Investigadores de la UBA estudian las propiedades neuroprotectoras de la yerba mate, y los resultados preliminares apuntan a que podría postergar la aparición de los síntomas del Parkinson. Puede proteger las neuronas que normalmente morirían, ayudándolas a limpiar sus propios desechos.
Investigadores de la UBA estudian las propiedades neuroprotectoras de la yerba mate.
Millones de personas ceban mate cada mañana, quizás sin saber que se están protegiendo contra el deterioro mental. Es que el mate tiene un secreto químico, lleva dentro un compuesto que los científicos hace décadas que lo vienen estudiando en el café como un escudo contra el Parkinson.
Un equipo de investigación de la Universidad de Buenos Aires viene estudiando estos efectos neuroprotectores del mate desde hace una década. Sus investigaciones han ido aportando evidencia de que esta bebida tan idiosincrática del pueblo argentino no sólo ayuda a las neuronas a vivir más, sino que podría retrasar la aparición del Parkinson.
“La primera vez que lo observamos fue como uno de esos momentos Eureka. El extracto de mate que habíamos puesto en las neuronas tenía un efecto neuroprotector que era tremendo. Yo hacía 15 años que miraba neuronas, y dije, wow, ¿qué es esto?”, contó Juan Ferrario, investigador y docente de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, responsable del Laboratorio de Neurobiología de la enfermedad de Parkinson en el Instituto de Biociencias, Biotecnología y Biología Traslacional (iB3).
Este hallazgo fue publicado a principios de 2019 en la revista Movement Disorders, una de las publicaciones de referencia en el campo. Era el primer paso, demostrar in vitro que el extracto de yerba mate protegía a las neuronas. La pregunta que siguió fue por qué.
Pero, si bien ya en 2014 un estudio en personas había mostrado que entre los tomadores de mate había menor riesgo de desarrollar Parkinson, no sabían el por qué. Eso fue suficiente para que Ferrario pusiera en marcha una nueva línea de investigación que sigue activa hasta hoy.
El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa que se manifiesta cuando la muerte de un tipo de neuronas, conocidas como dopaminérgicas, supera el 60 al 80 por ciento. Uno de los grandes desafíos de la investigación actual es encontrar maneras de enlentecer o frenar ese proceso.
Juan Ferrario trabaja en eso desde hace más de 20 años, y en la actualidad su equipo ha logrado demostrar que el mate es capaz de retrasar la muerte de esas neuronas dopaminérgicas.
“Junto con la Dra. Irene Taravini estamos viendo que en ratones la protección es de un 12 por ciento, eso es difícil de extrapolar a humanos, pero tal vez significa retrasar la llegada de la enfermedad, por ejemplo”, explicó Ferrario.
El beneficio más importante es que la yerba mate ayudaría a las células a regular su energía y limpiar sus propios desechos. Las enfermedades neurodegenerativas, las que afectan al cerebro, suelen darse porque se acumula “basura” o desechos dentro de las neuronas, que por alguna razón no pueden eliminar.
Así es que el mate funciona como un servicio de limpieza interna que ayuda en un proceso normal de todas las células llamado autofagia, que elimina desperdicios, permitiendo que la neurona siga sana por más tiempo.
Las neuronas no solo sobreviven más, gracias al mate, sino que mantienen mejor sus conexiones sinápticas, los puentes por donde se pasan información. Incluso los investigadores han podido observar una mejora en la parte motora, es decir, en la capacidad de movimiento.
La yerba mate tiene múltiples compuestos interesantes. Además de la cafeína, popularmente llamada mateína, contiene teobromina y teofilina, moléculas similares que también tienen efectos sobre el sistema nervioso.
Pero hay un compuesto que llamó especialmente la atención de Ferrario y su equipo, el ácido clorogénico, un polifenol antioxidante que representa el 40 por ciento de los compuestos químicos de la yerba mate.
"Los polifenoles son casi el 10 por ciento del peso seco de un paquete de yerba mate. Y de los compuestos químicos, el 40 por ciento es ácido clorogénico. O sea, básicamente el mate es una usina de ácido clorogénico", explicó el investigador.
El ácido clorogénico se encuentra de manera mayoritaria en sólo dos alimentos, el mate y el café. Y eso conecta la investigación de Ferrario con décadas de estudios sobre el café:
"No hay duda de que el café es neuroprotector. Y toda la gente que estuvo 40 años estudiando la cafeína como neuroprotectora, que hace algo bueno, pero es más sutil, toda esa gente ahora se volcó hacia el ácido clorogénico", contó el científico de la UBA.
Pero, ¿qué hace exactamente el ácido clorogénico en las neuronas? Ferrario encontró una pista en tres experimentos realizados en China con células del hígado. El compuesto activaba una molécula llamada AMPK.
Se trata de una enzima fundamental que actúa como sensor maestro de energía en las células de los mamíferos. Se activa cuando hay bajos niveles de energía, durante el ejercicio o por ayuno, para restaurar el equilibrio.
"Una de las razones por las que las neuronas dopaminérgicas mueren es por déficit energético", señaló Ferrario. “Estimular la AMPK activa a su vez un proceso llamado autofagia, el mecanismo por el cual las células eliminan sus propios desechos”.
"Hay muchísima bibliografía que dice que la estimulación de la autofagia en la célula de manera intermitente es muy beneficiosa para las neuronas", agregó el investigador. El equipo de la UBA pudo demostrar que el ácido clorogénico estimula la AMPK y que esto efectivamente dispara la autofagia.
“Esto lo estamos investigando en tres modelos diferentes, líneas neuronales, cultivos primarios de neuronas dopaminérgicas y moscas con Parkinson (Drosophila melanogaster)”, contó Ferrario “En estas últimas ya encontramos algo sumamente interesante, que es que las moscas parkinsonianas que se alimentan con mate en su comida tienen menos pérdida de conexiones sinápticas".
Los resultados más recientes, obtenidos en ratones por el equipo de Irene Taravini, son los que más esperanza generan. Los animales con Parkinson inducido reemplazaron su fuente de agua por mate.
“El Párkinson se manifiesta cuando la muerte de las neuronas dopaminérgicas llega al 50 por ciento, lo que se traduce en un 80 porciento de pérdida de dopamina, el neurotransmisor. Por eso la clave es poder detectar la enfermedad antes de que se manifieste", explicó Ferrario.
Actualmente no existe ningún tratamiento efectivo que frene o reduzca la muerte cerebral. Existe un tratamiento efectivo, paliativo, para el Parkinson. Pero no cura, y tiene efectos adversos a largo plazo. La prevención es clave.
"Lo recomendable es comer bien, de manera equilibrada para tener una microbiota estable, dormir bien para estimular la autofagia e ingerir estos alimentos que sabemos que son saludables, como la dieta mediterránea, café, mate", resumió el investigador.
Como dato práctico para los materos, Ferrario advirtió que los principios activos de la yerba mate son más potentes al inicio de la infusión, "en un mate mediano tenés los principios activos en las primeras 15 cebadas, después empiezan a caer".
"Estos hábitos saludables son los mismos que te previenen del cáncer, del Alzheimer y del envejecimiento", agregó Ferrario, que junto con Karla Johan Lorenzo, son autores del libro La ciencia del mate, de editorial Siglo XXI.
La investigación avanza, aunque más lenta de lo que Ferrario quisiera, condicionada por la falta de financiamiento. El mate, mientras tanto, sigue siendo lo que siempre fue, una infusión profundamente argentina, ahora también bajo la lupa de la ciencia.