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El trabajo de las y los kinesiólogos en las UTI

La pelea contra el coronavirus tiene como protagonistas indispensables a las y los kinesiólogos especialistas en cuidados críticos, quienes en las unidades de terapia intensiva se ocupan del manejo y acondicionamiento del sistema respiratorio y físico de los pacientes, en especial de quienes requieren ventilación mecánica.

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La tarea de las y los kinesiólogos en las unidades de cuidados críticos, está relacionada con la atención respiratoria de los pacientes. Actualmente, dadas las características del covid-19, quienes son ingresados a las Unidades de Terapia Intensiva –UTI- presentan insuficiencia respiratoria y requieren ventilación mecánica. Es entonces, cuando estos especialistas se vuelven imprescindibles, conformando una tríada vital junto a médicos/as y enfermeros/as en el cuidado de estos pacientes tan vulnerables.

Ana Paola Bustamante y María Lucía Giménez son kinesiólogas de planta de la UTI del Hospital de Clínicas, especialistas en cuidados críticos. Ambas coinciden en que los pacientes que están llegando a las terapias intensivas son aquellos con más compromiso de la función respiratoria: “Llegan muy graves y la mortalidad es alta”.

Para dar esta dura pelea y con un número creciente de pacientes, sólo 6 kinesiólogos de planta tienen formación en cuidados respiratorios críticos.

Además de evaluar la función respiratoria de los pacientes, las y los kinesiólogos en UTI se ocupan de la implementación de oxígeno como terapia, de la ventilación mecánica invasiva -por medio de tubos endotraqueales- y no invasiva -por medio de máscaras-.

“Muchos pacientes, además de la ventilación mecánica, requieren de algunas estrategias específicas, como el ser colocados boca abajo, lo que llamamos decúbito prono. Esto contribuye a mejorar su oxigenación”, acota Lucía.

Asimismo, este equipo de especialistas está totalmente involucrado en los cuidados generales de la vía aérea de los pacientes, las terapias de higiene bronquial, toma de muestras de cultivo respiratorias; monitoreo de la ventilación mecánica, y seteo de la misma; la liberación de la ventilación mecánica y retiro de tubos endotraqueales y cánulas de traquetomía (decanulación). También brindan asistencia en procedimientos invasivos, evaluación y tratamiento del delirium y el dolor entre otras tantas incumbencias.

La división de kinesiología del Hospital de Clínicas cuenta con una planta de kinesiólogos, 12 residentes y una jefa de residentes. “Debido a que es una residencia generalista, todos ellos cuentan con conocimientos de cuidados críticos” explica Paola, quien además de estar a cargo de la terapia de planta a la mañana, es instructora de residentes.

Los kinesiólogos de planta tienen diversas especialidades, por ejemplo: rehabilitación en traumatología, en neurología, vestibular, reeducación postura global, etc.

“Sólo somos 6 los kinesiólogos de planta que contamos con formación en cuidados respiratorios críticos, -continúa detallando- por lo que estamos en franca desventaja frente al aumento de la demanda puesta en nuestra función y al gran incremento del número de pacientes” agrega.

Los pacientes que requieren más atención de esta especialidad son todos aquellos que necesitan ventilación mecánica, situación que no se da exclusivamente en pacientes con Covid o con enfermedades respiratorias, sino que existen muchas patologías que no se originan en el sistema respiratorio, pero que, sin embargo, requieren de la intubación y sedación del paciente para poder tratarlas.

Para intentar paliar de una mejor manera esta situación, las profesionales cuentan que durante la pandemia se incorporaron al Clínicas, 5 kinesiólogos de guardia, lo que representa una persona más algunos días para la atención de los pacientes.

La pandemia, un enemigo desconocido

Cuando comenzó a extenderse el Covid-19, primero en Asia, luego en Europa, los profesionales de nuestro país y del resto del mundo comenzaron a tomar nota sobre protocolos, tratamientos y cuidados. ¿Cómo se prepararon particularmente estos especialistas?

“Primero realizamos búsquedas bibliográficas, revisamos a diario artículos científicos, presenciamos conferencias web, armamos protocolos de trabajo y nos entrenamos para colocarnos y retirarnos el equipo de protección personal”.

Una particularidad que mencionan las profesionales es la dificultad con la que se trabaja con el equipo de protección: “Es muy incómodo, lo que hace que después de un tiempo tengamos que salir de las salas a tomar un descanso” se lamenta Luciana, quien además, destaca que: “Otro punto, no menor, es el riesgo al contagio que supone la atención de estos pacientes, no solo para el personal, sino para las familias” y repiten una y otra vez que lo peor es la gravedad con que ingresan los pacientes y la alta mortalidad.

Aunque las secuelas a causa del coronavirus aún son desconocidas en detalle y en su totalidad, la sola internación en UTI marca notoriamente a quienes logran superar esta instancia: “La internación en terapia intensiva deja secuelas no solo en el cuerpo, como la debilidad y la pérdida de musculatura de miembros y de los músculos respiratorios, sino también secuelas como ansiedad, depresión y trastornos cognitivos”, cuenta Bustamante.

“Además, presentan dolores relacionados a la inmovilidad, a los procedimientos realizados y a la enfermedad misma. La mayoría de los pacientes con estancia prolongada tiene un deterioro importante en su calidad de vida”.

La rehabilitación de los pacientes en las UTI

Las profesionales especialistas agregan que, dadas las secuelas de la internación en cuidados críticos, la rehabilitación de los pacientes debe comenzar en las UTI: “Una vez que se suspende la sedación y los pacientes despiertan, la idea es comenzar con movilización activa, que recuperen la sedestación -capacidad de sentarse- y la bipedestación -mantenerse en las dos piernas-, además les damos apoyo de reorientación en tiempo y espacio y ejercicios cognitivos, si así lo requieren”.

Destacan, además, que siempre es importante saber qué hacía el paciente antes de la internación. Luego evalúan sus condiciones en la Terapia Intensiva, la cual varía día a día, y planifican una estrategia para iniciar la rehabilitación motora.

El tiempo que requieren las personas para recobrar su integridad física depende de factores múltiples y varía de una persona a otra. Siempre es muy importante la condición previa a la internación, la edad, el estado de fragilidad o vulnerabilidad a sufrir los efectos de la UTI, la gravedad de la causa que motivó su internación, otras enfermedades coexistentes, estancia hospitalaria, necesidad de ventilación mecánica, infecciones, diversas drogas (medicación) etc.

Los cuidados, las necesidades y la responsabilidad individual

Para finalizar, las kinesiólogas especialistas en cuidados críticos, Paola Bustamante y Lucía Giménez, se refirieron a los números cada vez más altos de internaciones y muertes por Covid-19 y, en contraposición, el aislamiento cada vez más endeble.

“Entendemos las necesidades de las personas tanto económicas como sociales, pero es un momento para apelar a la responsabilidad personal para que se queden en sus casas si no tienen que salir; que extremen los cuidados que ya todos conocemos, pero que no todos cumplen. Nosotros hacemos lo mejor que podemos, pero tenemos un límite físico y emocional”.

En este punto, las profesionales se refirieron a una particularidad que seguramente deberá ser tenida en cuenta en el futuro: la falta de especialistas en cuidados críticos. Esta especialización supone terminar la carrera de grado, luego de manera opcional, la residencia (de 3 a 4 años), luego la especialización de 2 años, que requiere cumplimentar horas en UTI, lo que totaliza casi 12 años de formación.

Actualmente no hay una normativa que obligue al kinesiólogo de terapia intensiva a ser especialista, lo cual se vuelve un perjuicio para el paciente y una necesidad evidente ante la crisis actual, debido a que se han convocado kinesiólogos, pero pocos son los que cuentan con dicha especialidad.

A pesar de las malas experiencias, muchas son las certezas que está dejando la pandemia, una de ellas es la entrega incondicional de nuestros profesionales de la salud y, más incuestionable que nunca, el reconocimiento social, que hoy continúa pendiente.