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ESTRATEGIA INNOVADORA PARA ACORTAR EL TRATAMIENTO CONTRA LA TUBERCULOSIS

lunes 4 de mayo de 2026

Equipo científico de la UBA desarrolla una terapia innovadora que apunta a mejorar la respuesta del sistema inmunológico frente a la bacteria que causa la tuberculosis. El objetivo es acortar un tratamiento que hoy dura meses y que muchos pacientes abandonan.

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Equipo científico de la UBA desarrolla una terapia innovadora que apunta a mejorar la respuesta del sistema inmunológico frente a la bacteria que causa la tuberculosis.

A menudo se piensa en la tuberculosis como una enfermedad de los libros de historia. Sin embargo, según la Organización Mundial de la Salud, casi 11 millones de personas enferman de ella, y más de 1 millón muere por su causa, a nivel global. En Argentina la incidencia ha crecido un 80% en los últimos 5 años, con 16 mil casos, y 1000 muertes al año.

El principal desafío no es la falta de cura, la enfermedad es tratable y curable, sino la complejidad de su tratamiento. Para los casos más leves, se requieren al menos seis meses de una combinación de cuatro antibióticos, lo que dificulta que los pacientes completen el tratamiento, a la vez que fomenta la aparición de cepas multirresistentes. 

Es por ello que un equipo de investigación de la Universidad de Buenos Aires busca una manera de mejorar el tratamiento, no sumando otro antibiótico, sino potenciando las propias defensas del organismo. 

Actualmente, el proyecto se encuentra en fase preclínica, con resultados prometedores. Además de la búsqueda de terapias, que se valen de una droga que hoy en día se usa para el asma, el equipo trabaja en colaboración internacional para identificar biomarcadores que permitan predecir la eficacia de nuevas vacunas. Un paso fundamental para frenar una enfermedad que afecta, de forma latente o activa, a un cuarto de la población mundial.

“En nuestro proyecto estamos trabajando en una terapia innovadora, que apunta a mejorar un aspecto del metabolismo, para de ese modo ayudar a los antibióticos, y acortar el tratamiento”,  explicó Luciana Balboa, doctora en Química de la UBA e investigadora en el Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y Sida de la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA.  

Balboa fue reconocida en la 19º edición del Premio Nacional L’Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia” por esta investigación. 

Una enfermedad presente y resistente

Lo que quizás resulte más sorprendente es la escala del contagio silencioso. "Hay un cuarto de la población mundial que estamos o hemos sido infectados con Mycobacterium tuberculosis. La mayoría no lo sabemos", señaló la investigadora. 

El 90% de quienes se infectan logran controlar la bacteria sin desarrollar la enfermedad. El 10% restante enferman, por lo general, por tener su sistema inmunológico comprometido, ya sea por mala alimentación, u otras enfermedades preexistentes.

La bacteria no es fácil de combatir. Persiste. Se aprovecha de los mecanismos defensivos del organismo para mantenerse activa. Esa cronicidad de la infección explica por qué el tratamiento estándar requiere al menos seis meses de medicación combinada con cuatro drogas. El tratamiento existe y es gratuito en Argentina, pero completarlo es difícil. 

"Pensá que, para ciertos casos de tuberculosis resistente a drogas, algunos antibióticos se administran por vía inyectable. Esto implica que el paciente debe concurrir a un centro de salud todos los días durante la fase inicial del tratamiento, que puede durar de 4 a 6 meses. Se hace muy difícil de sostener para muchas personas ", contó Balboa.

Cuando los pacientes abandonan el esquema antes de tiempo, la bacteria desarrolla resistencias. Los casos de tuberculosis multirresistente y extremadamente resistente requieren tratamientos aún más prolongados, con drogas de segunda línea que tienen más efectos adversos. Un círculo difícil de romper.

Luciana Balboa en el laboratorio de la Facultad de Medicina.

Un atajo médico

Balboa comenzó a buscar una forma de volver más eficiente el tratamiento de la tuberculosis desde su doctorado. Lo que estudió fue cómo mejorar las defensas, el sistema inmunológico, para que así los antibióticos puedan trabajar mejor y más rápido. 

“Empecé a trabajar en modular las vías metabólicas de las células de nuestra defensa, y así poder cambiar la respuesta inmunológica. Ese fue el puntapié inicial de la línea de investigación que aún hoy seguimos desarrollando”, contó la investigadora. 

Así fue que el grupo liderado por Balboa ha desarrollado una estrategia innovadora que no busca atacar directamente a la bacteria, Mycobacterium tuberculosis, sino fortalecer las defensas del propio organismo humano. 

Para lograrlo, utilizaron una "ventana" biológica poco común, que permite observar, directamente en el sitio de la infección, qué sucede con la respuesta inmunológica. Para ello, estudiaron los derrames pleurales de pacientes con tuberculosis pleural, un tipo de pacientes que desarrolla una acumulación de líquido que debe ser drenado por motivos terapéuticos. 

"Ese material biológico nos permite evaluar cómo están las células y qué mecanismos operan en el sitio mismo de la infección", explicó Balboa. Al analizar esta "sopa" rica en células inmunes y factores inflamatorios, el equipo descubrió que las células de defensa, llamados macrófagos, tenían el metabolismo alterado debido a la presencia de unos lípidos específicos.

Si bien estos lípidos normalmente protegen al organismo del daño en los tejidos, en el contexto de la tuberculosis actúan de forma contraproducente, volviendo a las células inmunes menos eficientes para combatir a la bacteria.

La hipótesis de trabajo es que si esos lípidos frenan la respuesta inmune, inhibir su producción podría mejorarla y, en consecuencia, ayudar a los antibióticos a actuar con más eficiencia. 

Reposicionamiento de drogas y terapias complementarias

La propuesta del equipo de la UBA consiste en lo que se denomina "terapia orientada al hospedador". El objetivo es impulsar la respuesta inmunológica, utilizando una droga que ya se emplea para otras patologías, para inhibir la producción de esos lípidos y permitir que el sistema inmune recupere su eficacia.

La droga en cuestión se usa actualmente para tratar el asma. Eso tiene una ventaja importante, que es que ya cuenta con un perfil de seguridad conocido y fue aprobada luego de ensayos clínicos. La idea no es reemplazar los antibióticos, sino sumar algo que actúe por otro camino.

"Esto es lo que se llama una terapia complementaria. Nunca uno piensa en dejar los antibióticos. La idea es lograr un tratamiento acortado, más eficiente y que mejore la adherencia de los pacientes", explicó la investigadora.

Además, al no apuntar a una molécula de la bacteria sino a la respuesta del propio organismo, esta estrategia no fomenta el desarrollo de resistencias bacterianas. Uno de los mayores desafíos actuales en el campo de los antimicrobianos.

En conjunto con la investigación terapéutica, el grupo trabaja en otro frente, que es identificar parámetros inmunológicos no explorados hasta el momento que puedan predecir protección tras la vacunación antituberculosa. 

"En tuberculosis no hay un marcador claro de protección. No se sabe bien qué medir para predecir si un determinado candidato vacunal va a proteger o no", contó Balboa. Su grupo intenta generar ese conocimiento. Identificar qué indicadores en sangre permitan predecir si una vacuna va a funcionar o no, antes de hacer ensayos clínicos de larga duración. 

La BCG, la única vacuna disponible contra la tuberculosis, obligatoria en Argentina desde el nacimiento. Pero, si bien protege eficazmente a los niños de las formas más graves de la enfermedad, su eficacia disminuye significativamente en adultos y adolescentes. Eso explica, en parte, los miles de casos anuales de tuberculosis pulmonar a pesar de la vacunación universal.

"Porque si estamos hablando de una enfermedad que tarda años en desarrollarse y la progresión es tan crónica, los ensayos clínicos tardan años", explicó la investigadora.

Por ahora, el proyecto transita la fase preclínica, pero los resultados son alentadores. Para el equipo de la UBA el camino es claro, no buscar una bala de plata, sino sumar aliados al tratamiento que ya existe. Hacer que el propio cuerpo trabaje mejor, para que los antibióticos tengan que trabajar menos. 

El camino hacia la erradicación de la tuberculosis es complejo y requiere atacar varios frentes en simultáneo. Mientras la terapia orientada al hospedador promete aliviar la carga de los pacientes actuales al acortar los tiempos de medicación, el estudio de nuevos biomarcadores abre la puerta a una prevención más efectiva en adultos. 

Con estos desarrollos, la investigación científica de la UBA no solo busca curar más rápido, sino también generar conocimiento, y las herramientas necesarias para que las futuras vacunas lleguen antes de que la enfermedad logre progresar.