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Neurociencias

BUSCAN DIAGNOSTICAR TRASTORNOS DEL NEURODESARROLLO CON UNA MUESTRA DE SANGRE

jueves 23 de julio de 2026

Un equipo científico de la UBA estudia pequeñas proteínas de las neuronas que podrían detectarse en sangre y convertirse en un método diagnóstico accesible para niños y niñas con trastornos del neurodesarrollo. La mayoría de ellos recibe tratamiento sin conocer la causa de su condición.

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Equipo del Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular.

En la Argentina, las patologías asociadas al neurodesarrollo suelen englobarse bajo un paraguas clínico muy amplio que comúnmente se denomina trastornos generalizados del desarrollo o TGD. Ante la falta de un diagnóstico preciso, el tratamiento suele ser de ensayo y error, hasta encontrar lo que funciona. 

De este modo, si un niño presenta dificultades motoras se lo deriva a fisioterapia o kinesiología; si manifiesta problemas del desarrollo cognitivo o el aprendizaje, intervienen psicopedagogos; y ante la aparición de convulsiones, se prescriben anticonvulsivantes probando cuál funciona mejor.

"La mayoría de los pacientes queda sin diagnóstico certero de la causa. Lo que se hace es tratar los síntomas que va teniendo el paciente", explicó Verónica Baez, docente e investigadora de la Universidad de Buenos Aires y CONICET. "Solo los pacientes que van a clínicas especializadas y pueden costear una secuenciación genómica obtienen un diagnóstico preciso. Pocos acceden a eso. Muchas obras sociales no lo cubren, porque es caro".

Es por ello que el equipo dirigido por Baez, del Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular, de del Instituto de Biología Celular y Neurociencia la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA y CONICET, comenzó a explorar una alternativa más accesible, que es la de buscar en muestras de sangre las huellas de ciertas proteínas sinápticas que podrían permitir un diagnóstico más preciso.

“Nosotros ya tenemos buenos resultados en animales, y ahora queremos comprobarlo en humanos”, contó Baez.

Lo que buscan son biomarcadores, es decir, indicadores que en una muestra de sangre funcionan como una alerta para el personal de salud. Si se miden estos marcadores en personas sanas y se establecen valores de referencia, cualquier desviación, por encima o por debajo de ese rango, podría indicar una cierta patología. 

Una vez establecida esa línea de base en la población general, el objetivo es comparar esos valores con los de niños y niñas que presentan trastornos del neurodesarrollo sin diagnóstico exacto. Si los marcadores aparecen en niveles alterados en ese grupo, el equipo podría estar ante un método diagnóstico accesible, que no requiere secuenciación genómica, ni equipamiento de alta complejidad. Solo una muestra de sangre.

Buscar en la sangre lo que ocurre en el cerebro

“Lo que hemos visto es que hay ciertas cosas que se modifican en la sangre cuando alguien tiene una de estas patologías. Nosotros trabajamos en una proteína que está en una estructura muy chiquita de las neuronas como es la sinapsis, que es el lugar donde las neuronas se comunican entre sí”, contó Baez. 

“La proteína en cuestión, son los receptores NMDA. Estas estructuras controlan la plasticidad sináptica, que es la capacidad del cerebro para cambiar, adaptarse y aprender. Además de permitir la formación de recuerdos y mantener estables las conexiones cerebrales. Por eso, cuando estas proteínas se desregulan o fallan, los circuitos del cerebro se desequilibran, lo que está directamente vinculado con trastornos del neurodesarrollo y enfermedades neurodegenerativas”, explicó la investigadora.

Si bien se conoce que la concentración de estas proteínas es mucho menor en la sangre que en el tejido cerebral, el desafío está en verificar si son técnicamente detectables. Algo que el equipo de la UBA ya pudo comprobar en modelos animales, y publicaron en revistas internacionales. 

Para sortear el hecho de que esté tan diluida, la estrategia del equipo dirigido por Baez consiste en capturar una huella previa. Se trata del ARN mensajero. Una especie de intermediario que transporta las instrucciones desde el núcleo celular para fabricar la proteína. Al medir estos mensajeros moleculares, los investigadores esperan establecer con precisión los rangos de referencia normales. 

Con el respaldo de los datos comprobados en modelos animales, los científicos obtuvieron la autorización de los comités de ética institucionales de la UBA para trasladar la investigación a seres humanos. En la actualidad, el proyecto se encuentra en la etapa de recolección de muestras biológicas provenientes de voluntarios de la población general, trabajando también en colaboración con el Hospital Posadas.

El Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular viene desentrañando estos mecanismos moleculares desde 2019, año en que Baez asumió su dirección. En sus inicios, la fuerza motriz del grupo era responder a una pregunta fundamental de la ciencia básica: ¿qué le pasa al cerebro, a nivel microscópico, cuando aprendemos? 

"Nos encanta saber qué le pasa al cerebro cuando aprendemos, meternos en la parte más chiquita de la neurona", contó la investigadora. Sin embargo, el avance de los experimentos les abrió una ventana imprevista para aportar una solución concreta a la comunidad. 

"Dentro de esa búsqueda de conocimiento, nos encontramos con que podíamos aportar nuestro granito de arena para ayudar a mejorar a la sociedad", dijo Baez. 

"De todos los niños y niñas que tenemos en Argentina con patologías del neurodesarrollo, son muy pocos los que podemos diagnosticar. Y en Latinoamérica son muchísimo menos", subrayó Baez. "Curarlos no los vamos a curar, eso es algo que hay que dejar bien en claro. No hay cura todavía para la mayor parte de las patologías del sistema nervioso central. Pero puede haber diagnóstico y tratamiento acertado, que es importantísimo". 

El desarrollo de biomarcadores accesibles en sangre no sólo aporta la capacidad de optimizar los tiempos clínicos, sino de democratizar el acceso a la salud, garantizando que más familias logren un diagnóstico preciso y un tratamiento adecuado de forma temprana.