performance de mediano y largo plazo, y por los comportamientos laborales de los trabajadores, que en un marco de creciente flexibilización laboral, buscan reducir los períodos de desocupación en su ciclo anual de trabajo.

A través de diferentes estudios, puede observarse que una continua y acelerada mecanización, así como el uso de desmalezadores químicos, profundizaron la expulsión de mano de obra, a la vez que se intensificó la demanda de empleo –según diferentes formas y modalidades– en los establecimientos de tipo empresarial, y la emergencia de contratistas de maquinaria agrícola. El cambio tecnológico modificó los volúmenes demandados de mano de obra, las calificaciones requeridas y la dinámica de los mercados de trabajo.

La incorporación generalizada de tractores, cosechadoras y agroquímicos generó la reconfiguración de los mercados de trabajo transitorios en torno de las actividades de granos y cereales, diferenciando segmentos de trabajadores con diferentes niveles de calificación. Los trabajadores calificados corresponden a aquellos encargados de las tareas con tractores y con máquinas de cosecha y fumigación, en tanto que los trabajadores no calificados se desempeñan en tareas como, por ejemplo, ayudantes de cosecha o cocineros.

En la década del noventa, la asociación entre la siembra directa y la soja transgénica motorizó una notable expansión de la producción agrícola con importantes efectos sobre el empleo. Mientras que a fines de los años ochenta la superficie sembrada de forma directa era insignificante, para la campaña del año 2001/2002 casi el 80% de la superficie de soja, alrededor de 8.500.000 hectáreas, se sembraba con esa modalidad, y siguió en aumento en los últimos años en áreas extrapampeanas expandiendo la frontera agrícola con este cultivo, avanzando inclusive sobre anteriores producciones intensivas.

El impacto y las consecuencias sobre el empleo y la mano de obra de la difusión de esta modalidad de cultivo son significativos, tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo. Desde el primer punto de vista, dada la menor cantidad de tareas realizadas, la demanda de mano de obra es un 30% inferior en comparación con la agricultura convencional. En cambio, desde lo cualitativo, exige mayores calificaciones de la mano de obra involucrada, debido a la incorporación de tecnologías de procesos que requieren un conocimiento integral del paquete tecnológico y del proceso productivo.

Estos cambios se manifiestan en la organización productiva, que acentúa la presencia de contratistas de servicio de maquinaria. Esta figura es clave en la flexibilidad que adquiere la organización productiva y aporta una importante cantidad de la mano de obra utilizada en la actividad.

¿soja hoy, hambre para mañna?