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Educación y Dictadura

Hace 45 años, el golpe cívico militar en nuestro país dio inicio a una triste etapa que golpeó fuerte todo el sistema educativo argentino, y fundamentalmente, a la Universidad de Buenos Aires, donde se implementó un proyecto represivo que marcó y dejó huellas imborrables. A 45 años del golpe y en el año del bicentenario de la UBA, seguimos haciendo memoria.

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Con miles de desaparecidos como la más dolorosa secuela, la intervención cívico militar en la Universidad de Buenos Aires marcó a toda una generación que aún hoy, está siendo reparada. Para analizar algunos datos, la matrícula de la Universidad de Buenos Aires que en 1976 contaba 146.909 alumnos, en 1983 descendió a 106.793, pasando por un número aún más bajo en 1982, de 102.766 estudiantes.

Pablo Pineau, Doctor en Educación de la Universidad de Buenos Aires, y profesor titular de Historia de la educación superior argentina y latinoamericana da cuenta de las características que asumió la dictadura en el círculo universitario argentino: “La dictadura se ensañó, sobre todo, con los jóvenes universitarios. Si uno mira los porcentajes de desaparecidos uno puede ver que la franja etaria más golpeada fue la juventud, que coincide con la universitaria: esto es aplicable a toda la comunidad: docentes, nodocentes, estudiantes. El golpe fue durísimo”.

De acuerdo a una investigación realizada por Guadalupe A. Seia, Doctora en Ciencias Sociales, y profesora de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, el Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado (RUVTE), registró 1.086 detenidos-desaparecidos o asesinados que estudiaron en la UBA, habiendo finalizado o no su carrera. De los cuales 904 casos son considerados estudiantes, 74 como ex estudiantes y 108 como graduados/as. Es decir, según esta base de datos el 90% de estas personas no habían concluido sus estudios en la UBA al momento de su secuestro o asesinato.

“Lo que se implementó fue un proyecto represivo que intencionalmente diferenció represivo de autoritario” –refiere Pineau- “cuando hablamos de una acción represiva nos referimos por un lado a una clara intencionalidad y participación, esto es cuando hay un acto represivo el que reprime sabe que está reprimiendo; el que es reprimido, lo sabe. Hay intencionalidad, hay conciencia del hecho, Y también se utiliza la fuerza física. No es solamente una cosa psicológica, sino que se apela a la fuerza física, que va desde la quema de libros hasta la desaparición forzada de personas”.

Según analiza Seia, “La re-instauración de pruebas de ingreso que rechazaban en promedio al 50% de los aspirantes a ingresar contribuyó primero a un brusco de descenso, y luego, al estancamiento de la matrícula de las universidades públicas. Paralelamente creció el número absoluto y relativo de inscriptos en las universidades privadas y en los institutos terciarios no universitarios”.

Despolitización universitaria

Además de las políticas represivas, la dictadura llevó a cabo diversas tácticas: llegó el arancelamiento, se cerraron carreras enteras, en especial de ciencias sociales; hubo expulsión y cesantía de docentes, censura de libros y finalización de prácticas de extensión universitaria. “Se intenta volver atrás con todos los avances de los últimos 20 años en la universidad, sobre todo el fenómeno de alta politización y de la apertura democrática que había tenido la universidad del 73 al 75”, acota Pineau.

Pablo Buchbinder, Doctor en Historia de la Universidad de Buenos Aires, profesor en la Facultad de Filosofía y Letras y de Ciencias Sociales de la UBA, en un análisis acerca de dos de los rectores interventores que tuvo la UBA en esos años, Lucas Lennon y Alberto Rodríguez Varela, concluye que, tras el análisis de las trayectorias, las intervenciones públicas y discursos de ellos en el período de su rectorado al frente de la UBA, se advierte una profunda impronta católica que impregnaba la concepción del orden político social y educativa de ambas figuras, aunque “no se advierte en ninguno de los dos casos la intención de avanzar en un proceso de politización o de adoctrinamiento intenso en el orden universitario en su conjunto, sino más bien, lo que puede advertirse es cierta voluntad de asegurar la “despolitización” como estrategia hacia el interior de la Universidad”.

En su análisis, Buchbinder también percibe la necesidad de las autoridades de entonces de “sostenerse en un orden jerárquico revelando así, ambos personajes, su profunda hostilidad a las tradiciones universitarias reformistas provenientes de 1918. Esta perspectiva jerárquica constituyó uno de los ejes centrales con el que ambos percibieron al mundo universitario.

Resistencia y democracia

“Obviamente, siempre hubo espacios de resistencias durante todo el período de dictadura”–destaca Pablo Pineau-. “Existió lo que se llamó la universidad de las catacumbas, los grupos de estudio, los centros de estudiantes que funcionaban clandestinamente, algunas publicaciones. Hubo una universidad, hubo algo de lo que venía previo que pudo ser conservado y mantenido, esperando poder volver a salir a la luz”

Según Pineau, “Todo cambia con la reapertura democrática, la década del 80 se la considera una edad de plata del modelo reformista, se elimina el examen ingreso, se elimina el arancelamiento; se eligen las autoridades y se vuelve al ingreso irrestricto con la creación del Ciclo Básico Común”.

El especialista apunta que la transición costó mucho. “La democracia, contra el modelo represivo y bestial trató de ir por el camino legal, lo cual está bien, pero llevó mucho más tiempo y quedaron ciertas marcas. Además, se dio de manera diversa en los diferentes ámbitos, tanto es así que, por ejemplo, en el modelo académico de los colegios universitarios, si bien sin lugar a dudas tuvieron una apertura democrática importante con los centro de estudiantes, la participación estudiantil, la vuelta de profesores cesanteados, en gran parte, el modelo académico que la dictadura del 76 arrastraba aún de antes, se mantuvo”.

Reparación histórica

Desde el retorno a la democracia en 1983, la Universidad de Buenos Aires ha sido un actor principal en la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Desde entonces, entre otras iniciativas, se ha venido trabajando en la recuperación y reparación de los legajos de los estudiantes, profesores y nodocentes detenidos-desaparecidos y/o asesinados durante la dictadura militar.

En 2016, al celebrarse el 40º aniversario del golpe, durante la actual gestión del rector Barbieri y por resolución 4657/16 del Consejo Superior, se comenzó a trabajar de manera homogénea, articulada y en conjunto con las unidades académicas y se hizo extensivo a todas las dependencias de la Universidad.

La recuperación y reparación de los legajos de los desaparecidos de la UBA ha sido un largo proceso que comenzó de manera formal e informal a través de las cátedras libres de derechos humanos. Esta experiencia, e incluso los listados que aportaron los familiares, fueron el primer insumo para el proceso de recuperación.
En un principio comenzaron a trabajar las Facultades de Agronomía, Arquitectura, Sociales, Exactas y Filosofía y Letras.

A partir de 2016, la Dirección de DDHH participó y participa del proceso reparación, conjuntamente con el resto de las unidades académicas. En el caso de los colegios secundarios, la competencia fue originaria del Rectorado y el trabajo se llevó adelante de manera directa y en articulación con el personal nodocente, estudiantes y autoridades de los tres colegios secundarios dependientes de la Universidad.

Hoy, a 45 años del golpe cívico militar en la Argentina, la Universidad de Buenos Aires, recuerda a sus desaparecidos y acompaña la campaña #PlantamosMemoria.