La Universidad de Buenos Aires y el Hospital Alvear llevan adelante una huerta agroecológica que contribuye a disminuir el estrés, mejorar el estado de ánimo y fortalecer los vínculos de pacientes psiquiátricos. La participación es voluntaria y no requiere conocimientos previos.
Huerta en el Hospital Alvear
La Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires lleva adelante un proyecto de huerta agroecológica en el Hospital de Emergencias Psiquiátricas “Torcuato de Alvear” que funciona como un espacio de participación, encuentro y cuidado.
Haydée Steinbach, ingeniera agrónoma, directora de la Tecnicatura Universitaria en Jardinería de la FAUBA y, explica que la propuesta surgió de profesionales del hospital quienes ya venían realizando algunas actividades pero necesitaban asesoramiento para organizar el espacio.
Mientras el primer antecedente se remonta a 2015, cuando se desarrolló un proyecto de extensión universitaria bajo la dirección del Ing. Ernesto Giardina, desde el año 2025, la huerta se articula con una Práctica Social Educativa (PSE) de la Facultad. Steinbach destaca que “la huerta es un espacio curricular de enseñanza y aprendizaje que articula los contenidos de las carreras con necesidades concretas de la comunidad. Comprende un componente formativo, uno social y uno de intervención. No es solamente una actividad voluntaria: requiere planificación, acompañamiento docente, participación de la comunidad y evaluación”.
La puesta en marcha de la práctica requirió organizar un cronograma, ordenar las actividades prácticas y las charlas, establecer criterios de asistencia y evaluación y coordinar el trabajo con el funcionamiento del Hospital. Esto permitió incorporar de manera más sostenida a estudiantes de diferentes carreras. Sobre el interés y participación de los estudiantes, Steinbach explica que “muestran mucho interés por estas experiencias. La práctica les permite aplicar contenidos de sus carreras, pero también aprender a escuchar, comunicarse, organizar tareas y trabajar con personas que tienen trayectorias diferentes”.
Steinbach resalta el trabajo de los profesionales del Hospital que acompañan y facilitan ese vínculo. Alejandra Swarinsky y Walter Audero son los psicólogos que coordinan el espacio. Consultada sobre los beneficios que tiene un proyecto de este tipo, Swarinsky dice que “En la patología psiquiátrica el aislamiento suele ser un rasgo bastante característico en las depresiones mayores, con lo cual proveer un espacio que invite a conectarse con otros y emprender un proyecto común tiene, de por sí, efectos terapéuticos aunque está claro que no reemplaza al tratamiento principal”.
Y en este sentido, la psicóloga agrega que “los profesionales tratantes nos cuentan que al paciente le sirve muchísimo, porque quizás es alguien que no habla con nadie y sí lo hace en la huerta. Y eso nos hace felices porque nuestra función central está vinculada a lo terapéutico, mucho más que el hinojo crezca, que por supuesto nos interesa”.
Audero agrega que “Hay pocas actividades en el hospital, dedicadas al paciente, por fuera de la terapia y de algunos talleres. Entonces lo que nosotros venimos a ofrecerle al paciente es un espacio que le da la posibilidad de vincularse con el cuidado de algo vivo y obtener un producto. Esa capacidad de volcarse a una actividad, tolerando el paso del tiempo y en contacto con otros, la entendemos como parte de un proceso terapéutico exitoso”.
Y en este punto, donde debemos hacer una pausa y contextualizar el concepto de “exitoso”. En la sociedad moderna, el éxito se define, principalmente, por su grado de visibilidad, donde la acumulación de seguidores y "likes" son parámetros de éxito.
Pero en este espacio todo eso se diluye y se recuperan valores que parecían perdidos. Y la voz de Swarinsky aparece clara “Que este proyecto haya durado tantos años, ya es un éxito. Que la Facultad nos acompañe con todos sus saberes, también. Como, además, lo son el boca a boca, y por supuesto, el financiamiento que nos otorga la UBA es fundamental”.
“Todos juntos, construimos un espacio muy cuidado, amable, ameno, cálido, contenedor, que propicia mucho querer estar, quedarse un ratito. Un lugar que es muy poco exigente, donde no le pedimos a la persona que venga siempre, que se quede determinado tiempo”, agrega la psicóloga del Alvear.
Audero agrega que “la huerta empezó como un espacio interno del hospital porque funcionaba con pacientes y personas vinculadas al dispositivo. Con el paso del tiempo, poco a poco, se fue convirtiendo en una huerta comunitaria en la cual participan pacientes internados, ambulatorios, personas que vienen por el día al hospital a una guardia y que se acercan. Además, vienen vecinos, o personas que concurrieron alguna vez por alguna actividad, se asociaron y continuaron viniendo,y claro, además, tenemos estudiantes y profesores”.
Y ahí no se produce la magia porque está claro que la huerta es el resultado de mucho trabajo y dedicación, Swarinsky cuenta que “el paciente se encuentra con una población diferente de la que ve todos los días, se encuentra con personas del mundo, comparte una actividad, y tiene charlas propias de las que se puede tener en cualquier espacio en la que personas se encuentran a hacer algo. Es impresionante la cantidad de afectos y de cosas que produce, pacientes que vuelven a una segunda o cuarta internación y después rápidamente vienen porque se acuerdan que eso los ayudó tanto cuando estuvieron”.
Walter Audero nos lleva a ese lugar diciendo que “nosotros tenemos acá varias aromáticas y diferentes tipos de elementos con que se puede hacer té. Entonces todos los días mientras se está trabajando, un par de personas se encargan de prepararlo. Ahora, ya son dos pavas y se juntan 20 a 30 personas en una especie de ceremonia que tiene un carácter más espiritual que alimenticia”.
Alejandra Swarinsky y Walter Audero son los psicólogos que coordinan el espacio.
Haydée Steinbach explica que “La extensión es una función fundamental de la Universidad, junto con la docencia y la investigación. No la entendemos como una transferencia de conocimientos en una única dirección, sino como un intercambio entre los saberes académicos y las experiencias de las personas y las instituciones con las que trabajamos. En este proyecto, los pacientes participan activamente: realizan tareas, expresan sus intereses y aportan conocimientos y experiencias previas relacionadas con el cultivo y el cuidado de las plantas. Algunos concurren acompañados por sus familiares. También participan voluntarios externos que comparten saberes tradicionales, en ocasiones transmitidos de generación en generación, vinculados con las plantas, los cultivos y sus usos”.
Respecto del interés y participación de los estudiantes, la directora de la Tecnicatura Universitaria en Jardinería de la FAUBA resalta que “los estudiantes muestran mucho interés por estas experiencias. La PSE les permite aplicar contenidos de sus carreras, pero también aprender a escuchar, comunicarse, organizar tareas y trabajar con personas que tienen trayectorias diferentes. La relación con los pacientes ocupa un lugar central. Los estudiantes comparten sus conocimientos y los articulan con los saberes y las propuestas de los participantes. De esta manera, las actividades se construyen mediante el intercambio y el trabajo conjunto”.
Steinbach cuenta que “los estudiantes también aportan conocimientos adquiridos fuera de la Universidad. Algunos tienen experiencia en trabajos con madera o hierro y la utilizan para construir o reparar estructuras. Otros proponen formas de conducir un cultivo, producir plantines u organizar una siembra”.
En ese sentido, el grupo tiene como consigna: “Quien propone, hace”. Steinbach dice que “quien presenta una idea también participa en su realización, acompañado por el grupo. Esto promueve la iniciativa y la responsabilidad compartida. La experiencia les permite reconocer que el ejercicio profesional no se limita a resolver problemas técnicos. También exige dialogar, trabajar con otros y adaptar los conocimientos a cada situación”.
Consultada sobre los desafíos que se plantean al futuro, Steinbach insiste en que “además de que estos espacios se mantengan en el tiempo y cuenten con condiciones adecuadas para funcionar, nos interesa conocer mejor de qué manera estas prácticas pueden contribuir al bienestar y a la salud. Observamos el valor del contacto con la naturaleza, de participar en una tarea concreta, de producir y de trabajar con otros. Sin embargo, sería importante registrar y evaluar estas experiencias junto con los psicólogos y otros profesionales de la salud. Esa evaluación permitiría comprender mejor qué aportan la huerta, el trabajo colectivo y el vínculo con la naturaleza a los pacientes, sus familiares, los estudiantes y los equipos docentes y de salud”.
Quienes deseen sumarse pueden hacerlo como estudiantes a través de la Práctica Social Educativa de la UBA o participar como voluntarios externos. Enviar un email a huerta_alvear@agro.uba.ar.