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| INVESTIGACIÓN

Oxitocina, ¿la droga del amor?

¿Puede la ciencia explicar el amor? Un poeta o un romántico diría que no, pero un endocrinólogo podría decirnos que lo que solemos sentir como enamoramiento es el efecto de una hormona llamada oxitocina, que es liberada por el hipotálamo justamente para que creemos vínculo con otras personas y nos reproduzcamos.

Imagen de la noticia Oxitocina, ¿la droga del amor?

Se le ha llamado de muchas formas a la oxitocina, que por contribuir a la formación de lazos positivos entre las personas, se le ha dicho hormona de la confianza, de la generosidad, del abrazo, de la bondad, de la felicidad, y la más famosa: del amor.

Pero, ¿qué es la oxitocina? Es una hormona, es decir una molécula especializada en dar órdenes a otras células, influir para que funcionen de tal o cual manera. Nuestra hormona en cuestión se fabrica en el cerebro, en el hipotálamo, desde donde es liberada al torrente sanguíneo con la función de influir en diversas situaciones de naturaleza social.

Una de las funciones principales tiene relación con la mujer y el embarazo, y la mujer y su bebé, ya que es liberada durante el parto para provocar las contracciones, y también en el momento de amamantar, para facilitar la bajada de leche.

Pero no son las únicas órdenes que le gusta dar por nuestro organismo, ya que diversos estudios científicos han demostrado que cuando la gente se abraza o se besa, los niveles de oxitocina circulando por la sangre, se elevan. Lo mismo sucede durante las relaciones sexuales.

Incluso otros estudios más detallados han descubierto lo mismo en parejas jóvenes que manifiestan estar en los primeros estadios de enamoramiento. Los científicos han podido medir que los niveles de oxitocina se mantenían altos durante al menos seis meses, relacionado con una estabilidad y una conducta afectiva intensa, en las parejas estudiadas.

Pero, al parecer, el efecto más especial de esta hormona es el de crear y fortalecer vínculos entre los individuos. Estudios con ratones han podido comprobar que las especies que son monógamas tienen niveles más altos de oxitocina en el cerebro, que las polígamas. A estas últimas se les ha subido de forma artificial los niveles de la hormona del amor, con el resultado de que se volvieron más estables con sus parejas.

Pero, ¿es todo tan simple como señalar a una hormona? No tanto, ya que ni siquiera la única función de la oxitocina es la del amor. Se la ha atrapado con trapos sucios bajo la alfombra. En situaciones de estrés e infelicidad, también se han descubierto niveles altos de oxitocina. Se ha observado, asimismo, que puede llevar a la agresión y a los celos.

Tal vez, quienes quieren explicaciones frías pueden decir que el amor no es más que una hormona dando vueltas por nuestro torrente sanguíneo, si bien, lo cierto es que en los humanos las relaciones dependen de varios factores, tanto biológicos, como sociales,  que reducirlos a una única hormona podría ser muy simplista.