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#Quedarseencasa: ¿Qué hacemos con los niños y las niñas?

La situación inédita que nos platea la cuarentena rompen, según la doctora Clara Raznoszczyk Schejtman "la continuidad de los lazos organizadores en la vida cotidiana de los niños y los adultos, reactivando nuestro profundo desvalimiento constitutivo y pueden producir crisis, regresiones y angustias aumentadas que requieren de creatividad y recursos simbólicos y afectivos para paliar los posibles efectos traumáticos". En esta nota, la profesora de la Facultad de Psicología nos da algunas recomendaciones que pueden ser de mucha utilidad.

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La extensión de la cuarentena debido a la pandemia del Coronavirus Covid 19 desafía a los padres a explicarles a sus hijos e hijas que no se trata de vacaciones, las razones por las cuales no pueden salir a jugar a la plaza o encontrarse con amigos, por qué deben hacer sus tareas escolares en casa, encontrar diferentes formas para entretenerlos, y todo esto sin perder la paciencia y la calma familiar.  

Al respecto, la doctora Clara Raznoszczyk Schejtman, profesora regular de la materia "Primera Infancia: De la investigación a la clínica y a la prevención" de la Facultad de Psicología, asegura que  "cuánto más amoroso y estable es el sostén familiar y el contexto social, mayores recursos tendrá cada sujeto para atravesar las adversidades" pero, enseguida, aclara que "Sin embargo, situaciones tan desestructurantes y amenazantes como la que estamos viviendo rompen la continuidad de los lazos organizadores en la vida cotidiana de los niños y los adultos, reactivando nuestro profundo desvalimiento constitutivo y pueden producir crisis, regresiones y angustias aumentadas que requieren de creatividad y recursos simbólicos y afectivos para paliar los posibles efectos traumáticos".

 Raznoszczyk Schejtman resalta que "Los profesionales de salud mental estamos presentes, acompañando desde nuestros lugares este momento".

Algunas sugerencias a pensar en estas situaciones, según  Clara Raznoszczyk Schejtman:

- ¿Qué y cuánto contamos? Es normal que surja la pregunta acerca de cómo tramitar esta situación con los niños, hasta qué punto transmitirles lo que sucede. Es importante saber que cada edad tiene sus necesidades y su comprensión. Cada niño le marca al adulto la “cuota de realidad” que puede absorber. 

- Permitir que los niños se expresen a través del arte y el juego. Los niños procesan la realidad a partir de sus propios esquemas mentales y básicamente a través del juego.  Algunos niños en edad escolar asocian esta pandemia con películas o cuentos de ficción. Podemos alentarlos a escribir sus propios cuentos y dibujos desplegando imaginativamente ideas que permitan de alguna manera recrear los miedos, ya que es posible que los niños pueden negar el riesgo mientras sienten que los adultos los están cuidando y se están haciendo cargo de tomar todas las medidas para preservar a la familia.

- Realizar actividad física.  Ya sea con tutoriales o a través de juegos. Tratar de que en algún momento del día niños y adultos se muevan. Esa descarga física es también psíquica.

- Armar rutinas flexibles. Las escuelas están enviando tareas a cumplir, algunas demasiado exigentes, que generan estrés  en los padres que no son maestros y tienen dificultad en orientar a los niños, por ejemplo, en matemáticas. Encontrar modos más relajados de cumplir las rutinas sin aumentar el malestar  ya existente. Encontrar las fortalezas y debilidades de cada niño y niña y acompañarlos generando nuevos estímulos y aprendizajes.

- Mantener el humor y la risa. Compartir juegos de descarga, de almohadas y cosquillas. La risa libera endorfinas y dopamina, neurotransmisores relacionados con el bienestar. Esto ayuda a no pensar permanentemente en el tema que nos aqueja.

- No dejar que nos abrume la cantidad información. Es necesario, y además un acompañamiento a la crisis que estemos informados, pero si convivimos con niños la exposición constante no permite conectarnos con otros intereses vitales de nuestra vida. 

- No aislarnos socialmente. La recomendación en general de los expertos es limitar el uso de pantallas a niños pequeños. Paradojalmente, esas combatidas pantallas son hoy el único camino para mantener los vínculos. Es importante que los niños utilicen la red para mantener contacto con familiares, pero también que lo hagan con otros niños, que se vean por videollamada, que cuenten sus experiencias, que puedan tener momentos de intimidad con sus amigos, que armen grupos de encuentros. También las pantallas son útiles para ofrecer estímulos a través de juegos en red y películas.

- Los padres deben saber que no están solos. Vivimos una situación que supone una sobrecarga para los padres. Otros adultos que participan en la vida cotidiana de los niños como, por ejemplo, los abuelos, la familia extendida, los maestros y cuidadores, en estos momentos están también aislados. Los psicólogos acompañamos a las familias frente a obstáculos en el desarrollo de las potencialidades de cada niño trabajando con ellos y sus padres. En estos momentos, lo estamos haciendo en forma virtual, creando juegos y diálogos que permitan mantener la conexión y rescatar algo de nuestra perdida vida habitual.


- Encontrar los canales y los modos de comunicación adecuados. Los padres deben mantener la relación con otros adultos fuera de los convivientes, y pueden intercambiar sentimientos, ansiedades, temores y reflexionar acerca de su propio agobio. Pero deben tener en cuenta que, al transmitirles a los niños sus propias ansiedades, estas estén morigeradas para no perder su lugar de referentes de protección y guía.

- No es momento de idealizaciones. Si bien este aislamiento es una oportunidad de encuentros y descubrimientos de nuestros niños y niñas, este no es, ni por lejos, un momento para idealizar. Se producirán momentos de desazón, enojo, irritabilidad, desregulación y necesidad de descarga tanto física como emocional en niños y en padres.