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“Toda clase debería ser un escenario donde poner en juego la tecnología”

Conversamos con Mariana Maggio, Doctora en Ciencias de la Educación y directora de la Especialización y Maestría en Tecnología Educativa de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Es autora del libro Reinventar la clase en la universidad.

¿Cuándo y cómo surge el campo de la Tecnología Educativa?

–Es en la década del 50 donde nosotros ubicamos lo que se reconoce como el nacimiento formal del campo: se empieza a hablar de modo sistemático de tecnología educativa como área de conocimiento. A lo largo de las décadas del siglo XX, las tecnologías, muchas de ellas asociadas a los medios de comunicación de masas, fundamentalmente la radio y la televisión, empiezan a ser vistas como algo que puede traer soluciones al sistema educativo: bien como tecnologización de todo el sistema, a los efectos de hacerlo más eficiente, según una perspectiva, o bien como un aporte a los problemas de la enseñanza y el aprendizaje, desde otra visión. Surge aquí lo algunos autores denominan “la variable mágica”: la tecnología viene a resolver todos los problemas de la educación. Esto no es así. Primero, nunca se demostró; segundo, nos conduce a una visión bastante sesgada del campo: la tecnología vista como algo que trae soluciones instrumentales y tecnicistas, luego de la cual nos quedamos con una gran frustración.

¿Cuándo incorporan en la Argentina las tecnologías en educación?

–Fundamentalmente, hay un gran empuje en década del 70 desde los organismos internacionales para financiar proyectos de tecnología educativa en Latinoamérica en el marco de las discusiones sobre el desarrollo. Hubo políticas nacionales que estuvieron cercanas a esas versiones. En la Universidad, sobre todo cuando comienzan a desarrollarse las corrientes críticas en Latinoamérica que reconocen que hubo proyectos muy democratizadores vinculados a la tecnología, como por ejemplo la radio educativa en sectores rurales, los programas de educación a distancia, empieza a rescatarse el sentido democratizador de las propuestas educativas que incluyen tecnología y, por otro lado, empieza la refundación del campo. Eso ocurre en la UBA, de la mano de Edith Lewin, que fue mi maestra, y creó en 1986, junto a Alicia Camilloni, el Programa UBA XXI. Se trataba de una propuesta profundamente democratizadora en lo que se refiere al acceso al Ciclo Básico Común (CBC) de la UBA. Esto es, usa la tecnología en beneficio de una democratización de la educación. Litwin, junto a su equipo y otros colegas de Latinoamérica, inicia estos procesos de revisión crítica que nos llevan a hablar de una reconceptualización del campo: la tecnología educativa considerada como un área de conocimiento que genera investigación sobre prácticas de la enseñanza que incluyen tecnologías, que piensa en perspectivas de vanguardia, con una matriz absolutamente crítica, y que a la hora de pensar políticas e instituciones lo que busca es profundizar procesos de democratización.
El cambio de siglo nos trajo las tecnologías de la información y la comunicación, y eso nos obligó a repensar todo. Con la generalización del acceso a internet, comienza lo que en términos de Castells, llamaríamos “sociedad de la información” y luego la “sociedad red”. En ese cambio siglo explotan las TIC. Hacia el 2010 esto vuelve a cambiar de tono con la implementación en la región de programas de acceso como Conectar Igualdad en Argentina o el Proyecto Sarmiento en la Ciudad de Buenos Aires. Ya estamos hablando de lo que yo denomino ambientes de alta disposición tecnológica. La gran pregunta es cómo estos ambientes configuran oportunidades para enriquecer las prácticas de la enseñanza.

¿Qué viene a aportar esta maestría?
–En primer lugar, aporta un análisis crítico de la historia, lo que nos evita repetir algunos errores del pasado, como pensar que la tecnología es una variable “mágica” que resuelve todos los problemas del sistema educativo. En segundo lugar, que no se cometan errores conceptuales, como creer que la compra de computadoras mejora automáticamente el resultado de los aprendizajes. Por último, aporta un universo de posibilidades a partir del cual la escena de alta disponibilidad tecnológica puede generar prácticas más ricas, más complejas, más profundas, más inclusivas, más democráticas…

¿Cuál es el perfil del estudiante?
–Este es uno de los aspectos más interesantes de nuestro posgrado: no es una maestría dirigida sólo a gente de las ciencias de la educación. Participan profesionales e investigadores de ciencias de la comunicación, arquitectos, diseñadores, especialistas en didácticas específicas, etc. Además, los maestrandos tienen diferentes roles en el sistema educativo: algunos, por ejemplo, son docentes que realizan investigaciones en sus propias facultades o universidades, otros son funcionarios del sistema o están llevando adelante procesos de formación docente de manera sistemática en las provincias argentinas. Entonces la maestría, con este universo tan diverso y tan interesante que conforman sus maestrandos, configura escenarios para pensar la tecnología educativa en la Argentina como un campo de vanguardia, que no sólo está mirando el pasado críticamente y buscando configurar mejores oportunidades en el presente, sino que también piensa en el futuro desde una perspectiva de diseño: qué prácticas de la enseñanza queremos en los próximos 10 años.
Creo que aún estamos retrasados en esto: en pensar que toda clase debería ser un escenario donde se ponga en juego la tecnología, ya sea presencial o a distancia, sea en primaria o secundaria, grado o posgrado, aún estamos lejos de que eso pase. Yo publiqué Reinventar la clase en la universidad, que habla de la matriz profunda, clásica, que sigue teniendo la clase universitaria. Los docentes estamos largas horas parados explicando: cuando creemos que hemos explicado lo suficiente lo que en realidad hemos hecho es ofrecer ejercicios de aplicación y después la verificación en la evaluación: esto no resiste más. Hay una colisión entre una matriz de pedagogía clásica, que sigue siendo hegemónica, y una escena de vanguardia donde las tecnologías atraviesan de modo tan complejos la construcción del conocimiento disciplinar que vuelven urgente la revisión de las prácticas de enseñanza.

¿Cuál es la infraestructura técnica con que cuenta la facultad para llevar adelante esta maestría?

–Con respecto a la Facultad de Filosofía y Letras, lo importante es mencionar que cuenta con un área dedicada a dar apoyo a las cátedras y a los posgrados en materia de informática.  Tenemos también nuestro campus virtual, en el que se trabaja desde muchos años, con apoyo ténico a los docentes para que podamos generar nuestras propuestas. Además, contamos con el Centro de Innovación en Tecnología y Pedagogía (CITEP) de la UBA.

¿Cuál es el perfil del egresado?

–Se trata de una maestría académica y conduce a la realización de una tesis: esto es para nosotros absolutamente fundamental, porque creemos en la construcción de conocimiento en el campo. Las tesis están construyendo investigaciones sistemáticas y proyectos claves de tecnología en el país como, por ejemplo, Conectar Igualdad. Creo que tenemos mucho más conocimiento construido sobre estos temas en esta maestría que ninguna otra organización en el país. Por otro lado, estos maestrandos tienen diferentes perfiles, en algunos casos son funcionarios o equipos técnicos en sus jurisdicciones o asesores pedagógicos en sus facultades. Entonces, se van a trabajar a sus organizaciones como tecnólogos y tecnólogas educativas. Y pueden generar un proyecto de tecnología educativa en la organización donde estén, de vanguardia; pueden evaluar los proyectos existentes, y además articular esfuerzos con otras organizaciones, que esto es algo que también construye la Maestría: redes, movimientos.


Mariana Maggio

Dra. en Ciencias de la Educación.
Directora de los posgrados a distancia: Especialización y Maestría en Tecnología Educativa.
Docente de la materia Fundamentos de Tecnología Educativa, Carrera de Ciencias de la Educación, Facultad de Filosofía y Letras, UBA. Es autora del libro Reinventar la clase en la universidad.
 

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