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Rubén E. Hallú
Rector de la Universidad de Buenos Aires
 

Alimentos, un asunto que no debería ya ser problema, sino solución

Norman Borlaug fue galardonado en 1970 con el premio Nobel de la Paz por su iniciativa exitosa de mejora de los cultivos de cereal, conocida como “Revolución Verde”, iniciada en México treinta años antes y trasferida con éxito a otros países de América, Asia y Africa.

Por entonces, suscitó cierta sorpresa en el gran público que el premio conferido no fuera el de Biología. Pero entre los estudiosos y los interesados en las políticas públicas, ese Nobel de la Paz siempre fue considerado como uno de los más justos e indiscutibles: Combatir el hambre es el arma más efectiva y duradera para la paz.

Sobre el filo del siglo XX, esta vez en el rubro Economía, el premio fue para Amartya Sen, también un estudioso de las hambrunas, testigo directo de una de ellas en su pueblo natal de la India, donde su padre ejercía como profesor.

Una línea, sutil pero no invisible, une la lógica política y económica de estos hitos. Contra la conjetura maltusiana, el verdadero problema no es el desequilibrio progresivo entre población y recursos, sino entre recursos y capacidad de compra. En la India hambreada del joven Sen no faltaban alimentos, sino empleo e ingresos.

Desde luego, sin inversión tecnológica, sin trabajo humano sobre la naturaleza, los recursos son finitos, pero la capacidad de reproducirlos y multiplicarlos mejora constantemente. Sólo que la tecnología por sí sola no garantiza justicia distributiva, como no la garantizan las libres pujas del mercado.

Una inteligente combinación entre estrategias de producción de alimentos con cuidado del medioambiente y estrategias de distribución y justicia social permitirá que haya más alimentos para más personas. El hambre, al que Borges definió en un conmovedor poema como “Madre antigua y atroz de la incestuosa guerra” debe, y puede, ser borrado de la faz de la tierra.

La Argentina, productor de alimentos de una potencialidad aún no alcanzada a pleno, tiene la capacidad de superar tensiones sectoriales y garantizar que no falte el pan en ninguna mesa de ningún cercano o remoto lugar de su territorio. Y de exportar al mundo, no solamente granos y carnes, sino también precios justos y paradigmas de distribución.

Encrucijadas presenta hoy una variada, completa y exhaustiva colección de artículos que abordan las distintas facetas de la producción alimentaria con el mayor rigor científico.

Como siempre, la UBA renueva su compromiso con la calidad de vida y la inclusión social.