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APRENDER A OPERAR SIN PACIENTES CON UN NEUROSIMULADOR DE BAJO COSTO

martes 3 de noviembre de 2026

Un equipo de la UBA desarrolló una plataforma modular que permite a los residentes de neurocirugía practicar técnicas quirúrgicas fuera del quirófano. El prototipo ya está en etapa de pruebas y apunta a ser una herramienta accesible.

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Marcelo Acuña, Sandra Mirón y Fernando Ríos, de izquierda a derecha.

Cuando un estudiante de medicina se forma para operar el cerebro, la práctica no admite margen para el error. Sin embargo, buena parte del aprendizaje de los residentes de neurocirugía sucede, justamente, donde más pesa cada decisión, en el quirófano, con pacientes reales. 

Un equipo de la Universidad de Buenos Aires trabaja para cambiar esa lógica con una plataforma modular de neurosimulación, pensada para que los médicos en formación ganen destreza antes de tocar a una persona. Un simulador importado ronda los 50 mil dólares, el desarrollo del equipo de la UBA apunta a lograr uno reutilizable y de bajo costo, que no superaría los 1000 dólares por unidad. 

El proyecto está dirigido por Sandra Mirón, profesora de neurocirugía en la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA. "Nosotros lo que queremos es resolver un problema que tenemos, que es la formación de los residentes de neurocirugía. Hoy por hoy tienen sus prácticas y su curva de aprendizaje directamente en quirófano con supervisión", explicó.

La propuesta es mover esa curva de aprendizaje a otro lugar. "La idea es sacarlos del quirófano, llevarlos a un laboratorio donde puedan hacer ágil y rápida su curva de aprendizaje en neuro simuladores que puedan mostrarles diferentes técnicas quirúrgicas y diferentes patologías", dijo Mirón.

Qué es una plataforma modular

En lugar de construir un simulador para un único procedimiento, el equipo diseñó una plataforma que le permitirá, a los estudiantes, lidiar con distintos abordajes. "Se trata de un neurosimulador que nos dé la posibilidad de usarlo para más de una patología", dijo la investigadora.

El prototipo actual muestra, por ejemplo, un tumor de hipófisis. Allí, el residente puede practicar un abordaje transesfenoidal, es decir, llegar al tumor a través de la nariz para poder extirparlo. 

El modelo también incluye un equipo de estereotaxia, una técnica que permite ubicar matemáticamente un punto en el espacio dentro del cerebro, algo que el médico en formación puede entrenar una y otra vez.

Esa posibilidad de repetir es uno de los grandes aportes, opinó Marcelo Acuña, integrante del equipo, y catedrático de neurocirugía de la UBA. "Esto nos permite que el médico en formación pueda repetir tantas veces como sea necesario el procedimiento hasta adquirir la destreza manual para realizarlo en quirófano", dijo.

Los modelos se construyen a partir de estudios por imágenes de pacientes. Fernando Ríos, estudiante de quinto año de Medicina y docente de Anatomía, describió el proceso: “las imágenes que brindan los tomógrafos y los resonadores sirven de punto de partida. A partir de eso, logramos replicar lo que uno ve en 2D, llevarlo a la tridimensionalidad, para usarlos en la práctica".

Acuña agregó que estos biomodelos también tienen valor en la enseñanza de grado. Frente a las piezas anatómicas, tienen la ventaja de la durabilidad en el tiempo, y permiten mostrar a los estudiantes estructuras huecas y sólidas. Además, pueden compararse con una tomografía computada para que el alumno reconozca, en el modelo, lo que ve en la imagen.

Un prototipo en camino

El equipo por ahora está trabajando con el primer prototipo, pero al haber sido seleccionado en en la segunda edición del programa de pre-incubación PREINC-UBA 2026, podrán avanzar el proyecto al siguiente modelo que será con materiales más elásticos, más compatibles con el tejido humano. 

"Va a haber materiales de consistencia más natural a lo que es un cuerpo humano, con lo cual no sólo va a tener la forma anatómica sino la manualidad de manejar diferentes durezas de materiales", dijo Acuña. 

"Este proyecto abarata muchísimo el costo y vuelve más accesible este tipo de tecnología, a la vez que democratiza la educación", sostuvo Mirón.

Por eso, el plan incluye, junto con la propia UBA, acercarse al sector privado para poder comercializar los neurosimuladores y extender su alcance a Latinoamérica. La idea es darle a la región "la posibilidad de acceder a un proyecto con sello UBA que pueda facilitar la formación de sus residentes".

Si el proyecto cumple sus metas, el beneficio se medirá en la calidad con la que los futuros neurocirujanos lleguen a su primera cirugía.