Con el comienzo del ciclo lectivo y la renovación anual de requisitos en gimnasios y distintos ámbitos laborales, el apto físico vuelve a ser una de las consultas médicas más solicitadas. Desde el Hospital de Clínicas lo destacan como herramienta de detección temprana y protección de la salud, si bien deben adaptarse según la edad, los antecedentes médicos y el tipo de actividad que realizará el paciente.
Apto físico: una evaluación personalizada para cuidar la salud en cada etapa de la vida
”El apto físico es una evaluación médica destinada a determinar si una persona se encuentra en condiciones de realizar una actividad determinada, ya sea escolar, deportiva o laboral, sin riesgos para su salud ni para terceros”, explica el Dr. Nahuel López (MN 161.793), médico de la División de Medicina Interna General del Hospital de Clínicas de la UBA.
Lejos de ser un mero trámite administrativo, debe entenderse como una evaluación clínica orientada a detectar factores de riesgo y enfermedades no diagnosticadas, es decir, como una instancia de cuidado integral. “Muchas veces la consulta comienza por un requisito administrativo, pero se transforma en una oportunidad para prevenir complicaciones y promover hábitos saludables”, dice el Dr. López.
El Dr. Andrés Ferrero, traumatólogo especialista en patología de columna del Hospital de Clínicas (MN 118.271), sostiene que “En la niñez y adolescencia, el apto físico permite detectar cualquier tipo de patología de forma temprana, evaluar el desarrollo y revisar el calendario de vacunación. En el ingreso escolar, por ejemplo, ofrece la posibilidad de detectar problemas visuales o auditivos que podrían traer consecuencias en el aprendizaje”.
En los adultos, este control en el ámbito laboral permite identificar de forma temprana enfermedades que podrían agravarse con determinadas tareas e incluso prevenir accidentes.
¿Qué incluye el apto físico?
Si bien debe adaptarse según la edad, los antecedentes médicos y el tipo de actividad que realizará la persona, un control básico incluye entrevista clínica, medición de presión arterial, peso, talla e índice de masa corporal, examen cardiovascular y respiratorio, evaluación osteomuscular y control de vacunas.
Uno de los principales beneficios es la posibilidad de detectar enfermedades asintomáticas en etapas tempranas como hipertensión, diabetes o depresión. No obstante, desde el Clínicas remarcan la importancia de evitar estudios innecesarios cuando no aportan beneficio clínico. “Más estudios no significan necesariamente mejor control y los estudios innecesarios pueden generar falsos positivos, ansiedad y procedimientos evitables”, advierte el Dr. López.
Los especialistas recomiendan concurrir a la consulta con antecedentes médicos, estudios previos y listado de medicación habitual, y aprovechar la instancia para actualizar el calendario de vacunación y evacuar dudas.
Recomendaciones adicionales: actividad física y alimentación saludable
Una evaluación física determina si una persona está en condiciones de realizar ciertas actividades, aunque también puede ofrecer sugerencias personalizadas para incorporar ejercicio de manera segura y llevar una alimentación saludable.
Ferrero, explica que “la práctica de actividad física durante las etapas de crecimiento favorece una mejor consolidación de la masa ósea, aumentando la densidad mineral y ayudando a prevenir osteopenia en el futuro. En paralelo, contribuye al desarrollo armónico de la masa muscular, facilitando la biomecánica. Además, fomenta el aprendizaje de patrones motores, reduce el estrés a través de la regulación neuroendocrina, fortalece la autoestima y promueve una correcta higiene del sueño. También incide positivamente en las habilidades sociales, generando hábitos saludables para toda la vida”.
Las actividades físicas sugeridas para chicos podrían incluir jugar a la pelota, hacer un arte marcial y andar en bicicleta, entre muchas otras. Ahora bien, una correcta evaluación médica en niños y adolescentes permite detectar alteraciones posturales, debilidades musculares o factores de riesgo que podrían predisponer a lesiones.
En las etapas de la adultez y la tercera edad, ejercicios de musculación contribuyen a mejorar la calidad ósea, reducir el riesgo de osteoporosis y fortalecer la musculatura. Además, favorecen el descanso y la socialización, liberan endorfinas que mejoran el estado de ánimo y ayudan a prevenir el sobrepeso. “La musculación sumada a una actividad aeróbica, que puede incluso de bajo impacto como caminar, sería la mejor combinación para el bienestar músculo-esquelético. En el caso de entrenar con carga, se sugiere hacerlo de manera gradual y con acompañamiento profesional”, dice Ferrero.
El profesional también remarca que el ejercicio debe ir acompañado de una adecuada alimentación y descanso. “El músculo crece durante el sueño y a expensas de determinados nutrientes y proteínas. La evaluación nutricional en consultorio es fundamental, y los suplementos pueden utilizarse siempre que estén indicados por profesionales”, explica.