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| INVESTIGACIÓN

Nuestra historia enterrada

La última Dictadura Cívico Militar (1976 - 1983) no solamente fue responsable de asesinatos, robos de bebés, torturas y demás horrores, también pretendió borrar lo que molestaba y construir un nuevo relato. Y hubieran tenido éxito en el caso del Centro de Salud Mental N° 3,  ubicado en plena Ciudad de Buenos Aires, si un equipo de investigadores de UBA, no hubiera sacado toda la historia a la luz.

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En el año 2005 comenzaron las obras para construir un edificio en la parte posterior del Centro de Salud Mental N° 3 "Arturo Ameghino", en la avenida Córdoba 3120, perteneciente al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En este contexto, fue notificado Daniel Schavelzon, director del Centro de Arqueología Urbana de  la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo y su equipo: "fuimos avisados por personal de la institución al ver que la maquinaria que estaba destruyendo el antiguo jardín, dispersaba cientos de fragmentos de platos y otros objetos que estaban enterrados", nos cuenta.

La empresa constructora estaba en plena excavación y la mitad del pozo ya había sido destruido. Sin embargo, se decidió actuar rescatando el material posible. Se trataba de un extraño entierro masivo de objetos, un claro intento de destrucción intencional. Estos factores sumados a la historia reciente de nuestro país constituían una tentación demasiado grande para el equipo.

¿Qué encontraron? Básicamente objetos relacionados con la práctica médica, con el sello del Instituto, de diversas épocas; objetos de laboratorio, frascos, vajilla, todo en apariencia bastante reciente. Schavelzon aclara que "No eran cosas antiguas de cuando realmente se enterraban, sino del siglo XX en que había recolección de basura, por lo cual desde el primer minuto resultó muy extraño todo ¿Por qué no decidieron simplemente tirar todo en bolsas? Para nosotros implicaba algún tipo de decisión. Se trataba de un volumen realmente enorme de objetos y excavaron un inmenso pozo, trasladaron todos los objetos hasta ahí, los quemaron… en fin quisieron desaparecerlos".

Pero ¿Cuándo se produjo todo? ¿Por qué los investigadores lo asocian a la última Dictadura Cívico Militar? Para ellos el año 1978, cuando el Instituto regresó al Municipio por parte del Gobierno Nacional, puede ser la fecha clave: desde la cultura material todos los objetos descritos están coexistiendo. Diez años antes o después no hubiera sido posible. 

Aún hoy Schavelzon está seguro que "la intención era asociarlos a lo que nunca existió, borrar el pasado, y obviamente construir un nuevo relato, ya que hasta el nombre del lugar es muy inquietante: Ameghino, pero no por Florentino, si no por Arturo que creía en la expresión segregativa de un control sobre el potencial hereditario de la locura".

Volvemos sobre la cuestión de "hacer desaparecer". Sin dudas tiene una connotación histórica y emotiva muy importante para los argentinos. Le preguntamos a Schavelzon y él responde muy seguro "Obvio, si se lo podía hacer con los seres humanos y hasta sus hijos por nacer, borrar lo que molestaba era lo que seguía en la lista, si es que la había. La idea de encarcelar a los `vagos y mal entretenidos` viene desde la colonia, encerrar a los considerados `locos` fue un tema universal –o subirlos a `los barcos de los locos` y largarlos al océano. Borrar, desaparecer, destruir lo que no concuerda, molesta o contradice. Es la esencia del fascismo de todas clases: la unicidad ordenada, sea el partido único, el líder único o la ideología única".

¿Cuánto tiempo les llevó, a los investigadores, dimensionar lo que este descubrimiento significaba? Schavelzon responde que "Obviamente tardamos en darnos cuenta de lo que era. Al principio y en el apuro desesperante de pelear contra una empresa que, a su vez, pelea contra el tiempo. Peleamos contra el trabajo de máquinas pesadas, el no conocer bien la historia del sitio, lo que mostraba y veíamos era la incongruencia, lo inusitado, lo que no podía ser pero era. En los rescates pasan estas cosas; hay que actuar y guardarse las preguntas para cuando haya tiempo de reflexionar".

Fue todo tan fuera de lo normal que Schavelzon cuenta: "Incluso tuvimos que hacer algo que no era muy ortodoxo desde el punto de vista científico: rescatar un porcentaje calculado “a ojo” (creo que era un 10-15%)  y después calcular los totales; el pozo estaba cortado al medio y ya estaba perdido como el 50% . Pero no había presupuesto, todos eran voluntarios, se hizo lo mejor que se pudo".

Y un día, en algún momento, agrega Schavelzon, "Lo horrible va tomando forma después, en el laboratorio, al ir dimensionando lo destruido y construyendo una hipótesis sobre lo sucedido: eso es lo tremendo, el entender, el comprender nuestra historia enterrada".

Schavelzon analiza el rol de la arqueología urbana ante ciclos históricos tan oscuros "No casualmente nació en el país con el regreso de la democracia. Creo que ha hecho un gran aporte, aún la hace y la seguirá haciendo: abriendo lo oculto, lo escondido y enterrado, mostrando y contradiciendo, recuperando el pasado que se creyó posible de ser borrado, recuperando la memoria. No es el único camino, pero es parte de la construcción de la historia".