Educación
Coordinada por la UBA

HISTÓRICA ACTUACIÓN DEL EQUIPO ARGENTINO EN LA OLIMPIADA INTERNACIONAL DE QUÍMICA

lunes 27 de julio de 2026

Sus cuatro integrantes consiguieron medalla de bronce quedando posicionados al nivel de países europeos como Suiza u Holanda, y por encima de otros como Francia, Finlandia, Italia, Noruega e Irlanda. 

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Olimpiada de Química

El equipo argentino, entrenado por docentes, investigadores y becarios de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, (FCEyN), de la Universidad de Buenos Aires, consiguió cuatro medallas de bronce en la 58° Olimpiada Internacional de Química, que se desarrolló del 10 al 19 de julio en Tashkent, Uzbekistán.

Para comprender la magnitud del logro hay que tener en cuenta que, en esta edición, participaron 94 delegaciones, lo que implica que compitieron 363 estudiantes de todo el mundo. Argentina fue el único país de toda Iberoamérica en lograr que sus cuatro representantes obtuvieran medallas, quedando posicionados al nivel de países europeos como Suiza u Holanda, y por encima de otros como Francia, Finlandia, Italia, Noruega e Irlanda.

A lo largo de la historia, el equipo argentino, que participa en la Olimpíada Internacional desde 1995, ha obtenido casi una centena de medallas (10 de oro, 23 de plata, 66 de bronce y 8 menciones honoríficas), sin embargo, el logro de este año tiene un significado especial.

A todo pulmón
 

Soledad Antonel, directora del programa Olimpíada Argentina de Química (OAQ) y profesora e investigadora de la (FCEyN), es terminante “hasta el año 2024, dependíamos del Ministerio de Educación junto a otros programas olímpicos. Con ese financiamiento podíamos realizar las actividades nacionales e internacionales que son necesarias para la preparación del equipo”.

Pero, desde ese año, al cortarse el financiamiento para las actividades internacionales, nos vimos en una situación de tremenda incertidumbre acerca de si podríamos concretar nuestra participación en la Olimpíada Internacional de Química. Aún así, continuamos, los chicos aún sin saber si podrían participar continuaron viniendo a las instancias de preparación. Y, mientras tanto, tanto el Rectorado de la UBA, como la gestión de la Facultad, encabezada por Guillermo Durán, trabajaron arduamente, para sostener en pie el Programa”, agradece emocionada Antonel quien, también, destaca la ayuda de la Universidad Nacional de Rosario y la Fundación Sancor Seguros que colaboraron para hacer realidad la participación de este año en la 58° Olimpíada Internacional de Química.

Sin embargo, el impulso inicial fue de quienes trabajan día a día en este programa que, es necesario destacar, excede a las tareas docentes habituales. Antonel es clara: “Todo el equipo técnico-pedagógico de la OAQ decidió no dejar caer este programa porque consideramos que motiva y acerca la ciencia a estudiantes secundarios que aún no tienen claro su vocación y el potencial campo de acción que les da la Química. Entonces,  a pesar de la situación crítica en relación con el financiamiento universitario, decidimos sostener al Programa”.

Yuri Cabezaz Guilis, graduado del Colegio Nacional de Buenos Aires, pide sin dudar “poné en la nota que a mí el Programa me salvó la vida” y luego cuenta su historia personal “Terminando quinto año, yo aún no sabía qué me gustaba. Pensaba en hacer sexto año en Ciencias Biológicas para, luego, decidir entre Biología o Bioquímica

En sexto año un profesor propuso a todo el curso anotarse en el programa de la Olimpíada Argentina de Química. Cabezaz Guilis dice: “Pensé que, en el peor de los casos, iba a aprender más cosas divertidas. Y así lo hice. No tenía mayores expectativas previas y la química resultó más entretenida de lo que esperaba. Y seguí el camino, cada vez más lejos, cada vez más metido. Hoy no me imagino estudiando otra cosa”.

 

Un largo camino a Uzbekistán

La historia de las cuatro medallas comienza mucho antes. Antonel cuenta que el camino empezó el año pasado en nuestro certamen nacional, el cual celebramos todos los años. En esa edición, la número 35, participaron alrededor de 2500 estudiantes secundarios de todo el país. Tras una etapa de distintos exámenes (intercolegial, zonal y nacional) celebrados entre agosto y noviembre, seleccionamos a un equipo con los 24 mejores estudiantes y los invitamos a entrenarse a nuestra Facultad con vistas a seleccionar al equipo que nos representaría en la Olimpíada Internacional”.

Desde marzo hasta junio vinieron varias semanas, de manera intensiva, a recibir clases teóricas y experimentales en las distintas áreas de la química. Luego de pasar una serie de exámenes, quedó seleccionado el equipo que nos representó” explica Antonel quien recalca que “quienes dan las capacitaciones son docentes, investigadores y becarios de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (de los departamentos de Química Inorgánica, Analítica, Fisicoquímica y Orgánica) que trabajan a pulmón en el Programa OAQ y que, aún con las restricciones presupuestarias, jamás dudaron acerca de su continuidad en el Programa".

Una de esas personas, es Sebastián Zangoni, docente del Departamento de Química Inorgánica, Analítica y Química Física de la Facultad, y uno de los encargados de entrenar al equipo argentino para la Olimpíada Internacional de Química. Zangoni recuerda que “estuvimos dándoles clases a los chicos en dos instancias por tres semanas cada una, lo cual implica un esfuerzo grande para ellos y más para quienes viven en el interior del país que deben trasladarse a Buenos Aires, estar lejos de sus casas y venir todos los días a clase

Cabezaz Guilis cuenta su experiencia personal “me metí al programa en mi último año sin expectativas previas y me terminó divirtiendo mucho la química. Me puse a estudiar en serio, llegué al certamen nacional en Córdoba y saqué medalla de plata en mi nivel. Cuando llamaron a los preseleccionados para los exámenes de selección posterior, busqué maximizar la experiencia para aprender lo más posible. Ser entrenado por profesores e investigadores de la FCEyN te permite sacar mucho jugo: aprendés cómo rendir bajo presión y conocés gente de todo el país. Gracias al entrenamiento descubrí lo mucho que me gustaba la química”.

Una competencia que exige dar el máximo

Antonel cuenta que “el entrenamiento es sumamente exigente e intensivo; de hecho, ven temas que no se ven en la Licenciatura en Ciencias Químicas de la FCEyN, lo cual es una muestra de lo avanzada que es la competencia a nivel internacional y que, cada año, se vuelve más difícil y competitiva, con temarios super avanzados. Entonces, en el entrenamiento, a los chicos, les damos herramientas para que, cuando vean un tema del que jamás escucharon hablar, no entren en pánico ni piensen que no lo pueden hacer, sino que pongan en juego su criterio e ingenio para resolverlo

Un segundo aspecto que hace a esta competencia tan dura es el aislamiento.  Zangoni dice que “apenas termina la ceremonia de inauguración, quedamos totalmente desconectados de los alumnos. Es un criterio de la olimpíada para evitar filtraciones del examen, ya que nosotros realizamos previamente la traducción. En total pueden pasar cerca de cuatro días aproximadamente desconectados”.

Y el aislamiento resulta más intenso pues tampoco mantienen comunicación con sus seres queridos. “Más allá de perder contacto con los mentores, los chicos también pierden contacto con sus propias familias. No pueden contarles cómo se sintieron ni cómo les fue hasta que terminan los exámenes, lo cual suma una presión emocional adicional”, explica Zangoni.

Por eso, aparte de la preparación académica, trabajamos mucho el sentido de equipo. Porque no solamente están mucho tiempo solos, en un país diferente, también para varios es la primera vez que se subían a un avión. Si bien es una competencia individual, nuestra gran fortaleza es trabajar para que se sientan un equipo unido, se acompañen y se apoyen”, comenta Antonel.

Oriana Beraldi, quien también formó parte del equipo docente que entrenó al equipo argentino, cuenta que “este año hubo transmisión en YouTube de ambos exámenes, donde se podían ver las salas. Pero habiendo tantos chicos rindiendo, a la vez, era difícil identificar dónde estaba cada uno. Por lo menos podíamos hacer un seguimiento a distancia, sin contacto ya que cada delegación tenía una guía que los acompañaba todo el tiempo y nos iba mandando alguna foto de las excursiones, pero nada más”.

Antonel explica en qué consiste la competencia: “el resultado final del exámen se compone de un 60% de la nota correspondiente a una prueba teórica de 5 horas de duración con ejercicios de resolución de problemas de distintas áreas de la química (Inorgánica, Fisicoquímica, Orgánica, Biológica y Analítica). El otro 40% lo compone el examen experimental o de laboratorio, donde en 5 horas los chicos deben llevar a cabo tres prácticas para determinar, por ejemplo, la cantidad de una enzima en una muestra u otras mediciones. Son dos días de examen seguidos”.

Si bien los cuatro estudiantes representan a Argentina, Antonel explica que “el examen es individual, y por eso, trabajamos la parte emocional para que no compitan entre ellos, sino que se empujen, se ayuden a levantarse, estudien juntos y consulten dudas. Les inculcamos que aunque la competencia sea individual, están representando al país y queremos que a todos les vaya lo mejor posible”.

Cabezas Guillis cuenta su vivencia. “Primero es el examen práctico de laboratorio y, sin importar cómo te haya ido, luego de un día de descanso viene el examen teórico. Y en esas instancias, perfectamente te puede ir mal en algún examen o tener problemas en el laboratorio y ahí están tus compañeros. Aprendimos que no es sano pensar de forma individualista porque acá se forman lazos fuertes a nivel equipo”.

Un equipo con mucha química

El orgullo por las cuatro medallas es grande, muy grande, pero Antonel no olvida la esencia del Programa: “que define la vocación de los chicos al acercarles disciplinas que quizás no son las más elegidas al terminar la secundaria porque parecen difíciles o lejanas, o los desafían a estudiar”.

En este sentido Antonel recalca que “no debemos mirar solo a los estudiantes que viajan a la internacional. En el certamen nacional participan 2500 chicos al año y muchos no llegan ni siquiera a la instancia zonal, pero quizás ahí descubrió su interés por la química y se motivó a estudiarla y eso para nosotros ya es un triunfo

La delegación argentina estuvo compuesta por Lautaro Rodrigo Sevilla Rodríguez (ET Nº 1 "Ingeniero Otto Krause", CABA), Lucas Pablo Montini (EESOPA Nº 3079 "I.C.E.S.", Sunchales, Santa Fe), Yuri Cabezaz Guilis (Colegio Nacional de Buenos Aires, CABA) y Valentino Formaggini (Instituto Politécnico Superior General San Martín, Rosario, Santa Fe). La delegación se completó con Sebastián Zangoni como jefe de la delegación y con Oriana Beraldi como mentora, ambos docentes en la FCEyN y miembros del equipo técnico-pedagógico de la OAQ.

Saliendo del Departamento de Química Inorgánica, Analítica y Química Física en el primer piso del Pabellón II de Ciudad Universitaria, Antonel recibe las felicitaciones de compañeros de claustro, y sonriendo dice “nos llena de orgullo haber alcanzado este logro, en este contexto. También que los otros tres estudiantes de la delegación argentina también pertenecen a escuelas públicas. Por ello, es invaluable la ayuda de la Facultad y del Rectorado que hicieron posible nuestra participación. La UBA es grande no solamente por sus ránkings sino, también, por la calidad humana de su gente”.

Y, entonces, ahí aparece Yuri, exclamando con gran sonrisa “¡Sí! ¡Vamos UBA! Muchas gracias. Me hicieron muy feliz. Me salvaron la vida”.