Quiénes son y cómo piensan los nueve estudiantes de la UBA que se consagraron en el National Model United Nations (NMUN), una competencia de simulación de la ONU que se lleva a cabo desde 1927. En esta nota hablan del camino recorrido, del orgullo que sienten al representar a la universidad pública y de la necesidad de que el Poder Ejecutivo cumpla con la Ley de Financiamiento Universitario.
EL EQUIPO DE LA UBA QUE BRILLÓ EN LA ONU POR DENTRO
La Universidad de Buenos Aires participó por cuarta vez consecutiva del National Model United Nations (NMUN) en la ciudad de Nueva York. El equipo de la UBA —que representó en una simulación a la República Árabe de Siria— obtuvo, además del reconocimiento principal como Delegación Destacada, otras cinco distinciones: un premio a la mejor delegación electa por pares en la Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear (Peers Award), y cuatro premios a documentos de posición (Position Paper Awards) en la Asamblea General (Comisiones 1 y 3), la Conferencia de Revisión del TNP y la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Los premios se entregaron en el recinto de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
La UBA quedó por encima de instituciones como la LMU Munich (Alemania), la University of Erfurt (Alemania), la University of Texas (Estados Unidos), la Université Paris II Panthéon-Assas (Francia), la HEC Montréal (Canadá) y la Frankfurt School of Finance & Management (Alemania).
Juan Francisco Petrillo, director del Programa de Liderazgo en Asuntos Globales de la Universidad de Buenos Aires (PROLAG), explica que ”el concurso es de 1927, y preexiste a las mismas Naciones Unidas, porque inició justamente como un proyecto de simulación de la Sociedad de las Naciones. La UBA es la única representación de Argentina y la presencia del país la inauguramos nosotros hace cuatro años, donde también ganamos el premio principal pero no la cantidad de distinciones individuales que logramos esta vez”.
Respecto a la competencia en sí, Petrillo cuenta que “consiste en un debate sobre un tema específico que concluye con un o varios proyectos de resolución, que se votan y se aprueban. Con anterioridad se estructura un debate al estilo Naciones Unidas donde además de diferentes personas toman la palabra para debatir, para luego dar paso a instancias de negociaciones informales y los chicos tienen que llevar adelante sus posturas e ideas e ir juntándose con otros con el fin de redactar un proyecto de resolución consensuado y con más peso al ser sostenido por más personas”.
La delegación de la UBA que compitió en la ONU.
El proceso de selección de quienes compiten abarca dos etapas. “En primer lugar, en las facultades de Derecho, Ciencias Económicas y Ciencias Sociales hay proyectos de simulaciones diplomáticas de Naciones Unidas que constituyen una antesala al proceso de selección. La segunda instancia es cuando, desde el PROLAG, abrimos la convocatoria y a los postulantes les entregamos la guía temática que se había utilizado en la competencia oficial y les brindamos dos capacitaciones”, dice Petrillo.
“En todo el proceso de selección fuimos detectando, principalmente, potencialidades, proyectando la mejor versión en que se podían convertir los chicos, también viendo cómo convivían como grupo, cuál es el tipo de liderazgo que ejercían” agrega el director del PROLAG.
Manuela Sánchez Cisano, de la carrera de Economía, recuerda: “Ví un folleto del Centro de Estudiantes de la Facultad que promocionaba la competencia y pensé en ver qué onda, porque nunca había hecho un modelo de ONU. En ese momento era imposible imaginar lo que nos esperaba pero, muy poco tiempo después, ya estaba metida de cabeza, estudiando un montón y logré entrar al equipo”.
Rocío Abril Sivina, de la carrera de Abogacía, se refiere a ese proceso, que duró cinco meses, como “una montaña rusa repleta de emociones. Pasaba de las risas a carcajadas al llanto y al enojo por la frustración de que algo no me salía. Fueron meses en donde me desafié personalmente a todo, a arriesgarme, a sentirme segura conmigo misma, a creer que podía y que merecía el honor de ocupar el lugar que la UBA”.
“En este tiempo, básicamente, aprendí a sentirme segura de mí misma. No lo logré sola, por supuesto, me sobran las palabras de agradecimiento para el grupo de hermanos que gané, estas ocho personas hermosas (por sus compañeros), que me vieron caerme y levantarme, una y otra vez, y jamás me soltaron la mano como tampoco lo hicieron los tres maravillosos coaches. Esta fue la mejor montaña rusa de mi vida. Acá aprendí lo que quiero ser y qué bandera quiero llevar en el futuro”, cerró Sivina.
Una de las características que destacan a esta competencia, es que la delegación estuvo compuesta por nueve estudiantes de la Universidad de Buenos Aires que representaban a más de una carrera. Azul Muiño de Ciencias Biológicas cuenta que “compartir esta experiencia con estudiantes de otras facultades y carreras fue lo más valioso de esta camada de NMUN. Cada uno aportó una perspectiva distinta y única sobre los temas a debatir en el modelo. Particularmente, yo soy estudiante de Biología y mi codelegada es estudiante de Abogacía. En nuestro comité tratamos temas de ambiente, y los conocimientos de cada una en su respectiva área se complementaron muy bien”.
“Además, más allá de la competencia, nos permitió conocer un poco más cómo es la vida en otras facultades y conformamos un grupo que se llevó muy bien a lo largo de todo el proceso, Sin esta experiencia hubiera sido poco probable que alguna vez nos conozcamos y eso es algo que, hoy, no puedo concebir”, cerró Muiño.
Pero, además, los estudiantes se adentraron en un mundo, hasta ese momento, totalmente desconocido. Gonzalo Ruiz del Castillo, de la carrera de Ciencia Política, dice que “durante el proceso de preparación y la competencia misma tuvimos encuentros enriquecedores que nos esclarecieron dudas que teníamos. También tuvimos la oportunidad de conocer al Agregado de Defensa de la Misión Permanente Argentina ante Naciones Unidas que nos llevó a recorrer las oficinas centrales de Naciones Unidas, pero, al mismo tiempo, nos contó muchas cuestiones respecto de qué hacen y cómo trabajan. Cada una de las experiencias fueron sumamente gratificantes".
La UBA en la ONU
De los 70 estudiantes que se inscribieron quedaron 9 que viajaron a la NMUN. Contarlo en sus casas fue toda una experiencia. Sánchez Cisano recuerda que “simplemente no lo podían creer, además escucharon ONU y para ellos era súper grosso. Después todo se fue dando con naturalidad, empezaron a conocer a los chicos cuando nos preparábamos y mi mamá aprendió algunas palabras técnicas que, en principio, le parecían súper extrañas”.
Ya llegados a Estados Unidos, Petrillo dice que “durante los primeros días notamos que los chicos, en cada uno de los cinco comités en los cuales se estructuró la competencia, naturalmente, lideraban los debates. Eso fue un primer indicio Luego al escucharlos dar sus discursos nos sorprendió la soltura y seriedad que tenían incluso, cuando tuvieron que improvisar porque al extenderse los debates ya habían usado los discursos que llevaron preparados”.
“También los veíamos super preparados en lo que nosotros llamamos “modular”, es decir trabajar el discurso como si fuesen módulos encastrables y con ellos crear en algo rápido. Y, sobre todo, la comparación con el resto ¿No? Cuando los veía frente al resto, veía a personas con ganas de comerse la cancha, que tenían ganas de estar ahí y que no lo estaban viviendo como un peso, sino que lo estaban disfrutando. Entonces ahí estuvieron los primeros indicios de que podíamos ganar, pero todo eso debía mantenerse toda la semana”, agrega Petrillo.
Y ese aspecto es bastante complejo ¿Por qué? Petrillo explica que “la competencia es como una capa de cebolla porque primero hay que liderar en el grupo inicial en el cual se participa y que luego, paulatinamente, se va haciendo más grande, al amalgamar distintos grupos y el participante debe adaptarse y seguir liderando. Entonces, muchas veces, en esos procesos de fusión es donde se juega el primer indicio de si una delegación está para ganar el primer premio o no”.
¿Y en qué momento sintieron que podían lograrlo? Petrillo afirma que “cuando llegamos al último día y seguíamos insistiendo, insistiendo, insistiendo, teníamos la sensación de que se podía. Los premios se entregaron en la Asamblea General y cuando nombraron la segunda categoría de premios y no nos nombraron, así como estábamos, todos agarrados de la mano, nos miramos y dijimos ¿Eh? ¿Está pasando? O sea, claramente sabíamos que no estábamos para no obtener premios y, de pronto, nos invadió la incertidumbre: ¿Vamos por todo o nos vamos a casa”.
Delegación UBA
Muiño dice que “es imposible no pensar en la ceremonia de cierre en la ONU. Enterarse del premio ahí, fue un instante de mucha felicidad conjunta, donde los nervios pasaron a ser tranquilidad y orgullo por todo el trabajo que habíamos hecho. Sin duda fue el momento en equipo más lindo de toda la experiencia”.
Sivina agrega que, al momento de ganar, “sentí mucha emoción y orgullo, además de un profundo agradecimiento a la Universidad de Buenos Aires por habernos dado la oportunidad. Me sentía emocionada y contenta por poder devolverle, aunque sea un poco de todo lo que nos da esta maravillosa institución Y la realidad es que no fue poco: trajimos la medalla de oro, un 2 de abril. Fue más que un sueño cumplido porque para mí el premio era estar ahí sentada representando a la Universidad de Buenos Aires”.
Esteban Almeida, de la carrera de Actuario, manifiesta que “la experiencia reforzó mi interés por pensar la profesión de manera más amplia, incorporando una mirada interdisciplinaria y orientada al impacto social. Me permitió entender que el rol del actuario no se limita a los espacios tradicionales, sino que también puede aportar al diseño de soluciones frente a problemáticas globales como la vulnerabilidad económica o los riesgos asociados al cambio climático.
A nivel personal, me llevo una motivación renovada para seguir formándome y explorar caminos que quizás no había considerado inicialmente, ya sea desde la investigación o en ámbitos vinculados a la cooperación internacional. Más que cambiar mi rumbo, esta experiencia me impulsa a proyectar mis conocimientos en escenarios diversos, con una mirada más abierta y creativa sobre el alcance de mi profesión”, concluyó Almeida.
Petrillo se emociona al recordar ese día en la ONU “Cuando ganás se te vienen a la cabeza un montón de momentos: que soy producto de la Universidad Pública. Se puede decir que nací en la FADU donde mis padres militaban. Para mí el olor a UBA era papel, cartón y pegamento. Al crecer entendí que cada Facultad tiene sus olores, sonidos e identidad propia y al unirse se potencian de una manera única”.
“Y eso pasó con este grupo porque para mí es un orgullo aportar mi pequeño granito de arena a la tremenda historia de reconocimientos que ha logrado la UBA pero estos chicos son la sustancia misma y definen el nivel académico de la Universidad. Ellos están cursando los últimos en sus diferentes carreras y tienen una formación con una calidad tan alta que nos facilitan la tarea de potenciarlos. Estos chicos son el futuro de Argentina, un futuro que es esperanzador”, cerró Petrillo.
Ruiz del Castillo concluye diciendo que "creo que este proyecto académico, como tantos otros que lleva a cabo la Universidad de Buenos Aires y el conjunto de las instituciones universitarias nacionales, ponen en valor el trabajo que se lleva a cabo todos los días en la universidad pública argentina. Por eso me parece de suma importancia que se cumpla con la Ley de Financiamiento Universitario y que desde las propias universidades no bajemos los brazos y sigamos reclamando por los salarios de nuestros docentes, por los gastos de funcionamiento, por las becas y por todas las cuestiones que históricamente hemos recibido y que hoy en día se ven amenazadas".
La UBA fue la única universidad argentina que participó en el certamen.
El equipo de estudiantes de la Universidad de Buenos Aires estuvo conformado por Felicitas Nelly Irma Repetto Alcorta, Juan Ignacio Bergaglio y Rocío Abril Sivina (carrera de Abogacía, Facultad de Derecho); Esteban Almeida y Manuela Sánchez Cisano (carreras de Actuario y Economía, respectivamente, Facultad de Ciencias Económicas); Gonzalo Ruiz del Castillo (carrera de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales); Cindy Eliana Levi y Azul Muiño (carreras de Ciencias de la Computación y Ciencias Biológicas, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales); e Isabella Juliana Parise Cicero (carrera de Geografía, Facultad de Filosofía y Letras).
Los nueve estudiantes atravesaron un proceso de capacitación a cargo de los tutores Martina Nasanovsky y Felix Samoilovich; del director del Programa de Liderazgo en Asuntos Globales, Juan Francisco Petrillo; del coordinador académico del equipo, el doctor Leopoldo M. A. Godio; y de participantes de ediciones previas.
Fueron seleccionados entre 70 estudiantes a través de una competencia interna en octubre de 2025. A partir de ese momento, recibieron una formación intensiva de cinco meses que incluyó el fortalecimiento de sus habilidades de oratoria y negociación, clases sobre los temas a abordar, reuniones con embajadores extranjeros y diplomáticos argentinos, entre otras actividades.