Introducción

Desde su origen institucional en 1956, al crear el área en el ámbito del Rectorado de la Universidad de Buenos Aires, la Extensión Universitaria ha sufrido innumerables obstáculos. En primer lugar, dicha actividad no presenta características especiales; y por lo tanto, no existe consenso sobre su definición. Será por ello, que se ha desarrollando a partir de diferentes prácticas que le dieron sentido y la sostuvieron en el tiempo. Entonces, si la extensión se define por sus prácticas y ellas son muy variadas, su concepción también lo será.

Lo anterior, nos lleva indudablemente al segundo problema. Y es que la extensión nunca fue encuadrada en una propuesta institucional global. Obteniéndose como lógico resultado, la falta de articulación entre grupos que realizan actividades semejantes, la discontinuidad en los proyectos, disociación respecto a la docencia y la investigación, y por supuesto, la falta de financiamiento adecuado y evaluación regular.

De este modo, la institución ha ido transitando los diversos escollos de esta confusión conceptual, atendiendo básicamente las necesidades internas de la comunidad universitaria, y prestando poca atención, a la real misión social de nuestra universidad. Como bien indica el Estatuto de la Universidad de Buenos Aires en su art. 76: La Universidad estimula todas aquellas actividades que contribuyan substancialmente al mejoramiento social del país, al afianzamiento de las instituciones democráticas y a través de ello, a la afirmación del derecho y la justicia .

Evidentemente existe hoy el clima de cambio propicio para afrontar de una vez y por siempre el desafío que implica asumir la responsabilidad que la universidad tiene con los sectores más vulnerables de la sociedad, sin prejuicios ni discursos contradictorios.

¿Pero de que hablamos, cuando hablamos de extensión universitaria?. Ciertamente, se trata de la función que constituye el tercer pilar de la actividad educativa junto a la investigación y la docencia. Así, la extensión universitaria se realizará en la conjunción de estas tres misiones; la investigación porque nos permite diagnosticar, focalizando en las reales causas de los problemas sociales; la docencia porque nos permite formar los cuadros necesarios para una efectiva intervención en el campo social y por último, lo que la caracteriza y le da sentido: la acción social directa, concreta y contundente, que nos permita un inmediato impacto en el mejoramiento de las condiciones de vida de nuestros conciudadanos.

Es claro, diagnosticar la problemática social sin una efectiva acción sobre la misma, desde y por la universidad, nos pone de frente al proceso científico a secas; del mismo modo que la construcción de políticas sociales sin el verdadero soporte que otorga la docencia y la investigación es mero asistencialismo.

No obstante, es cierto que ante la falta de una política regular y centralizada, existen sorprendentes experiencias que las facultades, no sin esfuerzo, han llevado adelante. Es hora de mirar hacia adentro con el fin de capitalizar la energía de cientos de estudiantes, docentes y profesores. Debemos convocar a todos aquellos que nos acompañen, con voluntad y compromiso, a satisfacer esta obligación del ser universitario. La responsabilidad que nos impone el habernos realizado intelectualmente en una institución de excelencia como lo es la Universidad de Buenos Aires, sostenida económicamente por una población empobrecida, que aún hoy le otorga un enorme valor.

En este sentido, se hace necesaria la formulación de políticas activas de financiamiento y difusión que estimulen la actividad tendiendo a la integración de equipos interdisciplinarios, con el fin de trabajar de modo coordinado sobre las verdaderas causas de los problemas sociales. Debemos hacernos visibles ante una sociedad que espera de nosotros estemos a la altura de las difíciles circunstancias con que la Argentina inicia el siglo XXI, transfiriendo a la comunidad la inversión realizada en el sostenimiento de la Universidad Pública.

Alguna vez leí que la existencia misma de la Extensión Universitaria, debe su origen a la existencia de una sociedad injusta [1]. Es hora de asumir la responsabilidad que nos toca.

[1]Brusilovsky L. Silvia. Extensión Universitaria y Educación Popular. Libros del Rojas. EUDEBA. 2000

Lic. Oscar Garcia
Secretaría de Extensión
Universitaria y Bienestar Estudiantil