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| INVESTIGACIÓN

Investigación del Instituto de Salud Pública y Medicina Preventiva

La pandemia de COVID19 está generando un deterioro cognitivo en la población, lo que incide sobre su desempeño diario, según un informe de investigadores de la UBA  que midió la salud cognitiva de la gente durante los 100 días de aislamiento social.

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El cambio del estilo de vida que supuso la Pandemia de COVID-19 y el consecuente aislamiento social exigió adaptarse a nuevas rutinas y actividades diarias. Investigadores del Instituto de Salud Pública y Medicina Preventiva de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires se propusieron evaluar el impacto que tuvieron estas modificaciones sobre la salud cognitiva de la población adulta, tras 100 días de aislamiento. 

La capacidad cognitiva de una persona se relaciona con la manera en que su actividad mental procesa la información que recibe a lo largo de su día, a través de su percepción y su conocimiento adquirido. Procesos como el conocimiento, la atención, la memoria, la resolución de problemas diarios, cómo los comprenden, la motivación, y la capacidad de fijarse metas cumplen un importante rol para generar estrategias y recursos durante un período excepcional, como el del aislamiento. 

Los investigadores realizaron una encuesta online en la que participaron 1095 individuos de más de 30 años, de los que el 81% son mujeres. Lograron obtener información acerca de su desempeño funcional, es decir, los múltiples sistemas que inciden en la realización de tareas y capacidades cognitivas fundamentales para llevar adelante actividades diarias de manera autónoma y exitosa. 

Como parte de un proyecto UBACyT, fue una propuesta evaluada por el Consejo Superior de la Universidad que selecciona los proyectos que deben acreditarse tras ser convocados anualmente los docentes de las distintas facultades con sus proposiciones de investigación.

El estado cognitivo y la adaptabilidad de la población para superar situaciones poco habituales se encuentra determinado por factores como el contexto geográfico, la ocupación, el nivel educativo y la convivencia con otros, así como también por cuestiones de género y de edad. Estos, influyen en la capacidad de adaptarse de cada uno para afrontar los cambios cognitivos en el tiempo. 

Surgieron hallazgos interesantes, de las que se destacan la sobrecarga de tareas domésticas para el género femenino, la disminución de la actividad física de la gran mayoría de los encuestados, y cómo la población más joven percibe mayores problemas relacionados con la atención y la memoria. Dan cuenta de cuestiones relacionadas a la obstaculización de un pleno desempeño cognitivo. 

Hablamos con Edith Labos, Directora del Laboratorio de Funciones Cognitivas en la Facultad de Medicina, quien estuvo a cargo de la investigación. Al respecto, comentó que el objetivo del informe es: “Poner en evidencia los cambios a nivel psicofísico, cognitivo y emocional en esta nueva modalidad de vida, que nos orienta sobre la magnitud de las consecuencias colaterales de la cuarentena”.

Cambios de hábitos 

La concentración de actividades en el ámbito del hogar es terreno fértil para la sobreexigencia y también para dificultades que los individuos deben sortear constantemente, lo cual impacta negativamente en el estado de ánimo y la motivación de la gente. Esta situación de aislamiento durante un largo período de tiempo pone a prueba su capacidad para adaptarse a los cambios.

En este sentido, Labos expresó: “Por ejemplo, factores  como la ocupación y un alto nivel educativo implicarían una mejor respuesta de adaptación a situaciones nuevas y difíciles que requieran de recursos cognitivos múltiples. Por otro lado, el contexto geográfico con escasas posibilidades o la falta de convivencia con otros impacta negativamente en la salud psicoemocional y cognitiva”. 

Actividades 

Se evaluaron los cambios de diversas actividades, desde las realizadas en el hogar, el manejo del dinero, el uso de la tecnología; hasta la actividad laboral, social y recreativa. Incluso, se tuvo en cuenta la autopercepción de los encuestados sobre su estado cognitivo, lo cual arrojó datos que han resultado ser un hallazgo interesante en el análisis.

La población más joven fue la que más autopercibió mayores trastornos de memoria y atención durante la cuarentena que la población de adultos mayores. Se registró hasta un 20% de decaimiento de las funciones cognitivas. El empeoramiento del estado cognitivo repercute en lo que los expertos llaman sistema ejecutivo, vinculado con la realización de tareas diarias como la planificación de la rutina diaria, el cumplimiento de objetivos y la capacidad de corregir errores. 

“Una  posible explicación sería la disminución de la actividad física y el incremento en el uso de equipos electrónicos, redes sociales, video llamadas y del entretenimiento digital que configuran un perfil distintivo”, dijo Labos. 

Es decir, a pesar de que fue esta población la que mantuvo un alto nivel de actividades exploradas, tales como la escritura, la lectura y entretenimiento digital, merman las funciones cognitivas de la atención y la memoria por una sobrecarga de estas actividades recreativas, como es el de las redes sociales, videollamadas, uso de equipos electrónicos, entre otros.

Resulta interesante que en el informe esto encuentra una correlación con un alto porcentaje de la población que no produce artísticamente, ni realiza actividades físicas. Los porcentajes alcanzan un 40% y un 53,5% respectivamente, por lo que estas actividades disminuyeron notablemente durante la cuarentena. 

Son estas actividades las que juegan un rol fundamental para el funcionamiento mental, ya que no sólo son beneficiosas para la salud física sino también la emocional. Así como un alto nivel educativo y la ocupación permiten al individuo una mejor respuesta de su sistema ejecutivo, son las actividades recreativas y deportivas las que protegen la cognición a través del tiempo, y más aún en un período extenso de aislamiento. Estimulan positivamente el estado del ánimo y disminuye el estrés, la depresión y la ansiedad. 

Aquellos con mejor nivel educativo y ocupacional, hacen un uso más eficiente de los recursos tecnológicos relacionados con uso de sus funciones: como el manejo del dinero a través del homebanking, modalidad online de trabajo y el mantenimiento de actividades intelectuales. 

¿Qué podría ayudar a mejorar la realización de tareas diarias? Labos recomendó: “Dada la intrínseca relación de la memoria y la atención con el sistema ejecutivo sería recomendable activar estos procesos con propuestas tales como recordar las actividades del día y de los anteriores, realizar y recordar listas de compras, organizar tareas, programar y secuenciar actividades, entre otras. Cada uno debe detectar el nivel y tipo de dificultad, y en consecuencia, orientar el mejoramiento funcional. 

Inequidades en las tareas del hogar

Uno de los puntos interesantes en el informe se encuentra relacionado con las actividades domésticas en el hogar. En general, se registró un aumento significativo en esta área en el total de la población. Sin embargo, existe una mayor sobrecarga en las mujeres en las tareas de limpieza, el lavado de la ropa y la preparación de la comida.

Según el informe, esta correlación está fuertemente vinculada con la estructural e histórica vinculación del género femenino con la presión alrededor de la realización de tareas domésticas. De hecho, producto del aislamiento, intensificaron estas labores con respecto a la época previa a la pandemia desde un 54% a un 89%, por ejemplo, en la limpieza. 

Un  54% de las mujeres encuestadas son profesionales y docentes, por lo que queda en evidencia que no solo se dedican a sus tareas intelectuales y profesionales, sino que también redoblan sus esfuerzos para dedicarse a las actividades domésticas. A nivel psicoemocional significó un empeoramiento de su salud psicológica. 

El informe también se remitió a otros trabajos que se realizaron sobre el impacto del aislamiento sobre la población femenina. Un estudio de UNICEF corrobora que las mujeres, en un 68%, son quienes principalmente apoyan a sus hijos en tareas escolares. Esto confirma la extra dedicación y un estrés teniendo en cuenta la cantidad de tareas que realizan sumadas las exigencias domésticas. 

Salud cognitiva

Los resultados expuestos en el informe tuvieron como objetivo dar cuenta de los cambios propiciados por el aislamiento social y obligatorio por la pandemia del COVID-19. En términos generales, se observó una decaída de las actividades de trabajo, sociales, intelectuales, recreativas, entre otras. 

Las consecuencias repercuten de manera directa en la realización de tareas. De hecho, menos de la mitad de los encuestados lograron una planificación de sus actividades, por lo que la disminución de la atención y la memoria comparada a la situación prepandémica, impactó de manera negativa al buen desempeño de actividades complejas de la vida diaria, relacionado con el cumplimiento de objetivos, la capacidad de corregir errores en la ejecución de tareas y la planificación de la rutina. 

Al respecto, Labos comentó: “Es prioritario que cada individuo afronte este desafío desde una perspectiva activa, tanto los que cuenten con buenas condiciones contextuales como de aquellos que no las dispongan. Se debe alentar la búsqueda personal de soluciones para crear una mejor calidad de vida cotidiana. Será de gran ayuda apelar a recursos tales como la información y el conocimiento, la orientación especializada, la interacción social, así como al sostén afectivo emocional y económico”.