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Orquesta Académica del Colegio Nacional de Buenos Aires Día de la Música

Cada 22 de noviembre, desde 1594, se celebra el Día de la Música en homenaje a la patrona de la música, Santa Cecilia. En un año que desafió a todo el mundo, a las y los músicos se les presentó como una manera distinta de compartir y aprender nuevas formas de producirla.

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Para los músicos y músicas, este año, celebrar un Día de la Música en pandemia se vuelve peculiar. Más aún para las orquestas, cuya esencialidad se encuentra en la contención del grupo y la sintonía entre varios instrumentos. Este es el caso de la Orquesta Académica del Colegio Nacional de Buenos Aires, que desde el comienzo de la pandemia y el consecuente aislamiento social, no pudieron compartir la experiencia de la clase orquestal. Sin embargo, encontraron las vías para no abandonar sus prácticas y los ensayos, a fin de continuar, aún de manera distinta, con la dinámica de las clases.  

La Orquesta Académica cuenta con alrededor de veinte integrantes, entre alumnos, egresados y estudiantes externos de otros colegios que ensayan y disfrutan de hacer música en conjunto.

Antes de la pandemia de COVID-19, los sábados, de las dos a las seis de la tarde, la orquesta de repertorio académico del CNBA se reunía para dar comienzo a sus clases. Hoy, insertos en otro panorama, lo hacen de manera virtual y de manera ininterrumpida, en un estilo de vida que se vive hoy a través de pantallas. 

Hablamos con Mariana Ferrer, directora de la orquesta y profesora de cello, y Mariana Alvarez Clemente, asistente y profesora de violín, quienes, desde el principio, se vieron en la necesidad de situar las clases de instrumentos y prácticas orquestales en el ámbito de las interfaces educativas virtuales. 

Además, alumnos de la Orquesta tuvieron la oportunidad de comentarnos acerca de su experiencia musical virtual, cómo la fueron sorteando a través de los meses y de qué manera transformó su vínculo con sus propios instrumentos y la música.

El sentimiento de la música  

“Quizás el contexto de la pandemia vuelve aún más especial el día de la música, porque nos invita más que nunca a reflexionar sobre lo importante que es la música en nuestro día a día, cuando la tenemos y cuando nos falta. Nos invita a ver cómo podemos seguir haciendo música y compartirla con otros, y por qué necesitamos hacerlo”, expresó Mariana Ferrer. 

Según la directora de la Orquesta, sortear la virtualidad fue un hecho factible, a pesar de lo difícil que puede presentarse como una nueva experiencia pedagógica.. Sin embargo, no reemplaza la música producida en tiempo real. “Es lo que más se extraña. En las clases virtuales podemos escucharnos e imitarnos, pero no tocar al mismo tiempo. Cuando hacemos música juntos no solamente prestamos atención a lo que tocamos individualmente sino que ante todo estamos pendientes de lo que tocan los demás y nos unimos a eso, tener ese tipo de experiencias es una gran motivación que nos ayuda a crecer como músicos”, comentó Ferrer.

De hecho, sobre este tema también volvieron los alumnos. Uno de ellos, Lorenzo, integrante de la Orquesta y violinista, expresó: “Está bueno haber podido trasladar las clases a lo virtual. Las clases las seguimos teniendo. Pero, por temas de delay, no es lo mismo, no se puede ensamblar la música y eso perjudica un poco. Pero se lleva bien”.

Aprender y hacer música en modalidad virtual 

La Orquesta Académica del Colegio Nacional de Buenos Aires ofrece clases de violín, viola y cello, instrumentos de los cuales los estudiantes no necesariamente precisan conocer tocarlos para iniciarse en el camino de la práctica orquestal, actividad intrínsecamente grupal y miscelánea. Incluso, se les provee de los instrumentos de manera gratuita en caso de ser necesario. 

Desde marzo, con el comienzo de la cuarentena y el aislamiento social obligatorio, la virtualidad obligó las anteriores prácticas grupales a virar hacia clases más personalizadas e individuales, así como también trabajan con obras y estudios elegidos de manera específica para cada estudiante y el repertorio de la Orquesta. 

En mayo agregaron clases grupales de lenguaje e historia musical, lo cual resultó en una ampliación de conocimiento formativo, que, antes de la pandemia no se lograban dar. 

Mariana Ferrer, directora de la Orquesta, comentó al respecto: “Si bien la actividad musical es principalmente presencial, encontramos que, gracias a que no había problemas de conectividad, y que la actividad académica normal del colegio se vio disminuida, podíamos dedicarle tiempo a cosas que en la vorágine del calendario institucional se nos complicaba más, como clases individuales y personalizadas, con horarios más flexibles”. 

Por lo tanto, a pesar de lo difícil que puede ser la virtualidad en un contexto tormentoso, significó un sustancial cambio de lógicas pedagógicas y de dinámicas de enseñanza, con aspectos beneficiosos. Amoldarse a ellas implicó desafíos nunca antes planteados y a los que tuvieron que adaptarse, pero a los que también han podido aventajar. 

De hecho, Mariana Alvarez Clemente, asistente de la Orquesta, se pronunció sobre el desempeño de los estudiantes estos últimos meses: “Noto un compromiso firme con las clases de instrumento, y grandes avances. ¡Hay varios estudiantes con asistencia perfecta! Creo que son conscientes de que logran progresos con su instrumento y eso les motiva a seguir estudiando, a conocer más obras y a desarrollar más recursos técnicos y musicales para interpretarlas”. 

Estudiantes y artistas 

Para los estudiantes, la pandemia signficó un reto para seguir aprendiendo y seguir incorporando mejoras en sus habilidades a través de las clases virtuales. 

“La música, para mí, volvió más llevadero transitar la pandemia. Ayudó mucho porque me encontré con momentos de ya no saber qué hacer para pasar el día”, dijo Lorenzo, de segundo año, integrante de la Orquesta desde ya hace un año.  

Dante, también integrante de la Orquesta, violinista, compositor y estudiante de tercer año, nos contó sobre la experiencia: “Yo estoy en la Orquesta hace dos años y medio. Siempre fue un momento de paz el juntarse a tocar, en el que no sólo hacemos música si no que también estamos entre amigos. En este contexto particular, las profesoras se organizaron muy bien, porque no perdimos ni una clase. Tengo que destacar que podemos, ante todo, seguir conectándonos”, contó