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| INVESTIGACIÓN

Arqueología del conflicto en Latinoamérica

La guerra deja marcas en nuestra sociedad que pueden estudiarse para comprender nuestro pasado y presente. Una de las formas de encarar el tema es a través de la arqueología del conflicto o de los campos de batalla, es decir, estudiar los restos materiales que quedan atrás, y qué nos pueden decir sobre las sociedades que se enfrentaron.

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Se acerca el 20 de noviembre, Día de la Soberanía Nacional, en el que se conmemora la batalla por de la Vuelta de Obligado, ocurrida el 20 de noviembre de 1845, en la que la Confederación Argentina se enfrentó a las flotas de Inglaterra y Francia, dos potencias mundiales, en defensa de la soberanía de nuestros ríos. Un evento clave en nuestra historia, que puede estudiarse de diversas formas: una de ellas es por los registros históricos, y otra es por los restos materiales que quedaron tras la refriega.

Allí es donde entra en juego la antropología y la arqueología del conflicto, que se dedican a estudiar las formas en que los seres humanos hemos resuelto disputas desde otros puntos de vista. Sobre el tema conversamos con el arqueólogo Carlos Landa, investigador del Instituto de Arqueología, de Facultad de Filosofía y Letras, UBA/Conicet.

¿Qué serían los estudios antropológicos y arqueológicos de la Guerra?

Las sociedades, a lo largo de sus historias y en la actualidad también, han dedicado una enorme inversión de energía, imaginación y esfuerzo en generar, mantener o terminar sus disputas. Es por ello que la violencia, el conflicto y su manifestación colectiva: la guerra, han sido tópicos abordados por las Ciencias sociales y humanas -entre ellas la Antropología y la Arqueología- con mayor o menor profundidad, desde sus albores.

Estos estudios, en sus distintas formas, han experimentado un importante desarrollo a partir de la década del 90 del milenio pasado, adquiriendo popularidad tanto en el medio académico como fuera de él.

¿Cuál sería la mirada antropológica de la guerra?

Las Ciencias antropológicas han abordado problemáticas relacionadas con el surgimiento y desarrollo de la guerra y otras formas de violencia socialmente organizada en una amplia diversidad de contextos temporales y espaciales, así como también su vinculación con el impacto y efectos de estos fenómenos en la historia y organización de las sociedades.

Entre las múltiples prácticas de la guerra que pueden abordarse destacan: su materialidad y espacialidad, la concepción del teatro de operaciones como performance, su inscripción en el tanto en el cuerpo del guerrero como en el social, su ritualidad, su rol en los procesos identitarios, su anclaje en la memoria colectiva e individual, sus efectos traumáticos, entre tantos otros temas. Estos abordajes permiten desarrollar una mirada que haga foco tanto en lo particular de cada cultura en relación con la guerra como en su comparación.

¿Cómo se estudia la guerra desde la arqueología?

En plena e integral relación con la Antropología, la Arqueología estudia estas temáticas en sociedades del pasado a través de sus restos materiales. Para ello utiliza, siguiendo con la metáfora bélica, un arsenal de técnicas específicas: software de análisis espacial, herramientas de teledetección tales como fotografías e imágenes provistas por aviones, drones o satélites, instrumentos de prospección geofísica, con georradares, geomagnetómetros, detectores de metal, etc.; excavaciones, análisis arqueométricos de los materiales hallados, etc.

¿Cuál sería un ejemplo de caso de estudio de campo de batalla?

América Latina y específicamente nuestro país, han experimentado un crecimiento notable en la producción académica de estudios arqueológicos de campos de batalla desde la década del 2000 en adelante. Esta situación queda manifiesta en los dos libros que junto a mi colega cubano Odlandyer Hernández de Lara publicamos en 2014 y recientemente en 2020: “Sobre campos de batalla: arqueología de conflictos bélicos en América Latina” y “Arqueología en campos de batalla: América Latina en perspectiva”.

En mi caso he trabajado en varios sitios arqueológicos de campos de batalla de nuestra historia, entre ellos: Vuelta de Obligado (20 de noviembre de 1845) bajo la dirección del Dr. Mariano Ramos (PROARHEP-UNLu-CONICET) y bajo mi dirección en conjunción con otros colegas, la batalla de La Verde (26 de noviembre de 1874). Tanto en uno como otros pudimos desarrollar metodologías creativas que posibilitaron comprender cuestiones vinculadas con las dinámicas de cada batalla y generar información muchas veces no contemplada en la documentación histórica existente.

¿Cómo han estudiado el campo de batalla de Vuelta de Obligado?

Si bien la batalla de Vuelta de Obligado ha sido estudiada a lo largo de 20 años por Mariano Ramos y su equipo (PROARHEP, UNLu) del que orgullosamente formo parte, durante la pandemia realizamos campañas de rescate, expeditivas y con todos los permisos pertinentes, a raíz de la bajada histórica del río Paraná, algo que no ocurría desde 1970.

Desde el mes de agosto a noviembre de este año realizamos cinco campañas arqueológicas. Esto lo disparó el hallazgo fortuito por parte de un pescador de unas cadenas ubicadas en cercanías de donde los documentos históricos las ubican dentro del sistema de defensa planteado por el general Norberto Mansilla para enfrentar a las naves y tropas anglo-francesas que venían remontando el río.

En dichas campañas, se geo-posicionó el hallazgo, fueron registrados los dos segmentos de eslabones, medidos y se extrajeron muestras para análisis. Si bien la idea, en una primer instancia, era poder extraerlas completamente para poder analizarlas y comprender mejor así las formas en que se fijaron las defensas, hacerles los tratamientos de conservación pertinentes y poder destinarla al museo de sitio de la comunidad de Obligado; las primeras cuatro campañas no lograron el cometido por razones climáticas y logísticas.

Sin embargo, a principios de noviembre un equipo, del que no pude participar, logró hacer la remoción de la cadena, contando un segmento de 38 eslabones con restos de cementación y fijados a un maderamen, todos elementos que serán debidamente analizados. La ubicación, forma y medidas de los eslabones posibilitan pensar que podrían tratarse de las cadenas que contuvieron a las fuerzas invasoras.

¿Cómo están trabajando en estos tiempos de Pandemia?

Trabajar en pandemia ha sido una experiencia construida en un escenario de plenas incertidumbres, desde los aspectos pedagógico, soy docente del CBC-UBA, a los de campo. Las actividades vinculadas con la investigación se centraron más en los aspectos de procesamiento de datos y escritura, cuestiones que pueden realizarse remotamente desde un computador.

Por mi parte, fui un afortunado, pues hice tres salidas de campo vinculadas con el hallazgo del que hablábamos antes. Estas se hicieron en forma expeditiva, siguiendo los protocolos adecuados y con los permisos pertinentes. Se pudo registrar el hallazgo, realizar mediciones así como asegurar su conservación y custodia.