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| INVESTIGACIÓN

La vida después de la pandemia

Filósofos y filósofas alrededor del mundo se han manifestado en torno a los efectos del coronavirus.¿Se asoma una nueva normalidad, otro paradigma, o volverá la vida como la conocemos? Hablamos con Nicolás Lavagnino, filósofo de la UBA, sobre las distintas reflexiones.

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El COVID19 ha puesto en vilo al mundo entero. Sin embargo, hay quienes miran más allá de los acontecimientos y buscan sentidos, conexiones, perspectivas emergentes. Este es uno de los rasgos identitarios de la profesión del filósofo/a: la de permitirse la reflexión, y expedirse rápidamente sobre lo que está ocurriendo. Más aún hoy, cuando parece que lo primero en desvanecerse es el sentido de la vida misma.

Nicolás Lavagnino, filósofo de la UBA, nos invita a hacer un recorrido a través de las diferentes interpretaciones de la pandemia, que se hacen sobre la marcha; y lo valioso de recuperar un rumbo, una sensibilidad crítica, para sopesar la angustia de sentirse a la deriva.

La filosofía alrededor del mundo

Muchos filósofos conocidos se han manifestado acerca de los efectos del coronavirus, como Slavoj Žižek, Byung Chul Han, Roberto Espósito o Giorgio Agamben. El primero en expresarse en torno a la emergencia del virus fue este último, quien en febrero señaló una tendencia creciente a utilizar un régimen de excepcionalidad como forma normal de gobierno.

Sin embargo, su interpretación fue leída y reducida a una subestimación de la peligrosidad del COVID-19, como si se tratara de “una especie de gripe”, y por lo tanto como una excusa utilizada por los gobiernos para limitar las libertades en el nombre de un deseo de seguridad y la urgencia en la salud pública.

Según Lavagnino, la discusión no tardó en polarizarse alrededor del problema del estado de excepción, que pone en contradicción el tema de las libertades con los requerimientos públicos de seguridad, por lo que las intervenciones estatales respecto de las políticas de salud fueron entendidas en detrimento de las libertades individuales”.

Al respecto, comentó: “Podemos decir entonces que tanto por izquierda como por derecha apareció tempranamente el recurso a la figura de un `Gran Gobierno´, o una pesada imposición estatal y junto con ella, y oponiéndosele, una narrativa enfocada al aspecto inevitablemente colectivo de la vida social, el hecho de estar enlazados en las circunstancias que nos toca vivir y que, de cara al carácter común del lazo social, nadie puede realmente encarar individualmente este asunto como mera afectación de derechos particulares de las personas”.

Por otro lado, para otras interpretaciones, el impacto de la pandemia fue tal que obliga a reformular la lógica misma del capitalismo, las contradicciones del sistema. En este sentido, se expresó el filósofo esloveno Slavoj Žižek cuando considera que el coronavirus “detona las epidemias que estaban latentes en nuestra sociedad”, como la explotación, el racismo y las diversas formas de ideología.

En sentido opuesto se manifestó el filósofo surcoreano Byung Chul Han, Negando que el coronavirus haya significado un golpe mortal al capitalismo, a la vez que afirma que refuerza sus dimensiones más totalitarias.

“Según Han, lejos de provocar una `revolución viral´, el virus nos aísla e individualiza, dificultando la generación de vínculos colectivos fuertes. El modelo de control de la difusión pandémica es el de la exacerbación de la vigilancia digital y el recurso a técnicas inéditas de control poblacional”, explicó Lavagnino. Por lo tanto, el efecto de la pandemia se nota en el refuerzo de las desigualdades y en los sesgos más negativos del sistema, con la complicidad de innovadores procedimientos tecnológicos.

Otros pensadores, como Noam Chomsky o la filósofa Judith Butler han puesto el foco sobre las sociedades neoliberales y sus sistemas de salud. “En este marco de maximización de ganancias, como también señaló Han, la muerte se distribuye de acuerdo al estatus social, perforando las bases de la sociabilidad democrática. La privatización de la muerte converge con la privatización de la supervivencia”, resumió el Lavagnino.

Qué podemos ¿esperar? del porvenir

“En circunstancias como éstas emergen las inclinaciones modernas que buscan remontar los fenómenos a causas claramente delimitadas, que pongan más allá de todo umbral de incertidumbre el valor de aquellas preguntas tan kantianas, que pese al tiempo transcurrido, siguen siendo tan propias de la época: ¿qué puedo conocer? ¿qué debo hacer? ¿qué me cabe esperar?”, expresó Lavagnino.

En este sentido,  su reflexión gira en torno la radicalización del estilo de vida junto con la carga de incertidumbre que significa nos produce angustia, ya que se disipa todo aquello que conocíamos como la vida normal. Dada la magnitud del proceso histórico que nos toca vivir, no podemos dejar de preguntarnos por ello y, por lo pronto, sin divisar ninguna respuesta concluyente.

Es decir, la crisis nos presenta una oportunidad para redefinir orientaciones de cara al futuro, a un horizonte, desde la búsqueda del sentido y la pregunta sobre la necesidad de pensar el porqué de lo que nos toca vivir. Esta etapa de difusión pandémica, a pesar de la contingencia en la que parece empaparnos, marca la oportunidad de repensarnos críticamente: ¿qué valoramos y dejamos de valorar, qué pensamos sobre nosotros mismos y nuestro presente tambaleante, y qué futuro, qué sociedad queremos construir a partir de él?

“Creo que cualquier sentido de lo colectivo y de lo individual, cualquier orientación para lo público y cualquier regeneración de lo más íntimo y personal, tendrá que recostarse en este impreciso bamboleo entre la apropiación retrospectiva de los sedimentos culturales que lleguen hasta nosotros, y la clara conciencia de que algo totalmente otro nos está impactando como un efecto de irradiación desde este presente hacia un futuro plagado de innumerables noches de insomnio”, concluyó el filósofo.