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¿Qué papel juega la alimentación
en la prevención de enfermedades?
Una alimentación correcta, variada y completa, con una dieta
equilibrada (cuyo modelo más reconocido es la “dieta
mediterránea”), permite por un lado que nuestro cuerpo
funcione con normalidad, es decir que cubra nuestras necesidades
biológicas básicas ya que necesitamos comer para poder
vivir y por otro lado, previene o al menos reduce el riesgo de padecer
ciertas alteraciones o enfermedades a corto y largo plazo.
Basta con recordar el impacto que tienen en nuestra sociedad las
llamadas "enfermedades de la civilización" tales
como: hipertensión, obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares,
trastornos de la conducta alimentaria. Incluso ciertos tipos de
cáncer se relacionan con una alimentación desequilibrada.
Normalmente, no es una relación directa de causa-efecto,
pero sí supone uno de los factores que contribuye a aumentar
el riesgo de aparición y desarrollo de dichas enfermedades.
Actualmente, se reconoce la importancia de los alimentos, sobre
todo de aquellos que se comportan como protectores. Tal es el caso
de las fibras, que actúan como antioxidantes naturales, y
de los vegetales, que contribuyen a disminuir el riesgo de patologías
crónicas como las enfermedades del corazón, cáncer,
obesidad y diabetes. Esencialmente la dieta mediterránea
está compuesta por abundantes cereales y derivados (pasta,
arroz, pan etc.), legumbres, frutas, frutos secos, verduras y poca
cantidad de carnes rojas. El aceite de oliva colabora para aumentar
el colesterol HDL (bueno) y disminuir el LDL (malo), evitando el
depósito de placas de ateromas en los vasos sanguíneos.
Es importante complementar lo anterior con actividad física.
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