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Cómo enfrentamos la cuarentena por Coronavirus

Somos seres sociales por antonomasia, por eso nos afecta tanto el Aislamiento Social Preventivo al que nos estamos enfrentando por el COVID-19. Pero también somos adaptables y capaces de enormes esfuerzos colectivos. Conversamos con el antropólogo Alejandro López, sobre el desafío que nos presenta la cuarentena por el COVID-19.

 

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El ser humano es un primate, grupo de mamíferos que incluye entre otros a los simios y los lémures, y que se caracteriza por su comportamiento social. El desarrollo cerebral es una de las características típicas de los primates. En el caso de los seres humanos, el cerebro y la intensa sociabilidad se constituyeron en dos claves estrechamente relacionadas del proceso evolutivo.

Pese a la presencia de algunos comportamientos egoístas, estas semanas de Aislamiento Social Preventivo Obligatorio nos han mostrado importantes esfuerzos cooperativos en una situación que los requiere con urgencia.

“Desde nuestros orígenes como especie somos esencialmente seres sociales. Lo que quiere decir que toda nuestra experiencia en este mundo es un hecho sociocultural, además de un hecho biológico y físico. No tenemos una única “naturaleza”, inalterable, sino que vivimos de muy diversas formas, en muy diversos tipos de sociedades, con estructuras de relaciones muy distintas, que a su vez cambian en el tiempo”, explicó el antropólogo Alejandro López, investigador del Instituto de Ciencias Antropológicas (UBA-CONICET), con quien pudimos conversar sobre la pandemia.

¿Estamos preparados para una cuarentena?

Las medidas de aislamiento suponen cambios importantes en nuestra vida cotidiana. Pero no es ni la primera ni será la última vez que nos enfrentemos a este tipo de situaciones. Deberíamos recordar que distintas sociedades humanas han atravesado otras epidemias y se han visto obligadas a mantener distintos tipos de aislamiento.

De hecho, en nuestro propio país tenemos muchos antecedentes: en 1867 la epidemia de cólera, en 1871 la de fiebre amarilla, la epidemia mundial de la gripe española en 1918, o la epidemia de polio en 1956. En todos estos episodios se aplicaron medidas de aislamiento.

¿Cómo nos afecta?

Los seres humanos reaccionamos ante la situación de tener que cambiar nuestros hábitos de sociabilidad de maneras muy diversas. 

Que los epidemiólogos llamen a esto aislamiento social, no significa que lo que estamos viviendo sea un aislamiento total, una ruptura completa de nuestros vínculos sociales. No es que desaparecen nuestras relaciones, ya que, aunque se alteran, muchas las continuamos por diversos medios, por ejemplo, los digitales.

A lo que nos estamos enfrentando es a una alteración repentina de nuestras costumbres, nuestros hábitos de sociabilidad. Lo que más se ve afectado, es la presencialidad, el poder estar juntos en el mismo espacio físico con personas con las que solíamos compartirlo. Eso evidentemente tiene un impacto tanto en el orden afectivo, como en la realización de diversas actividades laborales, deportivas y recreativas.

Una epidemia es no solo un acontecimiento biológico, sino también un acontecimiento social, político, cultural y económico. Es por eso que no se puede pensar “cómo nos afecta” sin contextualizar la epidemia en referencia a la enorme diversidad de situaciones sociales, económicas y políticas que tenemos en la Argentina.

Podemos ver esto ya en los detalles más concretos y cotidianos: nuestra edad, nuestro estado previo de salud, cómo es nuestra casa, cuántos viven en ella y de qué edades, si tenemos o no niños o adolescentes, si estamos en un contexto rural o urbano, cuál es la accesibilidad a alimentos e insumos básicos, qué tipo de trabajo tenemos si es que tenemos trabajo, etc. En ese sentido las diferencias y desigualdades que existen en nuestra sociedad implican impactos diferentes del aislamiento y obligan a respuestas y adaptaciones distintas.

La desigualdad de nuestra sociedad se manifiesta de manera más evidente en emergencias como esta, cuyos efectos directos e indirectos van a ser más importantes en los sectores más vulnerables y desprotegidos. Porque la población de mayor riesgo no solo incluye a los adultos mayores sino también a aquellos que tienen problemas de salud preexistentes.

Con los índices de pobreza y desnutrición actuales esto implica que hay grandes sectores de la sociedad que están en una situación sistemáticamente más difícil. Además, son los mismos sectores a los que, dadas las carencias en materia de vivienda y la precariedad o inexistencia de empleo, más difícil se les hace cumplir con las medidas de aislamiento.

Un ejemplo de estas situaciones de especial vulnerabilidad es el de las comunidades aborígenes de todo el país. Otro ejemplo es el conurbano bonaerense. Otra situación especialmente difícil es la de las mujeres y menores en contextos de violencia doméstica. Del mismo modo, los adultos mayores que viven solos constituyen otro sector especialmente afectado.

¿Cuál es el rol del mundo digital en tiempos del COVID-19?

Desde hace tiempo discutimos los efectos de las nuevas formas de sociabilidad a partir de la Web. En este momento de restricción del contacto físico los medios virtuales intensifican su importancia. Estamos presenciando una enorme creatividad cultural empleada en resignificar los diversos medios de comunicación no presencial, desde los teléfonos celulares al WhatsApp, pasando por toda la variedad de recursos de internet, como buscadores, páginas web, tutoriales en video, videoconferencias, teletrabajo, juegos grupales en línea y un largo etcétera. No solo se ha incrementado la cantidad de gente que los usa y la frecuencia con la que lo hace, sino que se están usando de formas novedosas y combinando de maneras innovadoras. Todo ello implica una reformulación de los modos del vínculo social para adaptarlo a estas circunstancias.

Si vemos la enorme cantidad, el enorme flujo de mensajes, de comunicaciones, de interacciones sociales de todo tipo, lo que podemos ver es que no se trata de que las medidas de aislamiento hayan eliminado la sociabilidad, de que se hayan interrumpido los vínculos sociales, sino que estas medidas han llevado a reformular creativamente los espacios virtuales para estar en contacto con otros a pesar de la distancia física. 

Los teléfonos celulares inteligentes han extendido el acceso a este tipo de conexión virtual a muchos sectores que hasta hace poco tiempo no tenías acceso a ella. Pero la extensión e intensidad de dicho acceso depende fuertemente de los recursos económicos. Además, solo algunos tipos de trabajo se pueden realizar mediante la web. En este sentido podemos ver que la forma en que lo digital nos ayuda a superar el aislamiento no es igual para todos los sectores sociales.

El lado b del uso de lo digital en esta pandemia, ligado a un ejercicio más estricto y detallado del control sobre las personas por parte de las instancias de poder, es algo que en Argentina por el momento no nos ha afectado de modo directo. Pero seguramente será en el futuro próximo un tema crucial en la agenda mundial y nos vamos a ver obligados a pensar seriamente sobre ello.

¿Qué estrategias podemos aplicar para enfrentar la situación de aislamiento?

Por lo que decíamos antes, cualquier estrategia que pensemos para afrontar este aislamiento tiene que estar contextualizada. No se puede plantear lo mismo para la enorme variedad de situaciones que tenemos en el país.

Pero una idea general, que se aplica a todos, es la importancia de fortalecer nuestros lazos sociales para enfrentar esta epidemia, comprendiendo el carácter colectivo del problema y de las respuestas que tenemos que darle. No puedo resolverlo solo, no puedo ponerme “a salvo” de manera aislada.

Enfrentar esto socialmente implica reconocer que no nos afecta a todos por igual y atender a esa diversidad de situaciones colaborando en la medida de nuestras posibilidades. Una de las primeras cosas que podemos hacer es cumplir con el aislamiento de la mejor manera posible en función de nuestra situación concreta. La segunda es que al opinar sobre el cumplimiento del aislamiento por parte de otros tengamos en cuenta sus circunstancias particulares. En tercer lugar, más allá de lo difícil y particular de esta situación, recordar que no es la primera vez que nos enfrentamos a situaciones de este tipo posiblemente nos ayude a sostenernos anímicamente. Para esto es crucial mantener el contacto entre nosotros por todas las vías disponibles y ponernos en contacto con quienes están más aislados.

Enfrentar esta situación seguramente implique no solo fortalecer nuestras redes de vínculos sino en muchos casos reformularlas. No sólo para la coyuntura de este aislamiento, sino también en vistas a la situación posterior. Porque sabemos que esta situación crítica se va a prolongar en función del impacto social y económico que ya está generando la epidemia.