Acto homenaje al doctor Luis Agote

Se realizó en el Hospital de Clínicas "José de San Martín", a 100 años de la primera transfusión de sangre. Participaron autoridades nacionales y descendientes del doctor Agote. La primera transfusión de sangre citratada constituyó un hecho trascendental para la medicina

El Hospital de Clínicas "José de San Martín" homenajeó al doctor Luis Agote en el marco de los festejos por el 100º aniversario de la primera transfusión de sangre.

El acto, organizado por la Cuarta Cátedra de Medicina dirigida por el profesor Doctor Roberto Iermoli, contó con la participación de autoridades nacionales y descendientes del doctor Agote. 

La primera transfusión de sangre citratada constituyó un hecho trascendental para la medicina, ya que permitió salvar innumerable cantidad de vidas desde entonces hasta hoy. El 9 de noviembre de 1914 se realizó la primera transfusión de sangre a la que se le había agregado citrato de sodio como factor anticoagulante. El receptor fue un paciente con tuberculosis pulmonar, que ocupaba la cama 14 de la sala Fernández del Instituto Modelo (Antecesor del actual Hospital de Clínicas).

El portero del Instituto, Ramón Mosquera, fue el dador. El doctor Ernesto V. Merlo, por entonces médico interno, tuvo a su cargo la ejecución del procedimiento. Asistieron a ese acontecimiento histórico, además, los doctores Juan A. Gabastón y Ricardo Finochietto. El paciente toleró perfectamente la sangre transfundida.

¿Cómo se llegó a semejante hecho histórico? Comenzando por la historia, desde el siglo XIX se llevaron adelante las transfusiones de sangre “de hombre a hombre”, que consistían en el paso directo, a través de tubuladuras conectoras, de sangre entre dador y receptor. Esta técnica se fue perfeccionando a medida que avanzaron los estudios de la sangre, con los conocimientos sobre Grupos Sanguíneos y Factor RH.
Sin embargo, no se conseguía conservar la sangre fuera del cuerpo humano.

En 1914, preocupado Agote por el problema del difícil dominio de las hemorragias en los pacientes hemofílicos, comienza la búsqueda de una sustancia química que evitara la coagulación pero que estuviera exenta de toxicidad para el receptor y mantuviera inalterables las propiedades esenciales de la sangre. Agote conocía que el citrato neutro de sodio impedía la coagulación de la albúmina del huevo. Teorizó entonces que siendo la sangre un albuminoide, dicha sal debería comportarse frente a ésta en idéntica forma, por lo que mezcló en un frasco de vidrio 100 ml. de sangre fresca con cristales de citrato de sodio neutro y lo dejó 15 días en su caja fuerte.
Pasado ese lapso comprobó que la sangre se hallaba tan fluida como cuando había iniciado el experimento.

El doctor Emilio Lorenz, Jefe del Laboratorio de Hematología del Instituto Modelo verificó la total y absoluta conservación de las propiedades biológicas de la sangre. Por su parte, el doctor Ignacio Imaz Appathie condujo la experimentación en animales de laboratorio, demostrando la perfecta tolerancia en ellos a la sangre citratada. Quedaba aún por realizar una experiencia crucial. ¿El citrato de sodio podía provocar reacciones adversas en el organismo? El propio Agote insistió en ser el primero en recibir por vía intravenosa dosis elevadas de citrato, en repetidas oportunidades. La sal fue perfectamente tolerada sin aparición de síntomas tóxicos o colaterales.

Lo que importa resaltar es la actitud solidaria de Agote, quien no trató de patentar su resultado, sino que lo comunicó de inmediato a medios de prensa y representaciones diplomáticas de todos los países en guerra. Su descubrimiento tuvo un rol fundamental en la Primera y Segunda Guerra Mundial y, desde entonces, la Medicina Transfusional y sus numerosas aplicaciones continúan salvando vidas.


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