Dengue

 Según el Ministerio de Salud de la Nación, en lo que va del año ya se confirmaron más de 140 casos en la Argentina. Varios de ellos son autóctonos. Investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales trabajar en la prevención de la propagación de la epidemia o, por lo menos, lograr que su extensión sea lo más pequeña posible

Una vez más, el dengue se propaga por nuestras latitudes. Según el Ministerio de Salud de la Nación, en lo que va del año ya se confirmaron más de 140 casos en la Argentina. Varios de ellos son autóctonos, es decir, de personas que se contagiaron en su zona de residencia, lo cual significa que el virus ya está “volando” por nuestro territorio transportado por el mosquito Aedes aegypti, vector de la enfermedad.

Para intentar interrumpir la transmisión del virus, se pueden tomar diferentes medidas. Por un lado, disminuir la población de mosquitos mediante la fumigación con insecticidas -que mata a los insectos adultos- o la “descacharrización”, que elimina los criaderos. Por otro lado, se puede aislar a la persona infectada -que porta el virus en su sangre- para evitar que ésta sea picada por un mosquito, el cual así podría “llevarse” consigo las partículas virales que infectan al paciente y continuar la circulación de la enfermedad.

Pero la eficacia de estas medidas depende de muchas variables. Entre ellas, la velocidad con que se detecta un caso, las medidas que se toman con ese paciente, la eficiencia del método de fumigación o la calidad del insecticida.

Con el fin de analizar el impacto de las diferentes acciones de salud y de control del mosquito durante un brote de dengue, un equipo de investigadores del Departamento de Física de Exactas-UBA diseñó un modelo matemático orientado a determinar la metodología más eficaz para prevenir la propagación de la epidemia o, por lo menos, lograr que su extensión sea lo más pequeña posible. El trabajo científico, será publicado en la revista Epidemiology and infection.

Ciudad virtual

Los investigadores realizaron sus experimentos sobre una urbe hipotética de 40 x 40 manzanas con 160.000 habitantes y 150 sitios de cría de mosquitos por hectárea, considerando el desplazamiento de los humanos y de los insectos en el tiempo y en el espacio, así como también el ciclo de vida del virus y del mosquito y la evolución de la enfermedad en el organismo humano.

En ese contexto, analizaron –por separado y combinadas- tres estrategias diferentes de control: fumigación de la manzana donde aparece un individuo con síntomas, restricción de movimientos (la persona infectada se queda las 24 horas en la casa, pero puede ser picada por mosquitos) y aislamiento (el individuo infectado se queda en la casa todo el día en condiciones en las cuales no tiene contacto con mosquitos).

En todos los casos, se consideró que las acciones de control eran efectuadas en el momento de aparición de los síntomas, lo cual ocurre durante el tercer día de la infección. Por lo tanto, se tomó en cuenta que una persona infectada podía ser picada por un mosquito durante los dos días previos a la aparición de los síntomas, cuando el caso aún no es detectado.

El modelo matemático también incluyó el número de picaduras (incluso la hora en la que éstas se producen), la probabilidad de que el mosquito adquiera el virus y de que infecte al humano, el horario de trabajo de los individuos, la demora de la autoridad sanitaria para actuar, la eficiencia de las estrategias de fumigación, restricción o aislamiento, entre otras muchas variables. A su vez, los investigadores repitieron 500 veces los ensayos para cada estrategia de control.

“Encontramos que la estrategia de restringir el movimiento de las personas no es útil, por lo cual centramos nuestro trabajo en analizar los efectos del aislamiento y de la fumigación, tanto usadas por separado como en conjunto”, señala Daniel Barmak, primer autor del estudio. “Nuestros resultados indican que para disminuir el tamaño final de la epidemia, o lograr que dure menos tiempo, la fumigación o el aislamiento de las personas son estrategias útiles, pero en tanto se realicen con alta eficiencia”, informa. “Sin embargo –advierte- no es posible alcanzar alta eficiencia con ninguno de los dos métodos por separado”.

Según el doctor Hernán Solari, investigador del CONICET y otro de los autores del trabajo, la eficiencia de la fumigación depende de condiciones muy particulares, como el tamaño de la gota, la calidad y el tipo de insecticida y la manera en que se hacen las mediciones: “En la Argentina, la fumigación tiene una eficiencia de apenas el 30%, es decir, de cada diez mosquitos adultos se consigue matar a tres”, afirma.

Por otra parte, según el doctor Marcelo Otero, también integrante del equipo que realizó el estudio, tampoco puede lograrse una eficiencia alta mediante la estrategia de aislamiento. “Si una persona presenta síntomas recién en el tercer día de la infección no es posible aislar con 100% de eficiencia, porque durante los dos primeros días no es posible detectar la enfermedad y efectuar el aislamiento. Además, estamos proponiendo una estrategia que depende de que los integrantes de una población decidan aislarse voluntariamente ni bien aparezcan los síntomas, lo cual es muy probable que no logre una alta adhesión”.

Ante este escenario, los investigadores testearon qué sucedería si se aplicaran ambas medidas en conjunto. “Nuestro modelo indica que, aun con bajas eficiencias, la combinación de ambas estrategias (fumigación y aislamiento) es el método más eficaz para reducir el tamaño de la epidemia”, revela el doctor Claudio Dorso, investigador del CONICET y director del grupo de trabajo. “La acción sinérgica de ambos métodos potencia su eficiencia y reduce la probabilidad de epidemia a la mitad”, completa.

Vida real

Según la Organización Mundial de la Salud, el dengue es la única enfermedad desatendida con potencial de convertirse en epidemia mundial y actualmente es endémica en 100 países del mundo. La misma institución indica que más del 40% de la población mundial está en riesgo de contraer dengue.

En la Argentina, el Ministerio de Salud de la Nación elaboró una Guía para el Equipo de Salud con indicaciones acerca de cómo tratar al paciente con dengue. Si bien en la misma se indica que “se debe proteger al paciente de la picadura de mosquitos mientras se encuentre febril para evitar la transmisión viral”, en ningún caso se establece un protocolo de aislamiento de la persona infectada. Incluso, para los casos de dengue “sin signos de alarma ni co-morbilidades”, es decir, con síntomas leves, se indica tratamiento ambulatorio.

“Si se permite que a través del ‘presentismo’ se fuerce a una persona a ir a trabajar no se puede avanzar con medidas de prevención de la transmisión”, opina Dorso.

“Nuestro trabajo está orientado a evaluar métodos y no a decir lo que se debe hacer”, aclara Solari. “Estamos proponiendo como algo eficaz para reducir significativamente la fuerza de una epidemia, combinar la fumigación con el aislamiento ante los primeros síntomas. Esto se puede hacer, por ejemplo, utilizando repelentes y cubriéndose con un tul durante el sueño”, añade.

Se suele afirmar que los recursos siempre son escasos. Tal vez, las matemáticas puedan servir para utilizarlos racionalmente.

Gabriel Stekolschik
Facultad de Ciencias Exactas y Naturales

Más información:
http://noticias.exactas.uba.ar/


Sitio web diseñado, producido y administrado por la Secretaría de Relaciones Institucionales, Cultura y Comunicación /// Viamonte 430 /// correouba@rec.uba.ar