Ciencia
Ciencia para el campo

INSECTOS QUE PUEDEN AUMENTAR EL RENDIMIENTO DE LOS CULTIVOS

jueves 24 de septiembre de 2026

Investigadoras de la UBA estudian cómo los abejorros y otros insectos benéficos pueden mejorar la producción de distintos cultivos. A través de un proyecto centrado en el maní, y con líneas abiertas en kiwi y tomate, el equipo busca demostrarles a los productores que la biodiversidad bien gestionada también es negocio.

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Equipo de SEA trabajando con abejorros y tomate.

Un equipo de científicas de la Universidad de Buenos Aires busca demostrar con datos algo que vienen investigando desde hace más de diez años. Proteger a los insectos polinizadores y a la biodiversidad local no solo cuida los ecosistemas, sino que incrementa de manera directa el rendimiento y la calidad de los cultivos.  

En la agricultura convencional suele imperar el uso preventivo de productos químicos para mitigar plagas o acelerar el crecimiento. Sin embargo, la aplicación de agroquímicos "por las dudas" puede terminar perjudicando el rendimiento al eliminar a los insectos y otros organismos que pueden aportar un beneficio a las plantas.

Está tan comprobado que los insectos polinizadores, como abejas o abejorros, ayudan a potenciar la producción del agro, que incluso existen empresas multinacionales que se dedican a la venta o alquiler de colmenas de abejas y abejorros.

“Así como una abeja o un abejorro te levanta el rinde de un cultivo, tanto ellos como otros insectos que funcionan como control de plagas natural sufren por el uso sistemático de agroquímicos”, explicó Florencia Palottini, docente de la Cátedra de Zoología en la Facultad de Agronomía e investigadora del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Biociencias Agrícolas y Ambientales.

El grupo, además de Palottini, está conformado por Denise Nery, María Cecilia Estravis Barcala y María Sol Balbuena. Todas se formaron trabajando con insectos sociales y polinización en distintos laboratorios de la UBA antes de conformar este equipo, orientado a llevar ese conocimiento a la producción bajo el nombre SEAS, Servicios Entomológicos para una Agricultura Sostenible.

La propuesta central de SEAS es ofrecer, justamente, un servicio y no un producto. "Lo que planteamos es una decisión de manejo. Nosotras no vendemos un producto, estamos pensando en demostrarle al productor que si deja que la biodiversidad tenga su espacio en el cultivo, va a aumentar el rinde, y le vamos a decir cómo manejar su espacio para que la biodiversidad del paisaje repercuta en la producción", explicó Palottini.

Ya cuentan con el apoyo y el interés de productores locales para maní en Córdoba, y de la compañía Brometán-Biobest para productos como tomate y kiwi en la provincia de Buenos Aires. 

Insectos agropecuarios

Una de las líneas de trabajo del equipo, que tiene más recorrido y es la que aportó buena parte del conocimiento que hoy aplican a los otros cultivos es el uso de abejorros para mejorar el rinde del tomate. ¿Cómo es que un insecto puede ayudar a los agricultores?

Las abejas y los abejorros vuelan de flor en flor buscando néctar y polen para alimentarse, y en ese ir y venir van transfiriendo granos de polen de una flor que a otra. Ese traspaso es justamente lo que necesita la planta para fecundar sus óvulos y formar frutos y semillas.

Muchos cultivos dependen casi por completo de que un insecto haga ese trabajo, porque el viento solo no alcanza para mover el polen de manera eficiente. Cuantas más visitas reciba una flor y más variado sea el polen que le llega, más chances tiene de dar un fruto grande, bien formado y con más semillas, así que un cultivo bien visitado por estos insectos no solo produce más cantidad, sino frutos de mejor calidad. 

"La abeja no hace algo que hacen los abejorros, que es sonicar. Mueve los músculos de las alas de una manera que hace vibrar las anteras de la flor. La antera es la estructura donde se libera el polen", contó Palottini. “Esa vibración libera los granos de polen en un tipo de flor que no los deja disponibles fácilmente, como ocurre en el tomate".

Como en el maní, el abejorro no es indispensable para que el tomate cuaje. Sin polinizadores, la planta igual produce frutos. Lo que cambia es la calidad. "El abejorro le aumenta el calibre del tomate", dice Palottini, "y como el tomate no se vende por kilo sino por cajón, cuanto más grande el fruto, menos entran en el cajón y mejor precio se consigue".  

Servicios de la naturaleza

El primer cultivo elegido para poner a prueba esta idea fue el maní. La decisión surgió durante el paso del proyecto por la incubadora de la Facultad de Agronomía, que recomendó al equipo enfocarse en un clúster de productores. 

Aunque el grupo venía de trabajar con kiwi, arándano, colza y girasol, encontraron en Córdoba, la principal zona manisera del país, un sector interesado. Allí hay explotaciones de hasta 7.000 hectáreas bajo una misma firma.

El maní tiene una particularidad que lo vuelve un buen caso de estudio, y es que después de ser polinizada, la flor cae, pero el ovario fecundado se entierra, y ahí ocurre todo el desarrollo del fruto. Cuando el fruto está maduro, un tractor da vuelta la tierra y lo deja expuesto al sol durante unas dos semanas para que se seque.

Debido a que el éxito de la cosecha parece depender del clima en esa etapa final, históricamente no se le ha prestado atención a la polinización previa. A esto se suma un esquema de manejo intensivo donde frecuentemente se aplican productos químicos "por las dudas" para prevenir plagas como la arañuela.

La hipótesis del equipo es que buena parte del rinde que a veces se pierde en esa etapa final podría evitarse si se favoreciera la polinización desde antes. 

“Nosotras ya sabemos que la producción aumenta gracias a la polinización, porque lo hemos visto en otros cultivos, sólo nos falta probarlo para maní”, explicó Palottini. 

El plan contempla evaluar el impacto de considerar franjas de vegetación nativa, o de conservar vegetación espontánea bajo alambrados o cercanas a áreas sin cultivar como bordes de arroyos. En esos espacios de refugio, la presencia de una diversidad de insectos no solo potencia la polinización, sino que da lugar a agentes de control biológico, como pequeñas avispas nativas, que regulan de forma natural diversas plagas.

El segundo paso consistirá en ofrecer recomendaciones de manejo, como destinar una fracción del campo a vegetación nativa o incorporar colmenas. El tercero, más a largo plazo, apunta a diseñar corredores biológicos entre distintos lotes, una idea que ya entusiasmó a alguna de las empresas del sector en las primeras reuniones.

El proyecto cuenta con el acompañamiento de la Fundación Maní Argentina, que nuclea a las empresas del sector y ayudó a organizar el contacto con los productores. El equipo espera que las compañías, que ya aportan fondos anuales a la Fundación, sostengan parte del financiamiento para poder desarrollar los ensayos a campo, en un trabajo que estiman demandará un mínimo de tres años. 

Una de esas empresas, OLEGA, fue más allá y planteó a largo plazo la posibilidad de generar corredores biológicos entre lotes. "Ese es como nuestro norte, nosotras vamos hacia ahí", dice Palottini, "pero primero tenemos que demostrar que lo que suponemos efectivamente sucede".

Biodiversidad y producción

Otra de las líneas de investigación del equipo de la UBA tiene que ver con el kiwi, donde la polinización mediada por insectos también incide de manera directa sobre el tamaño del fruto. Sin embargo los abejorros todavía no se utilizan en este cultivo de exportación en el país. 

El equipo de SEAS se presentó a una convocatoria llamada AIC, de la Agencia I+D+i, de la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología de la nación. Uno de los requisitos era asociarse con una empresa dispuesta a aportar el 20 por ciento del financiamiento solicitado, en dinero o en especie. Para eso, el grupo se asoció con Brometán, socio de Biobest, la empresa que cría y comercializa abejorros y con la que ya venían trabajando en otros proyectos, como el del tomate.

"Queremos demostrarles a los productores que necesitan el nido de abejorros, así como en tomate ya saben que no pueden esperar una buena producción sin ellos", explica Palottini. El aporte de la empresa consistió en comprometer 40 nidos para llevar adelante los ensayos a campo. El proyecto todavía está en evaluación y el equipo espera la resolución de la convocatoria.

El trabajo integral del grupo de investigación de la UBA busca tender un puente entre la universidad y los productores. Convertir años de investigación sobre el comportamiento de los insectos en información que un productor pueda usar para decidir qué hacer con cada metro de su campo. “Buscamos demostrar que la conservación de las especies no es un costo, sino una inversión productiva”, concluyó Palottini.