Función

El papel que la Ciencia y la Tecnología (CyT) juegan en el desarrollo de los países es una realidad reconocida desde hace mucho tiempo y en el curso de las próximas décadas revestirá un carácter estratégico, económico y social fundamental para un país como la Argentina, que se debate por definir su inserción en la actual escena internacional.

Los pronósticos difieren respecto a la magnitud de la crisis que atravesarán los países más rezagados, pero no en cuanto a la posibilidad de que se profundicen las condiciones actuales. El desenlace es, por ahora, motivo de incertidumbre. Puede afirmarse, sin embargo, que estarán en mejores condiciones para salir airosos aquellos que dispongan de planes y herramientas de ejecución que les permitan marchar al ritmo de acontecimientos fuertemente determinados por los cambios científicos y tecnológicos que ya se viven o se vislumbran.

En nuestro país ha sido escaso el éxito alcanzado por los también pocos intentos de planificación en materia de CyT ensayados en distintas etapas de nuestra historia de las últimas décadas. Esta afirmación no implica subestimar la capacidad científica acumulada, sino que más bien apunta a señalar la insuficiente relación que existe entre el conjunto de personas e instituciones que producen conocimientos científicos y la sociedad como usuaria o demandante de tales conocimientos.

Se puede afirmar que, en términos relativos, la República Argentina ha alcanzado una discreta relevancia científica a nivel internacional, aún teniendo en cuenta su dispar calidad y el hecho de estar signada por una connotación típicamente académica.

Pero este relativo éxito no ha sido acompañado de una capacidad equivalente de producción tecnológica. Ello ha conducido a una dependencia casi total en materia de disponibilidad de tecnologías, respecto a fuentes externas. Quizás más grave que el hecho económico en sí mismo es la generalización de una actitud fatalista que estima irrelevante o imposible revertir -siquiera parcialmente- esta situación.

La crisis ha generado la conciencia, en la sociedad argentina, respecto a la necesidad de producir algunas importantes transformaciones. Es preciso recuperar el tiempo perdido, aprovechar las ventajas comparativas y utilizar ordenadamente los recursos disponibles
 

En el ámbito de la Ciencia y la Tecnología es preciso formular políticas orientadas a fortalecer la capacidad de producir conocimiento relevante y formar los recursos humanos necesarios para el futuro, lo cual requiere una acertada visión prospectiva. Es preciso, además, vincular estratégicamente a la investigación básica con grandes objetivos nacionales y crear eficaces mecanismos de transferencia para la investigación aplicada. Fortalecer los lazos operativos entre empresarios y científicos es una de las prioridades más inmediatas.


La tarea señalada requiere disponer de un número de profesionales especializados en reflexionar sobre estos temas disponiendo de la información necesaria para ello, y que cuenten con la capacidad metodológica necesaria para administrar y gestionar actividades de una especificidad tal como la producción de conocimiento científico y tecnológico, así como su transferencia y aplicación.
El perfil de administradores y gestores de la ciencia y la tecnología ha adquirido gran relevancia, durante los últimos años, en los países industrializados. Organismos internacionales, como la OCDE, UNESCO y OEA, han recogido esta experiencia y recomiendan la formación de especialistas de este tipo, a la par que orientan recursos para actividades de formación y entrenamiento orientadas a tal fin.
 

La República Argentina ha sido -en alguna medida- pionera en este campo, dentro de América Latina. En este país se organizaron los primeros cursos latinoamericanos de formación de administradores de la ciencia. Sin embargo, como sucedió en otros ámbitos, esta experiencia fue abandonada durante los años de gobierno no democrático.

En la actualidad, experiencias de gran interés en la formación de académicos especializados en la ciencia y la política científica, así como gestores y administradores de Ciencia y Tecnología, se llevan a cabo en Brasil (Universidad de Campinas y Universidad Federal de Río de Janeiro) y España (Programa de Organización y Gestión de la Investigación, de la Fundación Empresa Pública). Con tales instituciones ha establecido contacto la Universidad de Buenos Aires y se ha avanzado en el sentido de integrar una red de intercambio y complementación académica en este campo.
La Universidad de Buenos Aires, tiene una especial responsabilidad en este tema, dado que constituye la mayor institución académica del país y cuenta con los recursos humanos adecuados para configurar la estructura básica del Posgrado.

Difiriendo sustancialmente de las disciplinas con identidad acreditada, la política y gestión de la ciencia y la tecnología demanda la "fertilización cruzada" de muchas áreas distintas, entre ellas la Ciencia Política, la Economía, las Ciencias Sociales, el Derecho, las Ingenierías, las Ciencias de la Administración y una sólida comprensión de los distintos ámbitos del conocimiento científico. A causa de esta riqueza multidisciplinaria, el establecimiento de un programa curricular sistemático y regular está al alcance de pocas instituciones en nuestro país. La UBA es una de ellas y, por tal razón, parece oportuno propiciar un mejoramiento y actualización del Programa de la Maestría.
 

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