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Mujeres con ciencia

Cada 11 de febrero se celebra el Día internacional de la mujer y la niña en la ciencia. Según datos de la Unesco, las mujeres constituyen menos del 30% del mundo de la investigación científica. Conversamos con dos de nuestras más destacadas científicas a nivel internacional, quienes supieron abrirse camino en un escenario de hombres, y siguen marcando el camino para las futuras generaciones.

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Con el objetivo de lograr una mayor participación e inclusión de las mujeres y las niñas en el mundo de la ciencia y la tecnología y romper con la brecha de géneros, en 2015, la Organización de Naciones Unidas proclamó el Día internacional de la mujer y la niña en la ciencia.

En nuestro país, según últimos datos publicados por el Conicet, el número de mujeres investigadoras ha aumentado notablemente en las últimas décadas. En el año 2007, los hombres sumaban 2657 investigadores, y las mujeres, 2400, mientras que en 2018 la relación se invirtió, sumando 5687 mujeres y 4932 hombres.

Sin embargo, el dato esclarecedor está dado por cómo evolucionan los números, según género, a medida que suben los escalafones. Las investigadoras asistentes (escalafón más bajo) representan un 61%, mientras que en el rango más alto, las investigadoras superiores, apenas llegan al 23% del total.

De la UBA al mundo

Recientemente, dos científicas argentinas fueron incorporadas a la Academia Mundial de Ciencias -The World Academy of Science- . Con estas incorporaciones el número de miembros académicos se elevó a 1.278, y como dato relevante, este año se sumaron 12 mujeres, es decir un 33 % de la nómina, lo que la TWAS subrayó que se configuró como una cifra sin precedentes.

Una de las científicas seleccionadas por la Academia es Rosa Erra Balsells, formada en la Universidad de Buenos Aires, con una amplia trayectoria como profesora titular del Departamento de Química Orgánica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA e investigadora superiores ad honorem del CONICET.

Rosa fue distinguida por su contribución al crecimiento de la fotoquímica orgánica y los campos de espectrometría de masas en Argentina. En los fundamentos de la Academia de Ciencias, se destaca que “la cooperación científica de larga data con científicos japoneses de gran reputación le permitió hacer una contribución significativa en el campo de la espectrometría de masas. Entre sus numerosos artículos científicos tiene tres en coautoría con el Premio Nobel de Química 2002 Koichi Tanaka.

Amy Austin, por su parte, también es investigadora principal del CONICET en el Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura (IFEVA, CONICET-UBA). En 2018 recibió el Premio Internacional L’Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia”, representando a América Latina. La investigadora fue la quinta argentina premiada con dicha distinción y la primera investigadora en el área de la ecología.

Doctorada en Ciencias Biológicas de la Universidad de Stanford, de los Estados Unidos, en 1997 logró una estadía en nuestro país financiada por la National Science Foundation de aquel país y se radicó definitivamente en la Argentina, donde desarrolló sus estudios como integrante del IFEVA.

La familia, la vocación y la ciencia

Rosa, quien actualmente se encuentra en Japón realizando su estadía de investigación, proviene de una familia de inmigrantes catalanes que vislumbraron rápidamente la posibilidad que ofrecía la Argentina a sus hijas de recibir en todos los niveles excelente educación pública gratuita. “Mi madre soñó con hijas con educación y con capacidad de ser independientes. Argentina hizo realidad su sueño”.

Allá por la década del 60, cuando Rosa cursó el bachillerato en el Colegio Nacional de Villa Ángela, Chaco, decidió que iba a estudiar Bioquímica porque era la única forma que conocía que la llevaría a conocer la química. “La materia estaba incluida en 4to y 5to año. El Dr. Sorokin, bioquímico del pueblo, era el profesor y aún recuerdo algunas de las frases que decía en sus clases ´los elementos de la Tabla Periódica son como los ladrillos en una construcción´. Me introdujo a un mundo diferente, mágico, donde había lógica para explicar diferentes fenómenos naturales."

Cuando llegó el momento de anotarse en la Facultad, Rosa no conocía la existencia de la Facultad de Ciencias Exactas ni de la licenciatura en Ciencias Químicas. “Cuando en 1968, dictadura de Onganía, fui a inscribirme a la Facultad de Farmacia y Bioquímica y no me inscribieron porque miraron con mucha desconfianza mi cédula de identidad del Chaco, con fecha de 1955, que no tenía mi firma, sino mi huella dactilar sacada antes de aprender a escribir”. 

Fue entonces que un conocido de la familia, biólogo egresado de la FCEN le sugirió a Rosa que si quería ser química debía ir a Exactas. “Fui a Perú 222 y con la misma cédula de identidad me inscribieron. Confiaron en mi cédula y ese fue el punto de partida”.

Amy también recuerda a su familia cuando indaga en cómo nació la vocación. “Crecí en una familia de Florida, Estados Unidos, con cuatro hermanos. Se imaginarán que mi madre hacía todo lo posible por tenernos fuera de la casa. Casi todos mis recuerdos de la niñez son de mis merodeos por lo que nosotros llamábamos la jungla, nadando en los canales, y en el océano. Pasar tanto tiempo en la naturaleza disparó mi curiosidad sobre las plantas y los animales. Esta curiosidad se mantuvo conmigo hasta el día que comencé a pensar en seguir mis estudios universitarios”.

Una vez en el camino de la ciencia, estas mujeres supieron encontrar aquello que les permitió seguir eligiendo sus profesiones a pesar de todo. Cuando se refieren a sus carreras, lo hacen con palabras que contienen pasión y amor por lo que hacen.

Para Amy “Muchos aspectos de la carrera científica resultan apabullantes, en casi cada peldaño de tu carrera tenés que superar el criticismo. Pero, así y todo, la libertad intelectual de perseguir las preguntas sobre las cuales quiero respuestas, y el permitir que tu propia curiosidad guie tu investigación, es lo que más valoro de la ciencia”.

El otro tema que más le gusta a Amy de su carrera es la posibilidad de conocer tanta gente reflexiva y pasional. “Si bien uno es criticado durante toda su carrera, no estoy segura de que exista otra en la que el nivel de satisfacción sea tan alto”.

Rosa supo que quería dedicarse a la investigación científica en la Facultad. “Elegí la Fotoquímica como curso optativo. Sentí que había algo de magia y misterio y a su vez lógica y belleza”. Le asignaron un proyecto doctoral dentro de fotoquímica orgánica con fines sintético-preparativos: “La ´rebeldía´ de los compuestos a sufrir transformaciones fotoquímicas permanentes para dar nuevos compuestos fue en ese momento frustrante, pero para comprender qué ocurría mi curiosidad y tozudez me llevaron al mundo de la Fotofísica y sus herramientas analíticas”.

Abrirse camino entre hombres

Rosa Erra Balsells y Amy Austin son dos científicas que hicieron su carrera en la Argentina y ganaron el reconocimiento internacional, pero saben que no ha sido fácil y que no lo es para la mayoría de las mujeres que eligen este camino. Aún queda mucho por hacer.

En todos estos años se han producido cambios claves en el mundo científico-académico que tienden a lograr igualdad de oportunidades a todos los géneros. Para Rosa, el sistema científico académico ha ido cambiando porque la sociedad ha ido cambiando, pero aclara que “Esa igualdad de oportunidades también requiere que en su vida diaria, la mujer no solo sea reconocida y respetada en su ámbito de trabajo científico, sino que además su entorno familiar la apoye, sobre todo en el caso de tener hijos, y respete y acepte que ella tiene el derecho de ser científica y madre,  de la misma manera que se acepta como algo totalmente normal que un hombre puede ser científico y padre. Esto es también igualdad de oportunidades”. 

Amy cree que para mejorar la representación de las mujeres en la ciencia, los programas que, por ejemplo, celebran el día de la mujer y la niña en la ciencia son muy importantes porque estimulan el interés en la ciencia y a su vez motivan a las niñas. “También creo que es muy importante que el interés comience a una edad muy temprana, en la escuela primaria o quizás antes, ya que cuando uno es adolecente, o está en la facultad, tiene un montón de prejuicios sobre lo que tiene que hacer o no hacer según su género y por eso, me parece esencial estimular ese interés y esa motivación de seguir en la ciencia desde la niñez”.

Cómo ser mujer, feliz y exitosa

Desde que ganó el premio para Mujeres en Ciencia de L’Oreal-UNESCO en 2018, Amy suele ser citada como modelo a seguir para futuras generaciones de mujeres científicas. “No tengo todas las respuestas sobre cómo ser feliz y exitosa en ciencia y en la vida”. Y continúa: “Es un proyecto en curso que requiere de balancear de forma constante qué es importante para tu vida en cada momento”.

Amy Austin espera que la visibilidad que este premio le da a las mujeres en ciencia, sirva como inspiración, un llamado a las mujeres en todas las áreas de la ciencia para que persigan a sus preguntas, y que estas las lleven a una carrera en ciencia: “El ingrediente clave para una carrera en ciencia es que debes amar el área de tu elección”.

Para finalizar, Rosa también se anima a poner en palabras el significado de una vida dedicada a la ciencia sin descuidar la pasión: “Poder dedicarse a la investigación científica como una elección de tarea diaria, constituye la posibilidad de encarar constantemente el desafío de entender en su esencia fenómenos que parecen oscuros, inabordables, pero que lograr explicarlos entrelazando nuestra imaginación, conocimientos y lógica nos produce un goce especial. Si logramos al final entenderlos, explicarlos, predecirlos nos sentimos felices y entonces buscamos un nuevo desafío. Es como un juego constante, difícil de abandonar, pero que realmente vale la pena”.