Logo de la Universidad de Buenos Aires

NOTICIAS

Imagen ilustrativa UBAHOY
| EXTENSIÓN

En primera persona

Desde hace 23 años se premia el esfuerzo, la capacidad de lucha y superación de aquellos que ingresan a la UBA gracias a las becas que ella otorga. De los 2000 becarios, 45 estudiantes fueron merecedores de dichas distinciones. Seis de ellos nos comparten su historia, su paso por la educación pública y sus anhelos futuros. 

Imagen de la noticia En primera persona

Los Premios EUDEBA, se otorgan anualmente a los estudiantes becarios más destacados, que cursan en las distintas facultades de la UBA con buen rendimiento académico, pese a afrontar situaciones socioeconómicas dificultosas.  De los 2000 becarios, 45 estudiantes fueron merecedores de las distinciones, entregadas por la editorial universitaria, Eudeba y la Dirección General de Becas, dependiente de la Secretaría de Extensión y Bienestar Estudiantil de la UBA.

Estuvimos con seis de ellos, quienes nos contaron sus historias y sus sueños: Brenda Soria y Rafael Vilte (Psicología), Juan Cruz Lafuente (Historia), Nahuel Manduca (Comunicación Social), Wilson Díaz Herrera (Arquitectura) y Daniel Chao (Filosofía). Todos tienen diferentes historias de vida y además un deseo en común, recibirse en la Universidad.

Los primeros universitarios de la familia

Brenda Soria tiene 21 años y estudia Psicología. Vive en Bernal Oeste y está cursando su 4to año de estudio. Es la primera universitaria de la familia: “Desde que tengo recuerdo, siempre quise seguir estudiando, luego de terminar el colegio. Aun cuando todavía no sabía qué carrera seguir, sí sabía que quería formarme en la UBA. Para mí es maravilloso poder estudiar en la universidad, para mis papás es un orgullo y una alegría muy grande”.

De las becas se enteró por un afiche en la facultad “Solicite la beca como una ayuda para lo que voy necesitando comprar a lo largo de mi formación como libros, viáticos, también muchas veces también tengo que comer en la facultad porque pasó varias horas allí. Esta ayuda me posibilita dedicarme exclusivamente a la carrera, que siempre fue mi prioridad y recibirme lo más pronto posible. Mis papás me ayudan, pero tienen gastos con mi hermano que así lo requiere ya que tiene una discapacidad”

Rafael Vilte, también de Psicología, tiene 24 años y vino desde Jujuy en 2016 para estudiar. “Toda mi infancia y adolescencia la transité en Jujuy, con lo cual realicé mis estudios primarios y secundarios ahí. En el 2016 decidí venir a Buenos Aires para estudiar la carrera de Psicología, motivado por el interés de querer formarme en esa área y en esta casa de estudios. Los dos primeros años de la Facultad conviví con mi tía y luego me fui a alquilar aparte, mi familia reside aún en San Salvador de Jujuy”.

Él, al igual que Brenda, es el primero en la familia que recibirá un título universitario “Mi mamá fue la primera de su familia en terminar la secundaria, luego siguió mi hermana al concretar sus estudios en el terciario y ahora me toca a mí ser el primer universitario de la familia”.

Wilson Díaz Herrera. Es peruano y tiene 25 años. Estudia arquitectura. Toda su familia trabaja, él además estudia. “Llegué a Argentina en 2010.  Parte de mi familia ya estaba en Buenos Aires por trabajo. Yo vine después de terminar el secundario junto a mi madre y mis dos hermanas menores. Antes de terminar el secundario, sabía que tenía que estudiar algo. No sabía qué ni dónde, pero tenía que estudiar”.

Las circunstancias se dieron y tuvo que venir a vivir a Argentina “La carrera la elegí por estar ligada a lo que se dedica parte de mi familia: la construcción. Incluso yo de chico y aun estudiando la carrera, trabaje en obras”.

También es el primero de la familia que ingresa a la Facultad y lo cuenta con orgullo y presión: “Por ahora soy el primero que ingresó y el primero que se va a recibir con una carrera de grado. Yo siento que pude romper en cierto sentido con lo que se venía haciendo por generaciones en la familia, siempre recibí el apoyo de todos y por eso soy su mayor orgullo. Los más chicos de mi familia me toman como ejemplo y eso hace que yo me sienta autopresionado también, no quiero decepcionar a nadie”.

Sin duda todo el esfuerzo que hace con su familia vale la pena: “Que yo llegue a recibirme, que empiece a dar clases en la Facultad y que haya recibido el premio al mérito académico de entre todos los estudiantes de la FADU es sin duda un logro significativo para toda la familia”.

Cuando las dificultades no te hacen bajar los brazos

Juan Cruz Lafuente tiene 24 años y estudia Historia. Su vida se desarrolló entre la Ciudad de Buenos Aires y Corrientes Capital. Trabaja desde los 16 años y nunca paró. “Cuando tenía 7 años mi viejo falleció y nos fuimos desde Capital a radicamos en Corrientes con mi hermana mayor y mi mamá. Pero volvimos a Buenos Aires cuando yo tenía 16 porque en Corrientes no hay ninguna proyección para los jóvenes”.

Desde chico le interesaron muchas cosas y sabía que quería ser universitario: “Tuve varias opciones y entre seguir derecho, que es la carrera que todos recomiendan para no morirse de hambre, e historia que es la que me apasiona, elegí historia. Nunca me arrepentí de esa decisión. Me encanta la carrera y ser docente el día de mañana es mi futuro”.

“Yo curse toda la carrera con un amigo que está en la misma situación que yo, de los pocos trabajadores que cursan en la UBA. Afortunadamente ambos contamos con este apoyo mensual que significa mucho en la vida de los becados. Apliqué porque cumplía con ambos factores: el económico y el promedio. Hice toda la carrera laburando. Tengo 24 y me estoy por recibir. Mi sueño es dedicarme el día de mañana tanto a la docencia como a la investigación”

Daniel Chao tiene 31 años y estudia Filosofía. Actualmente vive en Avellaneda, desde que se independizó en 2013. Tiene cuatro hermanos que viven con su mamá en Castelar. “Hice el secundario en una escuela pública de Ituzaingó (zona oeste) y la carrera la empecé en 2007, apenas terminada la secundaria. El salto de la secundaria al CBC fue difícil, por el cambio de ritmo de estudio y la exigencia, pero pude terminarlo en un año. Hasta ese entonces vivía con mi viejo y no tenía necesidad de trabajar para bancarme los estudios”. Pero en 2011 su vida da un vuelco que lo hace alejarse de la facultad y de su sueño “fallece mi viejo y decido postergar un poco la carrera para laburar y poder vivir en mi propio espacio. Pasé por varios trabajos que no tenían que ver con mi carrera y cuyos horarios hacían casi imposible cursar, pero siempre seguí, aunque fuera metiendo los idiomas. Recién este año pude dar el paso de dejar un trabajo en relación de dependencia y tomar horas de docencia en filosofía. Y esto en buena parte fue por contar con el respaldo de la beca”.

De la beca se enteró por un amigo que estaba en una situación laboral similar y no dejó pasar la oportunidad. “Yo en ese momento cobraba la mitad de mi sueldo en negro y todos los gastos aumentaban, con lo que cualquier ingreso extra era una ayuda importante a fin de mes. Por otra parte, tengo muy buen promedio, debido a que, a pesar de ir lento en la carrera, me presento a los finales solo si estoy muy seguro de que me va a ir bien, lo que resultó en nunca haber sido bochado (toco madera)”. 

Pero nunca se bajan los brazos: “A veces son tiempos de arremangarse y seguir con lo que hay, a veces son tiempos de patear el tablero y salir a buscar eso que no va a llegar solo, pero lo importante es tener un norte, un rumbo fijado y encontrar la satisfacción en los pequeños pasos dentro de ese rumbo”

Nahuel Manduca, tiene 32 años y estudia Comunicación, es discapacitado motriz y vive con su mamá en San Francisco Solano. El secundario lo realizó en el Instituto Vitra, en Barracas, y se recibió de Bachiller contable con orientación en informática en el 2007.
“La decisión de seguir la facultad siempre estuvo, desde chico. Soy primera generación universitaria en mi familia, así que tengo todo el compromiso de terminar. De chico me preguntaba si yo podía seguir estudiando como todos los demás. Por suerte mi discapacidad no me afectó para nada lo intelectual así q no iba a tener problemas con eso y mi familia me apoyaba”.

Con una gran seguridad, habla de su problema: “Tengo una discapacidad motriz que me afecta en la movilidad, por eso estoy en silla de ruedas. Puedo mover brazos y piernas, pero no puedo mantenerme parado. Después llevo una vida normal, puedo estudiar, puedo trabajar con unas ciertas adaptaciones, me limita, pero toda mi vida me maneje así. Es solo eso”.

En el año 2011 cursó el CBC y por medio de alguien que trabajaba allí, le otorgaron la Beca Sarmiento y más tarde una beca CILSA por la inclusión, para estudiantes con discapacidad. “CILSA es una ONG que trabaja por la plena inclusión de las personas con discapacidad en la sociedad que justo en el año 2011 iniciaron este programa de becas para estudiantes con problemas de discapacidad y yo fui el primero al que se la otorgaron”.

En la facultad, no encontró mayores inconvenientes con su disminución en la movilidad y siempre se sintió apoyado y escuchado “En cuanto a lo edilicio y al cuerpo docente la facultad es genial. A veces, se traban los ascensores, entonces siempre optaban por bajar y cambiar el aula para que yo no use las escaleras y eso está buenísimo. Me trataron muy bien, la mayoría de los parciales los di en forma oral, sin ninguna objeción por parte de los docentes, me respetaron los tiempos, no me pusieron mayores trabas.  Y eso fue muy bueno para mí, que a veces tenía ciertos temores o desconfianza. Por suerte salió todo mejor de lo que esperaba”.

Derecho a la educación pública, gratuita y para todxs: la UBA

Quisimos saber lo que opinaban de la Universidad de Buenos Aires y de la educación pública en general y todos coincidieron en que, con todo lo que siempre se puede mejorar, la UBA es una institución ejemplar en la democratización del derecho a la educación pública. Una institución con un alto prestigio y nivel académico de la cual se sienten orgullosos de ser parte como estudiantes y a la cual le tienen mucho respeto, así como también a los profesionales que trabajan en ella, por la dedicación y la pasión con la que ejercen.

“La educación, el derecho a ella, para mí es uno de los pilares más importantes de toda sociedad. Y no es sin educación pública. Un Estado puede tener muy buenas políticas educativas, pero no es suficiente si no le garantiza el acceso a todo el pueblo” Brenda, psicología (21).

“A pesar de los avatares económicos por los cuales transitamos en estos últimos cuatro años, la UBA no ha dejado de ser noticia ya sea por su prestigio académico o por algún reconocimiento de sus profesores y/o alumnos en el exterior o alguna otra parte del país. Dicho prestigio es sostenido no sólo por los docentes e investigares sino también por los estudiantes que día a día se esfuerzan para estar a la altura de las exigencias académicas pese a las dificultades que suelen presentarse en el camino” Rafael, psicología (24).

“La mejor manera de defenderla y cuidarla es hacerle bien a su funcionamiento y nivel académico. Ojalá que las manifestaciones en Chile nos muestren lo importante que es mantener la Educación Pública” Juan Cruz, historia (24).

“De no ser por la Universidad pública, nada de esto hubiera pasado, nunca me hubiera podido pagar una universidad privada. Por eso cuando me propusieron ser ayudante de cátedra y después docente no lo dude, a pesar de no cobrar. Siento que en cierto sentido le estoy devolviendo a la UBA todo lo que me dio y ayudo a las nuevas generaciones a formarse como lo hice yo” Wilson, arquitectura (25).

“La UBA no para de crecer y de dar muestras de que es una gran universidad. La educación pública es un derecho, una garantía de acceso a una educación de calidad que iguala oportunidades. No importa de dónde vengas o tu estrato social, siempre la educación pública equipara. Es esencial, es lo que iguala, lo que provoca movilidad social ascendente y lo que te lleva siempre a una igualdad de oportunidades” Nahuel, comunicación social (32).

“Creo que no hay modelo de Estado ni de Nación posible si no hay un plan para materializar en toda la población el alcance de este derecho. También creo que es extremadamente necesario que se profundice transversalmente a todas las carreras de la UBA la formación de un perfil de graduadx con conciencia de que fuimos formadxs gracias a que toda la sociedad invirtió en nosotrxs y que eso debe ser retribuido al desarrollo de la sociedad una vez que nos convertimos en profesionales” Daniel, filosofía (31).

Para finalizar les preguntamos cómo se veían en cinco años, y todos se veían recibidos, realizados, trabajando de lo que les apasiona, investigando y dando clases a otros pares. “En 5 años me imagino pleno. No me pongo ninguna limitación, espero poder lograrlo. No me enseñaron de otra forma que no sea luchando, teniendo un objetivo claro y yendo por él pase lo que pase. Yo tengo las mismas chances que los demás, voy a desarrollarme y para eso tengo que prepararme” cierra Nahuel reflejando el espíritu de todxs.