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Salud pública

PREVENCIÓN DEL SUICIDIO EN LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA: LA IMPORTANCIA DE LA UBA PARA CONSTRUIR REDES, DERRIBAR MITOS Y ACTUAR CON EMPATÍA

viernes 9 de octubre de 2026

Especialistas del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires advierten sobre la aparición de situaciones de riesgo suicida en edades cada vez más tempranas y destacan la importancia de hablar sobre salud mental, detectar señales de alerta y fortalecer los espacios de cuidado. 

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Un adolescente cabizbajo en su casa

Hablar sobre suicidio no provoca que una persona decida quitarse la vida. Por el contrario, abordar el tema de manera responsable, con información confiable y acompañamiento profesional, puede contribuir a romper mitos, reducir la invisibilización de una problemática creciente y favorecer la prevención y la atención temprana.

En Argentina se registran alrededor de 22 intentos de suicidio por día, según datos del Ministerio de Salud, y las tasas más elevadas corresponden a las personas adolescentes. A nivel mundial, el suicidio se encuentra entre las principales causas de muerte en el grupo de 15 a 29 años.

Desde el Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires advierten, además, que las situaciones de ideación y riesgo suicida están apareciendo en edades cada vez más tempranas.

La psiquiatra infanto-juvenil del Departamento de Pediatría del Hospital de Clínicas, Silvia Ongini (MN 69.218), señala que esta tendencia no solo aparece reflejada en las estadísticas, sino también en la consulta cotidiana.

“Se presentan niños de 6-7 años con un sufrimiento muy profundo, con ideación de cómo quitarse la vida. Esto nos convoca a los profesionales de la salud mental de otra manera”, explica Ongini.

Según un informe del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC), durante 2024 se registraron 4.249 suicidios en el país, lo que arroja una tasa de 9,8 suicidios cada 100.000 habitantes mayores a 5 años.

Debido al persistente aumento en los casos durante los últimos cuatro años, desde 2023 que es la principal causa de muerte violenta en el país, representando el 41,7% de los casos en 2024.

HABLAR PARA PREVENIR

Para la especialista, hablar sobre prevención del suicidio es también una forma de concientizar y brindar herramientas: “Hablar y hacer publicaciones serias, con datos serios, es también una forma de romper mitos, de evitar la invisibilización de una problemática que es creciente y que, precisamente, si damos respuestas certeras podemos dar herramientas para la prevención, detección y atención temprana”.

El silencio puede profundizar el aislamiento de quienes atraviesan un sufrimiento intenso. Por eso, generar espacios de escucha y habilitar conversaciones sobre salud mental resulta fundamental, tanto en las familias como en las escuelas y otros ámbitos de socialización.

Preguntar de manera directa y empática por el estado emocional de una persona no genera por sí mismo una conducta suicida. Por el contrario, puede permitir que alguien pueda poner en palabras aquello que está atravesando y acercarse a una red de ayuda.

UN FENÓMENO MULTIFACTORIAL

No existe una única causa que explique por qué un niño o adolescente puede llegar a atravesar una situación de sufrimiento profundo. Se trata de un fenómeno multifactorial en el que pueden intervenir diferentes dimensiones individuales, familiares, sociales y vinculares.

“Tenemos que cuestionarnos como sociedad los cambios que han ocurrido y que están incidiendo en la juventud para no tener la red de contención que pueda prevenir, detectar y atender casos”, plantea Ongini.

La especialista remarca que es necesario fortalecer la capacidad de los adultos para escuchar y detectar tempranamente situaciones de padecimiento, sin negar ni minimizar aquello que expresa un niño o adolescente.

BULLYING, CIBERBULLYING Y ENTORNOS DIGITALES

Entre los factores que pueden agravar el sufrimiento se encuentran las distintas formas de acoso y exclusión entre pares.

Según Ongini, el bullying escolar constituye una forma de violencia y exclusión que puede tener consecuencias negativas sobre la salud mental. En el caso del ciberbullying, señala una diferencia significativa: la agresión puede amplificarse, permanecer disponible en el entorno digital y ser compartida con otras personas, extendiendo su impacto en el tiempo.

Las redes sociales también forman parte de los nuevos desafíos para la salud mental de niños y adolescentes. La especialista advierte sobre la presión que pueden generar determinados modelos de éxito, felicidad o apariencia que circulan en estos espacios.

Durante la adolescencia, etapa caracterizada por la construcción de la identidad y la búsqueda de validación de los pares, la exposición permanente a imágenes y modelos idealizados puede contribuir a profundizar sentimientos de inadecuación.

Ongini también llama la atención sobre el impacto que pueden tener las imágenes manipuladas mediante inteligencia artificial, cuando se utilizan como forma de agresión o humillación. “La imagen es parte de la identidad”, señala.

Al mismo tiempo, destaca la necesidad de prestar atención a los entornos digitales que frecuentan los jóvenes y a la manera en que utilizan aplicaciones y herramientas de inteligencia artificial para hablar sobre sus emociones o padecimientos.

¿CUÁLES SON LAS SEÑALES DE ALERTA?

Las manifestaciones pueden variar de acuerdo con la edad y con las características de cada persona. Por eso, no existe una única señal que permita identificar una situación de riesgo.

Entre los cambios que deberían llamar la atención de los adultos cercanos, Ongini menciona:

  • Irritabilidad o una menor tolerancia a la frustración.
  • Pérdida de interés o disfrute por actividades que antes resultaban placenteras.
  • Descenso del rendimiento escolar.
  • Mayor aislamiento o alejamiento de los grupos de pares.
  • Cambios significativos en el sueño o la alimentación.
  • Permanecer mucho tiempo solo o con el celular.
  • Cambios en la manera de relacionarse con familiares y amigos.
  • Evitar determinadas reuniones o actividades.
  • Mayor preocupación por ocultar lo que se hace en el teléfono.
  • Expresiones de desvalorización personal o frases relacionadas con que la propia vida “no vale nada”.
  • En algunos casos, regalar objetos personales de especial valor.

La presencia de alguno de estos comportamientos no significa necesariamente que exista riesgo suicida, pero sí puede ser un motivo para acercarse, escuchar y consultar con un profesional cuando el malestar persiste o genera preocupación.

DERRIBAR MITOS SOBRE EL SUICIDIO

Uno de los objetivos de la prevención es cuestionar algunas ideas instaladas socialmente que pueden dificultar el acceso a la ayuda.

“No es cierto que solo las personas con una enfermedad mental se suicidan. Sí hay un padecimiento profundo detrás de un intento de suicidio. Es caso a caso y lo importante es romper estos mitos porque es lo que aleja la posibilidad de pedir ayuda”, explica Ongini.

También es necesario evitar una asociación automática entre depresión y suicidio. La depresión puede estar acompañada por una pérdida profunda de esperanza, confianza y motivación, y puede incluir ideación suicida, pero no todas las personas con depresión intentan suicidarse ni todo suicidio es consecuencia de una depresión.

En niños y adolescentes, además, la depresión puede manifestarse de maneras diferentes según la edad. La irritabilidad, los cambios de conducta, las alteraciones del sueño o la alimentación, el descenso del rendimiento académico y la pérdida de interés por actividades habituales pueden formar parte de un cuadro que requiere evaluación profesional.

¿TODOS LOS SUICIDIOS PUEDEN PREVERSE?

No todos los casos presentan señales claras. 

“Son muchas veces previsibles, muchas veces dan señales antes de que ocurran. La gran mayoría, algunos no”, explica la especialista.

Por eso, es importante prestar atención a los cambios y al sufrimiento, pero también evitar que familiares y personas cercanas carguen con la idea de que necesariamente podrían haber evitado una situación que no era evidente.

Una conducta suicida puede desarrollarse como parte de un proceso que se extiende durante semanas o meses. Detectar tempranamente el sufrimiento y facilitar el acceso a atención especializada puede ser una herramienta de prevención.

¿CUÁNDO PEDIR AYUDA PROFESIONAL?

Para Ongini, ante el sufrimiento psíquico no hay que dejar pasar la oportunidad de consultar. “Si alguien está pasándola mal, no debemos perder la oportunidad de oro de consultar con un profesional”, sostiene.

La asistencia de urgencia es necesaria cuando existe un riesgo inminente, cuando la persona no puede ser contenida de manera segura o cuando el entorno no puede brindar la respuesta que la situación requiere.

En esos casos, es fundamental solicitar ayuda de emergencia y acudir a un hospital o centro de salud.

LA ATENCIÓN REQUIERE UNA RED INTERDISCIPLINARIA

El abordaje de una situación de riesgo suicida requiere evaluar cada caso y establecer medidas de protección, contención y tratamiento adecuadas.

En situaciones que no implican un riesgo inminente, el acompañamiento puede incluir tratamiento y seguimiento de salud mental, trabajo con la familia y articulación con la institución educativa.

Cuando el riesgo es cierto e inminente, puede ser necesaria una internación para proteger a la persona y brindar una intervención intensiva.

Ongini destaca la importancia de desestigmatizar la internación: “Es una intervención de salud que precisamente va a darle las herramientas para superar esa situación. No tiene que ser estigmatizante ni estigmatizada”.

Después de un intento de suicidio, el seguimiento también debe ser interdisciplinario. Haber atravesado un intento constituye un antecedente que los equipos de salud deben considerar especialmente, pero no significa que la persona necesariamente vuelva a intentarlo.

“Con abordajes adecuados se supera y muchos de los jóvenes que han tenido un intento de suicidio, después de un tiempo viven su vida incluso sin necesidad de tratamientos o sostenes psiquiátricos”, señala la especialista.

EL PAPEL DE LAS ESCUELAS: PREVENCIÓN Y POSVENCIÓN

Las instituciones educativas ocupan un lugar central en la construcción de redes de cuidado. Además de la prevención, existe un aspecto que muchas veces queda relegado: la posvención, es decir, las acciones de acompañamiento que se realizan después de un intento de suicidio o de un suicidio para contener a las personas afectadas y reducir nuevos riesgos.

“Esto es fundamental porque si no se deja sin respuesta y sin contención a todo ese grupo”, advierte Ongini.

La escuela puede formar parte de una red interdisciplinaria junto con la familia y los equipos de salud, siempre respetando la confidencialidad y las necesidades particulares de cada situación.

EL ROL DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

La Universidad de Buenos Aires tiene un papel central en la formación de profesionales y en la generación de conocimiento sobre salud mental.

“La UBA tiene un rol fundamental porque es un bastión de formación y capacitación de profesionales de muy alto nivel”, sostiene Ongini. “Sin capacitación no podemos dar ningún tipo de respuesta”.

En el Hospital de Clínicas, tanto desde el Departamento de Pediatría como desde los servicios vinculados a Salud Mental, se brinda atención y orientación frente a situaciones de sufrimiento psíquico y riesgo suicida.

La especialista también destaca el trabajo del Programa de Adolescencia y del servicio de psicología de la Facultad de Psicología que funciona en el Hospital de Clínicas, espacios desde los cuales se puede orientar a las familias que necesitan ayuda.

ESCUCHAR, VALIDAR Y ACOMPAÑAR

La prevención también se construye en la vida cotidiana. Para las familias y los adultos que acompañan a niños y adolescentes, la recomendación es estar atentos sin caer en la vigilancia permanente ni en la descalificación del sufrimiento.

“No subestimar ningún síntoma o signo. No invalidar los motivos cuando una persona habla de su padecimiento y sus no ganas de vivir”, plantea Ongini.

Escuchar de manera activa, validar lo que la persona está expresando y compartir tiempo de calidad son herramientas fundamentales para fortalecer los vínculos y reducir el aislamiento.

DÓNDE PEDIR AYUDA

Si una persona atraviesa una crisis o alguien de su entorno se encuentra en una situación de riesgo, es importante buscar asistencia profesional.

  • Línea 135: disponible en CABA y Gran Buenos Aires. Es gratuita, confidencial y funciona las 24 horas.
  • 0800-345-1435: Centro de Atención al Suicida, disponible desde todo el país.
  • En una situación de urgencia: acudir al hospital o centro de salud más cercano o solicitar asistencia de emergencia.
  • Hospital de Clínicas de la UBA: sus servicios y programas de atención pueden brindar orientación a las familias que necesitan ayuda.

DETRÁS DE CADA CIFRA HAY UNA PERSONA

Las estadísticas permiten dimensionar la magnitud del problema, pero no se debe perder de vista que detrás de cada número existe una historia y una persona atravesando una situación de sufrimiento.

“El mensaje es que detrás de estos números, del aumento de intentos de suicidio, internaciones y de suicidios (...), hay nombres, miradas y sujetos con un poderoso sufrimiento que tal vez se sintieron invisibilizados”, reflexiona Ongini.

La prevención del suicidio en la infancia y la adolescencia es una responsabilidad colectiva. Hablar con seriedad, escuchar sin juzgar, reconocer las señales de sufrimiento, pedir ayuda a tiempo y construir redes entre las familias, las escuelas, los servicios de salud y la comunidad son pasos fundamentales para que quienes atraviesan una situación de vulnerabilidad no queden solos.