El 8 de julio se conmemora la aplicación de uno de los principios fundamentales del sistema educativo argentino. A casi siglo y medio de su sanción, el legado sigue presente.
Alumnos y alumnas dibujan el mapa de Argentina en el patio de una escuela
La Ley N° 1420 de Educación Común fue promulgada el 8 de julio de 1884 durante la presidencia de Julio Argentino Roca para establecer la educación primaria común, gratuita y obligatoria en Argentina.
Si bien es considerada como la más importante en su eje, ya que estableció a la educación como un derecho, en un principio esta normativa solo tuvo vigencia en los establecimientos que dependían de la Nación. Hasta que en 1905 la Ley Láinez amplió su alcance hacia otros sectores del país.
Todos debían concurrir a la misma escuela, en igualdad de condiciones, para formarse como ciudadanos y poder ejercer sus derechos. Ya sea niños y niñas, hombres y mujeres, nativos, inmigrantes, rurales o urbanos, pobres o ricos.
La Ley N° 1420 de Educación Común también significó un avance real en cuestiones de género, sobre todo para la época. Y es que el papel de la mujer estaba relegado al espacio privado, como a las tareas del hogar o el cuidado de los hijos. Solo las mujeres de una clase social alta tenían acceso a la educación o la cultura, pero de manera doméstica y con tutores.
Y fue así, con este cambio de paradigma, que además surgió la necesidad de formar a las maestras argentinas que terminaron ocupando un nuevo rol social con un salario propio.
A raíz de la Ley N° 1420, el gobierno de Roca también posibilitó la creación de cientos de nuevas escuelas que incrementaron el número de estudiantes de manera radical. Por aquel entonces, se estipulaba que debía existir al menos una escuela pública en cualquier vecindario de entre 1000 y 1500 habitantes, en las grandes ciudades, así como en pueblos de más de 500 habitantes.
Esta normativa se trasladó a todos los ámbitos educativos del país, incluso a los universitarios, como es en el caso de la UBA. Fue la idea de que la educación es un derecho, que debe ser gratuita y común para todos.
El rol de Domingo Faustino Sarmiento y Juana Manso con la Ley Nº 1420 de Educación Común
Domingo Faustino Sarmiento, expresidente de la Nación entre 1868 y 1874, fue uno de los grandes impulsores de la educación común, universal, obligatoria y gratuita. Ocupó cargos importantes en el sistema educativo, impulsando la iniciativa a modo personal y apoyando a otras figuras del ámbito.
Por su parte, Juana Manso propuso una educación mixta desde 1859 que no solo incluyese a las niñas, sino que estudiantes de ambos sexos tuviesen la misma enseñanza. Le costó mucho poder fundar la primera escuela mixta del país, y más aún mantenerla.
Los establecimientos educativos tuvieron que mudarse varias veces de edificio porque eran constantemente apedreados. Finalmente, Manso se vio obligada a renunciar en 1865 producto de las agresiones y presiones constantes.
No obstante, cuando Sarmiento llegó a la presidencia le otorgó un lugar importante dentro de la organización y la reglamentación de la educación argentina. No llegó a ver a la Ley N° 1420 en acción porque falleció en 1875.
Cuándo y por qué se derogó la Ley Nº 1420 de Educación Común
La Ley N° 1420 representaba un proyecto democrático, inclusivo, igualitario y secular, fundado en los valores republicanos del siglo XIX. Aunque esto era incompatible con los objetivos de la dictadura cívico-militar argentina (1976–1983), que desmanteló su espíritu y estructura a través de una serie de reformas regresivas. Como cuando en 1978 se transfirieron las escuelas de la dependencia nacional a las jurisdicciones dónde estaban. Sin embargo, esta operación terminó de completarse en 1992, cuando el gobierno de Carlos Menem sancionó la Ley Federal de Educación (Ley N.º 24.195).